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Moritz, influencer, 25 años, viajó en bicicleta desde Canadá hasta México: "En el silencio de la naturaleza comprendí en quién quería convertirme"

Moritz, influencer, 25 años, viajó en bicicleta desde Canadá hasta México: "En el silencio de la naturaleza comprendí en quién quería convertirme"

No es un atleta ni un viajero experimentado y pedaleó más de 4. 000 kilómetros en tres meses. Cómo surgió la idea, las provisiones que llevó, el error que cometió en el primer tram

Moritz Gebhard, de 25 años, estudia la carrera de arquitectura en Milán, Italia. En su tiempo libre es fotógrafo y documenta sus aventuras de escalada y ciclismo.

Durante las vacaciones decidió emprender una travesía en bicicleta: un viaje de 4.250 kilómetros donde recorrió el oeste de Canadá y la costa oeste de Estados Unidos hasta llegar a México.

El joven explorador de alma se propuso conocer paisajes y aprender sobre culturas que siempre le despertaron curiosidad, sin experiencia previa en largos trayectos en dos ruedas.

"Fue la primera vez que viajé solo en bicicleta y confirmé que recorrer un paisaje pedaleando significa experimentar la naturaleza y la cultura de cerca", manifestó en una entrevista con el Corriere della Sera.

Con humildad aseguró que tampoco era muy activo en su cuenta de Instagram, y no se imaginó que sus postales y reportes de cada lugar atraerían un aluvión de seguidores a sus redes sociales. Sin querer, su talento como fotógrafo hizo aflorar su faceta de influencer en medio de la aventura.

El joven italiano estaba en Canadá por un intercambio estudiantil y aprovechó para viajar en bici. Foto: IG @pixel291

"Sentí que esta experiencia era una oportunidad de aprendizaje y despertó en mí emociones intensas. Quería saborear momento a momento la sensación de libertad al estar inmerso en la naturaleza, lejos de mi realidad habitual”, expresó.

Tres meses en bicicleta, 4.250 kilómetros y y una meta cumplida

La idea surgió cuando un compañero de la universidad se embarcó en un objetivo similar en 2019 y se maravilló de tan solo escucharlo.

Siguió con sus estudios, y en 2022 viajó a Toronto para una experiencia de intercambio universitario. "Fue entonces cuando nació el deseo de descubrir este país de la forma más auténtica posible", explicó.

Había escuchado a muchos amigos lamentarse por no haber realizado vivencias similares cuando tuvieron la oportunidad y él quería intentarlo. "Mi objetivo era emprender un viaje totalmente respetuoso con la naturaleza", aclaró.

En enero de 2023 encaró formalmente la idea, con más información y tips de otros viajeros. Le contó sus planes a su familia y recibió sentimientos encontrados.

"Mis abuelos me sorprendieron con su entusiasmo inmediato; mis padres, en cambio, estaban perplejos y un poco preocupados, pero intenté tranquilizarlos preparando cuidadosamente cada detalle", aseguró.

Revisó las tendencias del clima, investigó cuál era el equipo más adecuado, invirtió en un GPS satelital y elementos de protección. "Intenté planificarla durante las vacaciones semestrales para no perder ni un solo día de estudio, así que el 3 de junio de ese mismo año, partí”, contó Moritz.

"Mi bicicleta iba cargada con unos 50 kilos, incluyendo comida, una tienda de campaña, una cámara y todo lo demás que necesitaba", detalló, y reveló que durante su recorrido consiguió dos patrocinadores del mundo del ciclismo que lo apoyaron en su travesía.

Viajar solo por primera vez

El momento en que a las 7 de la mañana de aquel 3 de junio de 2023 empezó su primera pedaleada resulta inolvidable. "Ya no había vuelta atrás, durante los siguientes tres meses esa bicicleta y mi tienda de campaña serían mi único hogar", manifestó.

