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Argentina vs. Inglaterra: los lazos políticos, económicos y futbolísticos que dejan en claro por qué es mucho más que un partido de fútbol

Argentina vs. Inglaterra: los lazos políticos, económicos y futbolísticos que dejan en claro por qué es mucho más que un partido de fútbol

Por los intereses británicos en el país, el fútbol tuvo un arraigo mucho más rápido que en el resto del mundo. El juego lo organizó la comunidad británica y lo adoptaron las clases

Es sólo un partido de fútbol”, dijo Lionel Scaloni tras la clasificación a semifinales. “Es sólo fútbol” repetía Carlos Bilardo en la previa de los cuartos de final de México. ¿Es sólo un partido en el fútbol? Los lazos históricos y las tensiones políticas, económicas y futbolísticas explican que Argentina vs Inglaterra no es sólo un partido de fútbol.

El fútbol moderno nació en Inglaterra en 1863. Llegó a Buenos Aires apenas cuatro años después por el fuerte peso de la comunidad británica en el país, en aquella todavía aldea Buenos Aires. No fue un inglés, sino un escocés, Alexander Watson Hutton, el que participó activamente en el desarrollo del nuevo deporte a finales del siglo XIX. En un comienzo todo era en inglés y de a poco se fue castellanizando y acuñando un idioma futbolero propio. De la matriz británica a la estirpe criolla. De los maestros inventores a los mejores alumnos.

El idioma fue mutando rápidamente. Buenos Ayres Football Club (1867) es el actual Buenos Aires Cricket & Rugby Club, tras la fusión de 1951, aunque el apodo de Biei sigue acentuando su fonética británica (nació para jugar al fútbol pero nunca lo hizo oficialmente y es un decano del rugby). El Central Argentine Railway Athletic Club (1889) pasó a ser Club Atlético Rosario Central (1905). Los más populares son Boca Juniors y River Plate, cuatro palabras, tres inglesas. Los términos Goalkeeper, back, half, insider, forwards, wing se extendieron en el tiempo. El Centre half fue centrojás; el centre forward, centrofóbal; el offside, orsai; el out ball, aubol; y la frase de los árbitros, ya en 1949, antes del pitazo inicial “are you ready” se transformó en aurieli.

Fue The Argentine Association Football en 1893, Asociación del Football Argentino en 1934 y Asociación del Fútbol Argentino en 1939. Arriba de los nombres de los 26 jugadores argentinos, la camiseta tiene una fecha fundacional: 1893. Es el año en que se reconoce fundada la actual AFA. Es una de las entidades más antiguas del mundo. La comunidad británica organizó las competencias y marcó un camino, luego la elite porteña criolla le arrebató el poder, finalmente conquistado por los clubes populares.

“Yo de política no hablo”, decía Diego Maradona en la previa del 86. “Es un partido ideal para que se confundan los imbéciles”, escribía desde México Jorge Valdano, también hace 40 años. La misma línea de Bilardo. Y tenía razón. También Scaloni. Pero para los futboleros argentinos, ante Inglaterra no es solo un partido. Ni antes ni después de Malvinas. Tras la conquista de Qatar, “por los pibes de Malvinas” fue el grito de desahogo de todos, incluidos los campeones del mundo liderados por Scaloni. Ahora, en el vestuario, cantan “La cuarta estrella” y la buscan “por Malvinas”.

Antes de que existiera la FIFA, fundada en 1904, los dirigentes pioneros del fútbol argentino hicieron los trámites para afiliarse a la FA inglesa. Los empezaron en 1902 y lo consiguieron dos años después. Ya llegaban pelotas, reglamentos, canilleras, camisetas, etc. Y empezaron a venir equipos ingleses y escoceses: Southampton (1904); Nottingham Forest (1905), Sudáfrica —todos ingleses que tenían su propia liga en el país africano— (1906), Everton y Tottenham (1909), Swindon Town (1912), Exeter City (1914), Third Lanark (1923), Plymouth Argyle (1924), Motherwell (1928) y Chelsea (1929). Los primeros llegaron con la idea de enseñar. Los últimos regresaron con la certeza de que se había aprendido y evolucionado mucho.

Ese hilo invisible futbolero nunca estuvo desvinculado de cuestiones políticas y económicas. Desde las invasiones inglesas y la ocupación de las Islas Malvinas. Desde los ferrocarriles y el diseño estratégico para que las materias primas llegaran al puerto de Buenos Aires y de allí partieran hacia Gran Bretaña. De tratados comerciales y empréstitos. De deudores y acreedores. De pactos como el de Roca-Runciman. De independencia económica o dependencia. De unidos o dominados. Después de la Segunda Guerra Mundial, cada encuentro fue entrelazando esa relación de lazos conflictivos.

