10/08/2026 11:37
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Georgina Amorós, actriz, 28 años: “Si pudiera, me tomaría un vino con mi abuelo; me quedé con muchas ganas de saber más de su vida”

Georgina Amorós, actriz, 28 años: “Si pudiera, me tomaría un vino con mi abuelo; me quedé con muchas ganas de saber más de su vida”

La actriz barcelonesa, que acaba de estrenar la serie ‘El homenaje’, reflexiona sobre la madurez profesional y el valor de la lealtad tras saborear la primavera en su ciudad natal

Dice Georgina Amorós (Barcelona, 1998) que le cuesta entender la vida sin el salitre y el horizonte del Mediterráneo. Aunque su carrera la ha llevado a vivir un tiempo en Madrid o en Los Ángeles, la actriz siempre encuentra el camino de vuelta a casa, especialmente cuando el buen tiempo asoma por la Ciudad Condal.

Con una trayectoria que arrancó casi como un juego de infancia, Amorós se ha consolidado como una de las voces más sólidas y conscientes de su generación. De la vulnerabilidad de la compleja Cayetana que nos cautivó en Élite a su participación en proyectos como la recién estrenada El homenaje de SkyShowtime, su evolución ha sido, como ella misma define, “una carrera de fondo con sus altibajos, que con los años entiendes de otra manera, con más conciencia”.

Esa conciencia se traduce hoy en una filosofía de vida donde la lealtad y la familia escogida se han erigido en pilares fundamentales. En un mundo de inmediatez y apariencias digitales, la intérprete apuesta por lo tangible: el producto de proximidad, los sabores de raíz y la calma de un mercado de barrio.

Sin necesidad de considerarse una experta entre fogones, se describe una entusiasta del cuidado ajeno que disfruta del placer de agasajar a los suyos a través de la comida. Y convencida de que el paso del tiempo es el mejor aliado de la complicidad para que los vínculos echen raíces, no comprende el amor y la amistad sin la solera propia de los buenos caldos: “Con el tiempo vas entendiendo mejor a la persona, con sus capas, con todo lo bueno y lo difícil”.

Sin necesidad de considerarse una experta entre fogones, se describe una entusiasta del cuidado ajeno. Foto: IG/georginaamoros

Hace tan solo unas semanas, coincidiendo con la efervescencia del Open Banc Sabadell en el Real Club de Tenis Barcelona, volvimos a verla disfrutar de su ciudad como imagen del licor de flor de saúco St-Germain. Entre sets y confidencias, la actriz se mimetizó con ese ambiente primaveral donde el tiempo parece detenerse. Ese equilibrio entre la precisión del tenis y la sofisticación de un cóctel bien servido es el reflejo de su propio momento vital: un estado de madurez donde, con más de una veintena de proyectos a sus espaldas, se permite el lujo de elegir dónde poner su energía. Siempre buscando rodajes que sean, ante todo, una experiencia humana enriquecedora.

Con la mirada puesta en un 2026 cargado de estrenos como El mapa de los anhelos el próximo julio, nos confiesa que su maridaje ideal no entiende de artificios, sino de afectos y una buena copa frente al mar. Es una mujer que prefiere los blancos frescos, las charlas largas y la improvisación sobre una base sólida de trabajo y preparación. Por su autenticidad, por su compromiso con las causas que defiende y por esa capacidad de relativizar el éxito para centrarse en lo que de verdad importa, hoy brindamos con ella para hablar de trayectoria, de sabores compartidos y de los nuevos horizontes que están por venir.

Imagina que hemos quedado a cenar para celebrar tus éxitos. ¿A qué lugar me llevas para asegurar que la noche sea inolvidable?

Te llevaría a Barcelona, a algún sitio del barrio de Gràcia donde se pueda comer bien y estar a gusto, sin mucha complicación. Últimamente voy mucho a Lombo o a Gabatxo.

