Todo comenzó una noche cualquiera, mientras intentaba dormir. Una mujer no pensó en dejar las redes sociales ni en apagar el teléfono. Imaginó algo distinto: desaparecer durante siete días de la vida real, dejar de responder mensajes, no ir al trabajo y no presentarse en ninguno de los lugares donde suele estar.
Entonces empezó a contar. No cuántas personas terminarían enterándose, sino cuántas notarían su ausencia por sí mismas, sin que nadie tuviera que avisarles.
En una reflexión publicada por Silicon Canals, la autora confesó que el resultado fue menor de lo que esperaba, aunque mayor que cero, y que justamente esa combinación fue la que más la descolocó.
Una mujer imaginó qué pasaría si desapareciera durante siete días de la vida real. (Foto: Freepik).
“Hace poco conté cuántas personas se darían cuenta si desapareciera durante una semana —no de las redes sociales, sino de la vida real— y el número fue menor de lo que esperaba”, escribió.
Descubrir quién realmente nota nuestra ausencia
La primera persona en la lista era su pareja. Sabía que advertiría rápidamente que ella no estaba en casa. Después pensó en su hija, que también sentiría inmediatamente ese vacío cotidiano.
Pero, una vez superado ese círculo íntimo, la cuenta empezó a hacerse mucho más corta. Algún amigo podría notarlo varios días después, una compañera de trabajo quizás se preguntaría qué había pasado, mientras que otras personas probablemente tardarían más de una semana en advertir su ausencia.
Aquello la llevó a comprender que el ejercicio no medía cuánto la querían.
“No estaba contando amor. Estaba contando atención. Esa atención cotidiana que hace que alguien perciba que falta una persona antes de que otro tenga que decirlo”, reflexiona.
"No estaba contando amor. Estaba contando atención", explicó. (Foto: Freepik).
La autora aclara que su vida está lejos de ser vacía. Tiene una familia, disfruta de su trabajo y mantiene contacto permanente con muchas personas. Sin embargo, descubrió que una agenda llena y una intensa actividad digital no garantizan vínculos profundos.
Con el tiempo comprendió que había construido una enorme presencia en internet, mientras su presencia cotidiana en la vida de otras personas era mucho más reducida de lo que imaginaba.
Elegir profundidad en lugar de cantidad
También entendió que muchas decisiones aparentemente razonables habían contribuido a ese resultado. Trabajar desde casa, priorizar la productividad, mudarse o desarrollar una carrera con muchas horas frente a una pantalla fueron elecciones que, acumuladas durante años, redujeron los espacios de encuentro cara a cara.
La reflexión también la llevó a distinguir entre dos conceptos que suelen confundirse. “Ser reconocida no es lo mismo que ser conocida. Muchas personas pueden saber quién sos, pero muy pocas conocen tu versión más auténtica”, sostiene.
La autora entendió que muchas decisiones aparentemente razonables habían contribuido a ese resultado. (Foto: Freepik).
Después de ese ejercicio decidió cambiar algunos hábitos. Empezó a escribirles a amigos sin un motivo específico, simplemente para preguntarles cómo estaban. También comenzó a expresar con mayor sinceridad cuando necesitaba compañía o se sentía desconectada.
Además, decidió priorizar los encuentros presenciales: tomar un café en lugar de enviar un mensaje, llamar por teléfono en vez de limitarse a escribir y dedicar tiempo a las personas importantes, incluso cuando la rutina parecía empujarla hacia otro lado.
“El número no está escrito en piedra. Cambia cuando invertimos tiempo, presencia y vulnerabilidad en las relaciones que realmente importan”, concluye. Hoy reconoce que su lista sigue siendo breve, pero ya no le preocupa tanto la cantidad. Prefiere construir vínculos capaces de notar su ausencia antes que acumular contactos que solo conocen una versión superficial de su vida.
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