Fue Manuel Paulino González, un exjugador y dirigente de Newell’s, el que propuso viajar a Londres para los Juegos Olímpicos de 1948 y concertar allí, con los dirigentes de España, Inglaterra, Francia y Portugal, “la forma de realización de partidos en esos países, entre sus equipos representativos y el de la AFA, los que podrían llevarse a cabo en enero y febrero de 1949”. Salvo con Inglaterra, hubo acuerdos con los otros tres, pero luego fueron suspendidos por la huelga de profesionales.

En 1944, la AFA decidió poner en disputa la Copa de Competencia Británica George VI, que entregó como premio un trofeo donado por el embajador británico en Argentina, David Kelly, en nombre del rey del Reino Unido (1936-1952), Jorge VI, y de la Football Association. Se completaron tres ediciones: 1944 (campeón Huracán), 1945 (Racing) y 1946 (Boca); la de 1948 quedó inconclusa.

En diciembre de 1949, la AFA recibió la propuesta, a través de Federico Limpenny, histórico empresario británico, socio del Buenos Aires Cricket Club y representante de la Football Association en el país, de participar del Festival Británico que se llevaría a cabo en mayo de 1951. Las negociaciones avanzaron. Tras la pobre actuación en Brasil 1950, Inglaterra evitó seguir aislada. Por eso, el 9 de mayo de 1951, Argentina fue la segunda Selección, después de Escocia, en jugar en Wembley, inaugurado en 1923. Los locales ganaron 2-1. Miguel Rugilo, el arquero de Vélez, fue la gran figura: por siempre El León de Wembley.

El periodista e historiador inglés David Downing, en el libro Argentina vs. Inglaterra, mundiales de fútbol y otras guerras, describe dos datos reveladores a futuro. Dice sobre Rugilo: “El único hombre que tuvo una actuación destacada fue Rugilo. Como era de esperar, su extravagante actitud provocó la incomodidad de los ingleses”. Y cuenta lo que manifestó Alf Ramsey, entonces jugador y futuro técnico del seleccionado inglés en 1966: “Un poco de color en el partido le da sabor al juego, pero nuestro amigo Rugilo fue más allá del buen gusto”. Según Downing, “Ramsey no aceptaba con facilidad las costumbres de otras culturas, algo que los argentinos corroborarían quince años más tarde”.

El programa oficial del partido Argentina e Inglaterra en 1953. Los imprimieron cuando ya se sabían que se iban a disputar dos partidos.

Así como Argentina fue a Londres en 1951, Inglaterra visitó Buenos Aires en 1953. En realidad, el equipo inglés concertó tres amistosos internacionales: además del 17 de mayo en el Monumental, también visitaría a Chile (24-5) y Uruguay (31-5). Por la expectativa generada en el país, se acordó jugar otro encuentro fuera de la agenda (no internacional ). Fue el 14 de mayo, Argentina ganó 3-1, con el “gol imposible” de Ernesto Grillo. Luego los futbolistas agremiados votaron que cada 14 de mayo se celebre el Día del Futbolista. Lo fue hasta 2020, cuando se cambió por el 22 de junio, por el gol maravilloso de Diego. Las futbolistas también tienen su día, el 21 de agosto, porque en 1971 le ganaron 4-0 a Inglaterra en el Azteca de México, en el segundo mundial femenino (no oficial de FIFA).

Empapados. Dos jugadores ingleses, después de la suspensión del 17 de mayo, a los 23 minutos del primer tiempo, por una lluvia torrencial.

El partido oficial se jugó el 17 de mayo, en el Monumental, otra vez ante casi 100 mil espectadores. Empezó bajo una lluvia torrencial y se suspendió a los 23 minutos cuando iban 0 a 0. Ese siempre se contó. Pero el 3-1 no figura en las recopilaciones inglesas ni en los archivos de la FIFA. Incluso los primeros años, la AFA no lo incluyó en el historial.

En el programa oficial de Argentina-Italia, de 1956, no figura el triunfo por 3-1 sobre Inglaterra. Para la administración de AFA tampoco era el oficial.

