Miguel dejó Madrid hace una década y buscó una vida diferente en las costas de Miami, Florida. Dos años después de instalarse en la ciudad estadounidense, tomó una decisión todavía más radical: abandonó la vivienda tradicional y comenzó a vivir en un barco.
El madrileño relató su experiencia en una entrevista publicada en el canal de YouTube de Diego Revuelta. Allí describió su casa como “una isla flotante” en medio de la bahía y resumió la paradoja económica de su elección con una frase: “Es la forma más cara de vivir gratis”.
Desde su embarcación puede contemplar algunas de las vistas más cotizadas de Miami sin pagar los miles de dólares mensuales que puede costar un departamento frente al agua. Sin embargo, eso no significa que su estilo de vida carezca de gastos.
Miguel calcula que el precio de un velero puede ir desde los 40.000 dólares hasta cerca de un millón, dependiendo de las características, el estado y el equipamiento. A eso deben sumarse reparaciones, mejoras, mantenimiento y los problemas inesperados propios de una estructura expuesta permanentemente al agua y al clima.
Miguel considera que la clave económica consiste en reducir el nivel de consumo. Foto: Youtube Revuelta
Una decisión relacionada con el mar
Su idea comenzó a tomar forma después de cansarse de la rutina que había construido. El madrileño recordó que sus mejores recuerdos estaban vinculados con el agua y que durante unos 20 años había pasado los veranos en Ibiza a bordo de un barco.
“Todos mis recuerdos buenos han sido en el agua”, explicó durante la conversación con la revista Revuelta. Cuando decidió cambiar de vida, Miami reunía dos elementos importantes: una gran bahía y un clima que permitía permanecer buena parte del año en una embarcación.
Miguel, madrileño que vive en un barco en las costas de Miami, Florida. Foto: captura Youtube/Diego Revuelta TV
La vivienda que utiliza no salió de un astillero completamente. Según contó, era un antiguo pontón al que retiró sus elementos anteriores para reconstruirlo con madera y convertirlo en un espacio habitable.
El resultado combina las funciones de una embarcación y una pequeña casa. Su ubicación, en mitad de la bahía, le ofrece aislamiento y una relación cotidiana con el mar, pero también lo obliga a organizar cuestiones que en tierra suelen resolverse de manera automática.
Vivir con menos necesidades
Miguel considera que la clave económica consiste en reducir el nivel de consumo. Al vivir en un barco, sostiene, dejó de necesitar tantos ingresos para mantener la misma estructura de gastos que tendría en una vivienda convencional.
Eso no elimina los costos. Su frase acerca de vivir gratis está cargada de ironía: la ausencia de alquiler se compensa con el precio de la embarcación y las inversiones necesarias para conservarla en buenas condiciones. "Es la forma más cara de vivir gratis", resume.
También percibe su decisión como una salida de las reglas habituales. Mientras otras personas pagan cifras elevadas para contemplar la misma puesta de sol, él vive frente a ella sin abonar una renta mensual. Esa diferencia, aseguró, incomoda a algunos porque “te sales del sistema”.
Su experiencia no plantea la vida náutica como una alternativa barata y sencilla para cualquiera. Por el contrario, muestra que cambiar el alquiler por un barco sustituye unos gastos por otros. La recompensa, en su caso, está en habitar el entorno donde siempre guardó sus mejores recuerdos.
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