"Salí de Calgary, crucé las Montañas Rocosas canadienses, siguiendo una ruta poco convencional hasta Vancouver, luego continué hacia San Francisco y Los Ángeles, y finalmente, con mi amigo Mattia, de San Francisco a Tijuana, México", enumeró sobre las paradas que hizo.

"Al viajar en bicicleta uno está muy expuesto en el aire libre, algunos días fueron extremadamente duros debido a la lluvia intensa, las temperaturas bajo cero, las pendientes pronunciadas y los fuertes vientos, pero si uno es persistente y no se rinde fácilmente, la recompensa es la infinita sensación de logro que te hace olvidar todo el sufrimiento y apreciar aún más los días siguientes", explicó.

"Mientras cruzaba las Montañas Rocosas, estuve completamente solo conmigo mismo durante muchos kilómetros. Ni siquiera podía usar mi celular, y esa no es una experiencia común entre los jóvenes de mi edad”, reflexionó.

"Es algo que recomiendo especialmente a los jóvenes de mi edad, porque fue ahí, en el silencio de la naturaleza comprendí en quién quería convertirme", aseguró.

Durante casi un mes estuvo bordeando bosques antiguos y vírgenes, acompañado únicamente por osos, alces salvajes, castores, ciervos y otros animales salvajes. "Me dejó claro lo importante que es la conservación y protección de estos ecosistemas preciosos y frágiles", indicó.

Amigarse con la soledad y el silencio, sin olvidar los peligros

“Viajar solo por zonas desiertas requiere planificar dónde y cuándo conseguir comida. Es importante contar con todo el equipo necesario para ser autónomo durante 3 o 4 días, incluyendo cantimploras lo suficientemente grandes, utensilios de cocina, una estufa, un cuchillo, etc”, recalcó.

Todo lo que llevó Moritz Gebhard en su bicicleta. Foto: IG @pixel291

Una vez después de pedalear una pronunciada pendiente en la montaña entre Lillooet y Pemberton, llegó tan hambriento que se comió toda la comida esa noche y se quedó casi sin provisiones para el día siguiente.

"Durante esta parte del viaje, necesitaba consumir mucha proteína, ya que recorría en bicicleta un promedio de 90 kilómetros al día. Mis comidas principales consistían en arroz, frijoles y dos latas de atún, que en total aportaban unos 140 gramos de proteína. Para la cena, calentaba dos paquetes de fideos instantáneos", contó.

"Por suerte pedirle algo de comida a una amable pareja suiza que pasaba por allí y llegué a Pemberton justo a tiempo. Luego pasé por la mundialmente famosa Whistler, siguiendo el sendero Sea to Sky llegué a Squamish, donde me quedé un día para practicar escalada en bloque en el bosque y al día siguiente finalmente llegué a Vancouver", rememoró.

El cicloturismo y la conservación de los ecosistemas

Durante su recorrido conoció a muchos ciclistas de aventura, ya que la costa oeste suele ser visitada por viajeros que hacen la misma ruta y lo que más disfrutó fue comprender en primera persona su filosofía de vida.

"La vida en bicicleta es sencilla; cada día es nuevo y está lleno de experiencias. Aprendes a vivir con lo mínimo indispensable, que resulta ser más que suficiente", manifestó.

Atravesó algunos de los parques naturales más importantes del planeta, que protegen ecosistemas vitales y únicos. "Desde el principio, el objetivo del viaje fue documentar, inspirar y revalorizar el ciclismo, una forma de viajar más consciente, y la belleza de la naturaleza", explicó.

"Fue una experiencia vital verdaderamente única e inolvidable, marcada por paisajes y fauna impresionantes, innumerables encuentros interesantes con personas extraordinarias y vivencias que me marcaron la vida", resumió.

"Vivir en plena naturaleza y superar situaciones difíciles te hace crecer y aprender Recomiendo encarecidamente a cualquiera que viaje en bicicleta, aunque sea solo por unos días, y salga a explorar y apreciar todo lo que nuestro planeta tiene para ofrecer", concluyó el joven.

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