Hubo dos choques antes del Mundial 66, disputado en Inglaterra. Argentina perdió 3-1 en la fase de grupos del Mundial de Chile 1962 y ganó 1-0 en la Copa de las Naciones en 1964, disputada en Brasil por los 50 años de la fundación de la Confederación Brasileña. Ninguno tuvo la trascendencia del disputado en Wembley. Por la expulsión temprana de Antonio Rattín, quien justo falleció el sábado en la previa del partido con Suiza, la bandera británica en el córner estrujada, el mito de la sentada en la alfombra de la reina —repetido mil veces por el Rata y por muchos medios pero nunca certificado con un documento televisivo o gráfico— y la declaración de “Animals” del técnico inglés Ramsey. Sí, el mismo de 1951.

El momento en que Rattín retuerce el banderín con los colores británicos.

Ramsey evitó que George Cohen cambiara la camiseta con Oscar Pinino Mas. “No vas a cambiar camisetas con esta gente”, certifica el libro de Downing, quien luego aclara que el apelativo de "animals" lo completó en una entrevista televisiva: “Inglaterra no va a demostrar su mejor nivel de juego hasta que no se enfrente con un rival adecuado, un equipo que juegue bien al fútbol y que no actúe como animales”. La FIFA, presidida por el inglés Stanley Rous, obligó a Ramsey a disculparse para evitar una fuerte sanción: “La elección de mis palabras no fue la más adecuada”. Quedaron heridas. Se notaron en las finales intercontinentales de clubes, primero entre Racing y Celtic en 1967 y luego entre Estudiantes y Manchester United en 1968.

La foto original, firmada por Cohen, se vendió en un sitio de remate inglés.

El 22 de mayo de 1974, Wembley fue escenario de un nuevo amistoso. El grito de “Animals” acompañó cada acción de los jugadores argentinos. Inglaterra ganaba 2-0 y la Selección empató en el segundo tiempo con dos goles de Mario Kempes. “Animals” volvieron a gritar en el final. El árbitro fue el argentino Arturo Ithurralde, a quien le impactó una lata de gaseosa en su cabeza que le provocó una herida que no resultó de gravedad. “Aullando ‘Animals’, hirieron a Ithurralde”, tituló el diario Crónica.

El título del diario Crónica contando la agresión que sufrió el árbitro Arturo Ithurralde en 1974.

Una selección inglesa visitó por última vez el país el 12 de junio de 1977, en la gira internacional que se jugó en la cancha de Boca. Mientras sonaba el himno inglés, los hinchas argentinos silbaban, gritaban “Animals” y cantaban “mandarina, mandarina, no se hagan los otarios y devuelvan Las Malvinas”. El partido finalizó 1-1. Tres años después, Argentina visitó otra vez Wembley con Diego Maradona, que casi hace un gol de antología. Ganó Inglaterra 3-1, pero el 10 dejó flotando su magia. Hacía dos años que Osvaldo Ardiles y Ricardo Villa jugaban en la liga inglesa. No hubo insultos para el himno argentino. Los ingleses cantaban la canción popularizada por Doris Day: "Qué será, será; whatever will be, will be; we're going to Wembley; qué será, será".

El diario Crónica publicó en la tapa del diario lo que cantaron los hinchas en la cancha de Boca en 1977.

Después, la Guerra de Malvinas y los cuartos de final en el Azteca el 22 de junio de 1986. La Mano de Dios y El Gol del Siglo. Todo volvió a flor de piel. El clásico que nunca fue se volvió más clásico que nunca. El libro El Partido, del periodista Andrés Burgo, le aportó una mirada más profunda a la rivalidad. Este año, la película El Partido, basada en el libro de Andrés, reunió a tres jugadores ingleses (Peter Shilton, John Barnes y Gary Lineker) y cinco argentinos (Jorge Valdano, Ricardo Giusti, Jorge Burruchaga, Julio Olarticoechea y Oscar Ruggeri). Volvió a emocionar cuando parecía que ya no había lugar para más emociones.

El Partido. Argentina-Inglaterra, 1986. La reedición del libro de Andrés Burgo.

Lionel Messi nació el 24 de junio de 1987. Desde entonces, Argentina e Inglaterra solo jugaron cinco veces, la última el 12 de noviembre de 2005 en Ginebra, Suiza. El rosarino recién había debutado y no pudo jugar ese encuentro (estuvo en la platea) porque debía cumplir la fecha de suspensión por la expulsión ante Hungría el 17 de agosto anterior. Después de 21 años, otra vez frente a frente, en una instancia como nunca antes: una semifinal. Con el mejor jugador del siglo XXI, a los 39 años, jugando por primera vez contra Inglaterra después de 205 encuentros internacionales.

No es sólo un partido de fútbol. Es mucho más. Es un clásico infinito.

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