29/07/2026 22:15
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Diana Aisenberg: peregrinación hacia aquella niña

Diana Aisenberg: peregrinación hacia aquella niña

El arte sacro, el universo de lo doméstico, la cultura popular y la Historia del Arte se funden en pinturas sobre rollos de empapelado donados.

Varias décadas atrás, Diana Aisenberg recibió un regalo envuelto en un papel satinado donde se repetía, con obstinación, la imagen de una niña acompañada por la leyenda que decía “ideal girl”. El papel quedó archivado en un cajón, pero también en la memoria conceptual de la artista. ¿Qué significa esa expresión de lo intangible capaz de modelar una aspiración infantil? ¿Qué otras imágenes e ideas heredamos antes incluso de ser conscientes de ellas? ¿Qué relatos, deseos y formas de mirar se transmiten silenciosamente de generación en generación?

Estas preguntas atraviesan la muestra de la artista en la galería De Sousa. Los soportes mismos de las obras le llegaron bajo la forma de regalo: ocho largos rollos de papel tapiz donados junto con una serie de baldosas. Durante siglos, los papeles formaron parte del paisaje íntimo de las casas. Nacidos como alternativa a revestimientos más costosos, atravesaron distintas etapas de prestigio y desprestigio, desde los lujosos papeles pintados chinos hasta la expansión industrial que los convirtió en un elemento característico de los interiores burgueses y de clase media. A diferencia del lienzo, destinado desde el principio a convertirse en obra, el empapelado pertenece al reino de lo cotidiano. Incluso una vez colgados en las paredes de la sala, siguen siendo fragmentos de muro, pedazos de habitaciones desplazadas al espacio expositivo.

“Naturaleza muerta”. Pintura sobre empapelado.

La noción de don resulta central a lo largo del recorrido, no sólo presente en los papeles donados, sino en su acepción más amplia: la de aquello que nos es dado. Aisenberg trabaja como una recolectora de formas, símbolos e imaginarios heredados que vuelve a poner en circulación. Por ejemplo, al fondo de la sala el mural titulado “niña ideal” recupera a aquella niña del envoltorio junto con otras cuyas mejillas rosadas y moños prolijos poblaron durante décadas las páginas de calendarios, cuadernos y figuritas. Como contrapunto, el pattern del tapiz deja ver jugadores de fútbol con camisetas de distintos equipos.

La sensación de una felicidad ordenada esquemáticamente y sin conflictos reaparece en otros sectores de la muestra, donde la artista interviene dibujos preexistentes coloreando cuidadosamente sus formas. El gesto remite a las prácticas infantiles de completar imágenes, pero también a una forma de relacionarse con la tradición. Más que producir geometrías desde cero, Aisenberg transforma el legado en una posibilidad incierta a futuro.

Diana Aisenberg.

Los dibujos de once Madonnas pertenecientes a diferentes tradiciones pictóricas que se develan en el corazón de la sala prolongan, bajo otra forma, ciertos modelos de representación femenina. La niña idealizada y la madre sagrada pertenecen a registros distintos, pero ambas participan de una larga genealogía visual construida alrededor de figuras destinadas a ser admiradas, imitadas y reproducidas. Sin embargo, las vírgenes no conservan la distancia solemne de los retablos. Las flores impresas del tapiz atraviesan sus cuerpos, el ornamento invade la escena y las devuelve al ámbito doméstico del que proceden los propios soportes.

Junto al “arte sacro”, varios símbolos de elevación espiritual aparecen problematizados a lo largo del recorrido. Por ejemplo un sinfín de alas, corazones y arcoíris remite simultáneamente a las estampitas religiosas, los dibujos escolares y la gráfica popular. La pintura de una manzana, repetida cual tríptico, señala tanto a la tradición de la naturaleza muerta como a la iconografía cristiana del fruto prohibido. Vista en diálogo con las niñas y las Madonnas, incorpora una nueva figura a esta genealogía: la de Eva. Sin embargo, el relato de la culpa se tergiversa hacia una reflexión sobre la mirada. El conocimiento ya no aparece asociado a la caída sino a la posibilidad de pensar nuevamente aquello que creíamos conocer. Representada desde distintos ángulos, deja de funcionar como un símbolo fijo para convertirse en un ejercicio de observación.

Diana Aisenberg.

Entre la historia del arte y la historia doméstica, entre lo sagrado y lo cotidiano, entre la memoria personal y la colectiva, la artista construye un espacio donde las imágenes se heredan, se transforman y se vuelven a ofrecer. Más que una sucesión de obras autónomas, propone una peregrinación en la que diferentes estratos de la memoria visual se encuentran y se contaminan. Niñas, jugadores de fútbol, vírgenes, geometrías, alas, corazones, arcoíris, flores, manzanas y huesos. Lejos de constituir un repertorio disperso, estas imágenes parecen integrarse en una misma constelación donde la religión, la cultura popular y la historia de la pintura dialogan constantemente con lo autobiográfico. La pluralidad de voces también irrumpe en el texto de sala a modo de dialogo entre tres amigas cuyas voces corresponden a Fernanda Laguna, Santiago Villanueva y la artista, una de las cuales enuncia que “la casa es también el lugar donde pueden haber apariciones”.

Quizás por eso Arte es mi palabra favorita puede leerse como una reflexión sobre la construcción de lo común. Los papeles donados son apenas la manifestación más visible de una economía más amplia de intercambios. También las imágenes, los saberes, las creencias y las experiencias circulan de una escena a otra, transformándose en el trayecto. La artista no busca apropiarse de ese flujo sino habitarlo. Su trabajo consiste en recibir, recomponer y volver a ofrecer. En tiempos atravesados por la lógica de la propiedad y la individualización, la muestra imagina una forma de hacer arte colaborativa y permeable, capaz de reconocer que incluso aquello que sentimos más propio está hecho, en gran medida, de lo que hemos recibido de los demás.

  • Arte es mi palabra favorita - Diana Aisenberg
  • Lugar: De Sousa, Paraguay 675
  • Horario: lun. a vie. de 10 a 18
  • Entrada: libre y gratuita

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