Como buena tauro, hace poco te veíamos señalar que valoras mucho la lealtad y lo que es “de tierra”, como tu signo. Foto: IG/georginaamoros

Como buena tauro, hace poco te veíamos señalar que valoras mucho la lealtad y lo que es “de tierra”, como tu signo. En la mesa, ¿eres de las que aboga por los sabores de raíz y producto local, o te atreves a dejarte seducir por lo exótico?

Soy más de sabores de raíz. De hecho, si voy a un restaurante y hay algo que me gusta mucho, suelo repetir plato. Me cuesta salir de ahí porque disfruto encontrando lo que sé que me funciona.

Empezaste muy joven y has llegado a admitir que te tenían que sacar a rastras de los rodajes porque te encantaba estar allí. Seguro que hay un primer aroma que asocias a aquellos primeros pasos en la industria de la interpretación.

La verdad es que no recuerdo ningún plato o dulce concreto de cuando era pequeña. Lo que sí recuerdo, a modo de pequeño ritual, es que en los rodajes siempre me pedía un Nestea. Es parecido a cuando te pides un zumo de tomate en un avión.

Con 17 años te marchas a Los Ángeles para formarte. Dime, ¿hubo allí algún sabor de casa que echaste de menos?

Me fui muy poco tiempo, así que no me dio tiempo a echar demasiado de menos cosas concretas. Pero si algo, te diría que el producto de aquí: las verduras buenas, el poder ir al mercado y encontrar calidad.

Once años después, nos topamos con una trayectoria muy completa entre Vis a vis, Élite o Segunda muerte. Si tuvieras que maridar tu carrera con un vino, ¿por cuál apostarías?

Elegiría un tinto con cuerpo y mucha evolución. Empecé muy joven y eso me ha permitido ir creciendo dentro de la profesión poco a poco. Es una carrera de fondo, con sus altibajos, y con los años la entiendes de otra manera, con más conciencia.

Once años después, nos topamos con una trayectoria muy completa entre Vis a vis, Élite o Segunda muerte. Foto: IG/georginaamoros

Esa conciencia se desdibujaba en Cayetana, tu personaje en Élite. Ella vivía en una lucha constante por equilibrar las apariencias con la realidad. ¿Hay algún plato que te resulte así?

¡Una buena pasta! Las recetas de pasta parecen sencillas, pero no lo son. Puede ser espectacular o completamente insípida. De hecho, en Italia me he comido algunas de las pastas más sosas de mi vida. No hay nada peor que una pasta sin sabor.

Hay nociones entonces. ¿Eres de las que se considera cocinillas, o prefieres dejar a los demás al mando en los fogones?

Me gusta cocinar desde el lugar de agasajar, de descubrir recetas nuevas y querer hacer disfrutar a la gente que quiero. Me gusta ese punto de cuidado. Pero en casa hay gente que cocina mejor que yo, así que también disfruto mucho comiendo lo que hacen ellos.

En 2020 trabajaste con Woody Allen en la película Rifkin’s Festival. Si te digo que pienses en qué le servirías al cineasta para convencerle de que el Mediterráneo es el mejor escenario del mundo, ¿por qué te inclinas?

Con Woody Allen brindaría con un cava o un St-Germain Spritz. Algo fresco, ideal cerca del mar, con la brisa. Muy de aquí. Además, considero que el St-Germain Spritz encaja superbien con la primavera en Barcelona. Es muy fresco, muy ligero, con ese punto afrutado que entra demasiado fácil. Tiene esa cosa de los días largos, de estar fuera con amigos, de improvisar planes y que el día se alargue sin darte cuenta.

En tu filmografía tampoco podemos obviar el papel de Irene, la protagonista de Todas las veces que nos enamoramos. Vivíamos de cerca sus encuentros y desencuentros emocionales. ¿Crees que los amores, como ciertos vinos, mejoran con el tiempo?

Sí. El otro día escuché en una peli que el amor no es un fin en sí mismo, sino una forma de conocer al otro cada vez más profundamente. Con el tiempo vas entendiendo mejor a la persona, con sus capas, con todo lo bueno y lo difícil. Eso es lo que me interesa, seguir descubriendo a la gente que quiero.

