Nuevos estudios psicológicos y de comportamiento cambiaron las maneras de mirar y actuar en la crianza de los hijos. Lo que antes estaba permitido, ahora se ve con malos ojos y al revés: hábitos otrora no utilizados son recomendados para fortalecer lazos entre padres con su decendencia.
Lo cierto es que existe toda una generación que, con las nuevas máximas, son señalados como culpables. El testimonio de una madre en el portal Bolde pone de manifiesto un sentimiento generalizado por muchos papás y mamás de otra época: se equivocaron, pero no todo fue malo.
"Grité, di nalgadas, me equivoqué muchas veces y me arrepiento de algunas de las cosas que hice criando a mis hijos, pero estoy cansada de que me digan que todo lo que mi generación hizo como padres fue perjudicial", destaca el título de esta nota.
Criar a los hijos con reglas de otra época
Es que, como se dijo, lo que antes estaba permitido y era visto como algo normal, hoy no lo es tanto. Se sabe que los gritos y los golpes a los hijos no generan nada bueno, pero en una época sí se permitían. De hecho, no hay que remontarse muy lejos para recordar que hace apenas medio siglo el castigo físico estaba instalado en algunas escuelas.
La confesión indica que la mujer crió a sus hijos con las reglas de otra época, y que muchas de ellas eran normales y ahora "te harían mirar con malos ojos" y muchas "incluso te acarrearían una denuncia".
Según relata, no está para decir que estuvo todo bien lo que hizo y que, si pudiese, volvería el tiempo atrás para hacerlo de otra manera, pero sí está harta de que se use la palabra "daño" para describir todo lo que acarreaba la crianza.
Madres y padres arrepentidos por la crianza de sus hijos. Foto: ilustración Shutterstock.
"Cuando mis hijos se lanzaban a la calle sin mirar, les daba una nalgada. Cuando me faltaban al respeto, alzaba la voz hasta que la casa se quedaba en silencio. Hubo una época en que una mala palabra significaba una pastilla de jabón, que mantenía en la boca el tiempo suficiente para que aprendieran la lección", relató.
Sin embargo, se justificó en que esas cosas ocurrían en otro mundo y que los azotes, gritos y el jabón eran una realidad cotidiana heredada de sus padres, quienes lo habían replicado varias veces, algo "tan común que jamás se me ocurrió cuestionarla", destacó.
La intención de la mujer no es generar escándalo, sino que se entienda que nada de eso provenía del deseo de hacerles daño a los niños. Provenía de todo un mundo de otros padres que hacían lo mismo, de una generación a la que se lo habían hecho, de la sensación compartida e incuestionable de lo que era simplemente criar a un hijo.
No es una excusa ni justificación
La madre que confiesa asegura que nada justifica ese accionar, pero que lo convierte en algo distinto. Relató que, particularmente, recuerda un reto por el que se arrepiente, cuando uno de sus hijos tiró un vaso y ella lo agarró del brazo con demasiada fuerza y le gritó en la cara.
Una mujer reconoce errores en la crianza de sus hijos, pero niega que ella le haya hecho daño sistemático a sus hijos por las reglas de ese entonces. Foto: ilustración Shutterstock.
"Por algo que costaba dos dólares", se lamentó. Dijo que el niño se quedó quieto y confundido, porque un vaso roto no justificaba eso... "y él lo sabía antes que yo". Su pensamiento es que ella estaba enfadada y ellos solo estaban ahí. Peor fue más allá, también dijo que confundió muchas veces la obediencia con el respeto o castigó de más a sus hijos por su estado de ánimo.
Dijo tener arrepentimiento de sobre, pero que "dañino" no es la palabra adecuada, ya que cometer errores es una cosa, pero decir que fue perjudicial es otra cosa. "Y no es justo, y creo que tengo derecho a decirlo", sentenció, y dijo que la diferencia es clave.
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