Videoclub Rubí en Avellaneda, Claudio de Sarandí, Tiempos Modernos en Wilde, Odas de Lanús Oeste, Skate en Wilde, Sol de Bernal, Casablanca de Quilmes o Kinevisión de Berazategui, son solo algunos de los 321 videoclubes que hasta ahora pudo rastrear Luca Amendolara, un fanático de los VHS que desde su casa de Berazategui lleva adelante un proyecto a medio camino entre la nostalgia y la arqueología digital.
Todo empezó en marzo, cuando se compró un scanner portátil pero no sabía bien con qué fin utilizarlo. Entre su amplia colección de VHS, notó el detalle de que muchos cassetes aún conservaban las etiquetas de los videoclubes de los que alguna vez fueron alquilados (y quizás nunca devueltos), y ahí apareció la respuesta.
"Estaba lleno de etiquetas de antiguos videoclubes, así que me puse a escanearlas en altísima resolución. Las retoqué para que quedaran prolijas y empecé a encontrar cosas", contó Luca en un video que subió a su página de Instagram Frula Video Home, marca con la que desde 2022 pasa a formato analógico películas que nunca salieron en VHS en el país.
Las etiquetas de su colección de VHS fueron las que inspiraron a Luca a hacer el mapa colaborativo.
Así nació Mi Videoclub, un mapa colaborativo que se puede visitar desde la bio de www.instagram.com/frulavideohome y que reúne las ubicaciones exactas de todas las casas de alquiler de películas de las que pudo corroborar ubicación. Porque una particularidad de este proyecto es que no alcanza con recordar vagamente la ubicación de un videoclub de barrio, sino que para poner poner el punto en el mapa hay que subir alguna imagen que corrobore su existencia. Puede ser la etiqueta de seguridad en algún cassette que aún se conserve o las clásicas tarjetas de socio que todo cinéfilo de la etapa pre-streaming tenía. En muchos casos, esos objetos aparentemente descartables que conservaron por décadas, como último vestigio de aquellos años.
"Este proyecto empecé publicándolo en el grupo de VHS Argentina (en Facebook), una comunidad cerrada de coleccionistas, y desde ahí supe que iba a tener buena una recepción. Pero ahora que está de forma pública en mis redes, todas las semanas estoy recibiendo aportes e info nueva incluso de gente desinteresada del mundo del coleccionismo, ¡y eso me sorprendio!", cuenta.
Al hacer clic en el videoclub elegido en el mapa, se despliega una ficha en la que figura la ubicación exacta, el logo del local tal como aparecía en la etiqueta, y el nombre de la persona que aportó el dato. Para sumar ubicaciones nuevas, basta con enviar un mail a adjuntando la prueba documental de la ubicación.
Frula Video Home edita, desde Berazategui, películas actuales en formato VHS y otras clásicas que nunca salieron en cassete.
Aunque muy poca gente sigue inclinándose por el formato físico por sobre el streaming, y aún son menos los que siguen utilizando cintas de VHS, el nicho existe. Frula Video Home es prueba de eso: en pleno 2026, Luca tiene un catálogo de películas a la venta que incluyen clásicos que nunca habían salido en formato hogareño en el país durante los 80 y 90, y hasta películas argentinas de género que quieren tener su versión analógica.
"Lo principal para poder sumar algo mapa es contar con un archivo real que valide la existencia de ese videoclub: Una tarjeta de videoclub, un carnet de socio, un sticker, una etiqueta, etc, algo donde figure el nombre del videoclub y su antigua dirección. Eso es lo que le da validez y legitimidad a este mapa. Cada dirección anotada está respaldada por archivo real, y también viceversa: en cada archivo figura una ubicación real dónde hubo un videoclub", explica.
La invitación a registrar el videoclub de cabecera mueve una fibra mucho más masiva que el propio coleccionismo: todo vecino de por lo menos 35 años seguramente recuerde aquel negocio que cambió su manera de ver películas. "Los videoclubes se empiezan a gestar al rededor de 1986 en adelante hasta quizá mediados de los 90. Con un amigo (RaroVHS) estimamos que en Argentina pudo haber al menos 7000 u 8000 locales distintos. Hay que tener muy en cuenta que estos locales no existían en el mismo tiempo (ni espacio) a la vez", plantea Luca.
Y agrega: "En un mismo año podrían haber abierto 800 locales nuevos y cerrado otros mil. En una misma ubicación podría haber fundido un dueño y otro nuevo, comprado ese fondo de comercio y reabrir con otro nombre. Hay mil situaciones distintas. Pero, en su auge, los videoclubes fueron como los kioscos, encontrabas uno en cada esquina".
En la búsqueda, además, aparecen algunas perlitas y anécdotas con negocios de nombres curiosos. "El Elefantito”, “El Fantasmita”, “El Gato”, “Narices”, “Karma”, “El Pibe”. Hay decenas de nombres raros. Básicamente podés pensar en cualquier sustantivo y es muy probable que ya haya existido un videoclub con ese nombre hace más de 30 años".
En esos nombres, a veces, también quedó inmortalizado el recuerdo de algún vecino: "Otra de las cosas que me llaman la atención son nombres propios. Muchisimos. Seguramente de los hijos de los dueños de videoclubes. Ahí estas encontrando un pedacito de historia de familias trabajadoras abriendo un videoclub en plenos años 80 o inicios de los 90".
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