La industria pesquera comercial de California atraviesa una crisis de relevo generacional, ingresos y viabilidad económica. Según CalMatters, la flota está envejeciendo y reduciéndose, mientras los nuevos trabajadores encuentran obstáculos para permanecer en el oficio.
El caso de San Diego muestra el problema: aun en una ciudad costera, sostener una carrera como pescador comercial se volvió cada vez más difícil.
Una flota que envejece y se achica
CalMatters describe una flota “gris” en la que la edad promedio ronda los 48 años y muchos capitanes se acercan al retiro. Shane Volberding, de 27 años, aparece como una excepción: uno de los capitanes jóvenes y de los pocos que ingresaron al oficio sin conexiones familiares directas.
Para responder a esa falta de recambio, la Institución Scripps de Oceanografía de UC San Diego lanzó un programa de aprendizaje para formar nuevos pescadores comerciales en técnicas, reglas y protocolos de seguridad. El programa ayudó a algunos, pero también expuso la precariedad del sector.
Los ingresos son uno de los mayores problemas. Datos de NOAA citados por CalMatters muestran que la paga mediana anual de tripulantes comerciales de la Costa Oeste cayó alrededor de un tercio entre 2014 y 2024: de 90.468 dólares a 61.592 dólares. Las ganancias de capitanes bajaron de 173.271 a 108.972 dólares en ese período.
La industria pesquera comercial de California atraviesa una crisis. Foto: AFP
En San Diego, el panorama puede ser peor. Un marinero de cubierta puede ganar entre 15.000 y 50.000 dólares netos al año, según Peter Halmay, fundador del San Diego Fishermen’s Working Group. Esa cifra queda por debajo del ingreso per cápita local y no alcanza para cubrir vivienda y gastos en una de las ciudades más caras del país.
Por qué cuesta salvar la pesca local
La pesca comercial funciona como trabajo inestable. Muchos marineros cobran un porcentaje de la captura, por lo que sus ingresos dependen del clima, la temporada, la abundancia de peces, los precios y las regulaciones. Además, deben hacer tareas no pagadas como preparar equipo, limpiar embarcaciones o acondicionar el barco antes de salir.
El problema no afecta solo a los trabajadores. Si hay menos pescadores locales, también se debilita la oferta de pescado fresco y regional. CalMatters recordó que al menos dos tercios del marisco consumido en Estados Unidos es importado y que en San Diego apenas una fracción del pescado vendido o consumido proviene de capturas locales.
Si hay menos pescadores locales, también se debilita la oferta de pescado fresco y regional. Foto: AFP.
El programa de Scripps intenta fomentar transmisión de conocimientos mediante mentores, pero incluso los aprendices motivados suelen irse a empleos más estables. Un empresario pesquero contó que uno de sus aprendices amaba el oficio, pero aceptó un trabajo municipal porque tenía hipoteca y familia que mantener.
También pesa la cultura del sector. Muchos pescadores trabajan aislados, protegen sus lugares de pesca y tienen poco tiempo para organizarse, asistir a reuniones o presionar a legisladores.
Así, la pesca californiana enfrenta una paradoja: hay interés por consumir productos locales y sostenibles, pero el oficio que los sostiene paga poco, exige mucho y depende de condiciones imprevisibles. Sin recambio generacional y mejores condiciones, la flota seguirá envejeciendo.
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