El amor también aplica a la familia escogida, algo que valoras mucho. Foto: IG/georginaamoros

El amor también aplica a la familia escogida, algo que valoras mucho. Elige a esa persona, esté en vida o no, con la que te gustaría poderte tomar una copa de vino solo por el placer de escuchar sus historias

Probablemente me la tomaría con Chavela Vargas. Me gustaría escuchar de dónde sale toda esa belleza y esa poesía que tenía. Y si pudiera, también con mi abuelo, porque me quedé con muchas ganas de saber más de su vida y de quién era realmente.

Y de todos los personajes a los que has tenido la oportunidad de interpretar, ¿con cuál te irías de cañas y con cuál te sentarías a descorchar una botella de champán de etiqueta?

De cañas me iría con Irene de Todas las veces que nos enamoramos, y me sentaría a descorchar una botella de champán con Cayetana. Sé que lo disfrutaría muchísimo.

Dicen que en cada botella de ese licor hay hasta 1.000 flores de saúco. ¿Qué ‘flores’ le echarías tú a tu profesión en este momento de madurez en el que puedes elegir tus proyectos?

Le echaría muchas flores distintas, como un ramo tutti colori. Con variedad, sin un solo tipo dominante. Algo muy vivo, muy mezclado.

A la hora de enfrentarte a la vida, ¿eres de las que sigue la receta al pie de la letra, o te gusta improvisar y añadir tu propio toque?

Me gusta entender primero el contexto, prepararme bien, y luego poder improvisar y desmarcarme un poco. Saber las bases para después hacerlo tuyo. En mi trabajo es igual: preparas mucho y luego, en el momento, te dejas sorprender.

Me gusta entender primero el contexto, prepararme bien, y luego poder improvisar y desmarcarme un poco. Foto: IG/georginaamoros

Tu profesión tiene la particularidad de que, muchas veces, la estabilidad es algo que, tal como ‘vino’, se fue. Imagino que el éxito te ha dejado más de un aprendizaje

El éxito lo he ido relativizando. Para mí tiene que ver con poder trabajar en lo que me gusta y estar bien haciéndolo, pero también he aprendido que hay muchas formas de sentirte exitosa fuera del trabajo. Eso es lo que más valoro ahora.

Vamos con una confesión gastroemocional ¿Hay algún hábito o alimento que, tal como ‘vino’ a tu dieta, decidiste que se fuera?

Soy vegetariana desde hace casi diez años. No sé si para siempre, pero sí desde hace mucho tiempo. Es una decisión con la que estoy tranquila y que de momento no cambia.

Y si nos colamos en tu bodega personal, ¿habrá un tinto con carácter, un blanco fresco o ese rosado que siempre alegra?

Soy de vino blanco con frescura.

A muchas personas se las conquista por el paladar. ¿Qué plato tendría que cocinarte tu pareja para que le dieras luz verde?

Una lasaña de calabacín, setas y trufa. La hace mi pareja, ¡y le queda espectacular!

¿Y el ‘maridaje’ perfecto para un domingo cualquiera?

Vino y mar, sin duda. Y si puede ser con amigos, una charla larga y sabiendo que hay horas por delante. Es de los mejores planes. Como vivo en Madrid, el mar lo echo mucho de menos, así que cuando estoy cerca lo disfruto muchísimo.

Estrenas serie y seguro que tienes nuevos proyectos en el horizonte. Cuéntanos lo que puedas, pero sobre todo... ¿Por qué motivo especial brinda Georgina Amorós este 2026?

Sí, ahora acabo de estrenar El homenaje. En julio estreno la serie de Netflix El mapa de los anhelos, basada en el libro de Alice Kellen, que es una historia muy bonita sobre el duelo. Y ahora mismo estoy rodando una película en Canarias, de género, algo que nunca había hecho y que está siendo muy divertido. Así que brindo por los planes que te sorprenden, por confiar en la vida y por dejar que las cosas pasen.

Es hora de cerrar el menú. Elige una última copa y un último bocado antes de que caiga el telón de tu día perfecto

Una última copa sería un St-Germain Spritz. Y el último bocado queso, ¡siempre queso!

Adrián Monterrubio

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