Dos décadas después del escándalo que sacudió la política de San Francisco, Ruby Rippey, la exsecretaria de nombramientos de Gavin Newsom rompió el silencio en un desgarrador ensayo para Vanity Fair.
En su relato, Rippey expone pasajes inéditos sobre el inicio del romance con el actual gobernador de California, las secuelas de su adicción, el desequilibrio de poder y las contradicciones con la versión que el hoy aspirante a la presidencia de Estados Unidos plasmó en sus memorias.
¿Cómo empezó el romance entre Ruby Rippey y Gavin Newsom en Napa Valley?
El inicio de la relación extramatrimonial entre Ruby Rippey y Gavin Newsom -entonces alcalde de San Francisco y soltero tras separarse de Kimberly Guilfoyle- se remonta al fin de semana del 4 de julio de 2005. Durante la boda de una colaboradora municipal en el Valle de Napa, una jornada marcada por el consumo desmedido de alcohol desencadenó el acercamiento entre el mandatario y su subordinada, quien en ese momento estaba casada con Alex Tourk, amigo cercano y jefe de campaña de Newsom.
Ruby Rippey detalla los pasajes más íntimos de su romance extramatrimonial con Gavin Newsom mientras trabajaba como su colaboradora. Foto: Ryan Pfluger (Vanity Fair).
Rippey detalla que, tras desmayarse esa noche en un hotel de la zona, despertó a la mañana siguiente junto al alcalde antes de abandonar el lugar a toda prisa. Días más tarde, al regresar al Ayuntamiento, la confirmación implícita del vínculo se materializó de forma silenciosa sobre su escritorio:
"Unos días después, de vuelta al trabajo, mi jefe me deja mi pulsera de oro sobre el escritorio al pasar. Un regalo de mi abuela, que se había quedado en la habitación del hotel en Napa. Sigue caminando. Fingimos que nada ha cambiado. Pero todo ha cambiado", contó Rippey.
Encuentros clandestinos, adicciones y el colapso personal de Ruby Rippey
A partir de ese momento, la relación continuó de manera intermitente durante varios meses. Los encuentros transcurrieron entre el ático de Newsom en Russian Hill, salas privadas de bares en North Beach y viajes de trabajo a Los Ángeles. En su escrito, Rippey describe esa etapa no como una historia romántica, sino como un acelerado proceso de autodestrucción atravesado por el alcoholismo y el consumo de drogas.
Durante una escapada a Los Ángeles, tras un encuentro en el Hotel W en Beverly Hills, la exasesora recuerda haber despertado a la mañana siguiente descubriendo que le había arrancado involuntariamente los botones de la camisa al alcalde en medio de su estado de ebriedad. La culpa y el riesgo eran constantes. En otra de sus reuniones clandestinas en el apartamento de Russian Hill, luego de derramar accidentalmente una copa de vino tinto sobre una alfombra clara, Rippey rememora la frustrada reacción de Newsom mientras intentaba limpiar la mancha: "Sabes, de verdad que no podemos seguir así. No puedes hacerle esto a Alex", le advirtió el entonces alcalde en referencia a su esposo.
Gavin Newsom (derecha) durante su periodo como Alcalde de San Francisco en 2006. Foto: Katy Raddatz / The Chronicle
Con el paso de las semanas, la espiral adictiva de Rippey se profundizó. Intentó frenar el consumo utilizando fármacos como Antabuse y, más tarde, recurrió a la cocaína para prolongar sus noches de fiesta. La crisis derivó en un severo deterioro físico, incluyendo episodios repetidos de sangrado nasal que requirieron atención médica de urgencia. Finalmente, en mayo de 2006 y tras la desesperada intervención de su familia, ingresó a un centro de rehabilitación en Arizona durante siete semanas. Desde allí envió dos cartas decisivas: una para renunciar a su cargo en el Ayuntamiento y otra para poner fin definitivo al romance.
Las contradicciones entre las memorias de Gavin Newsom y la confesión de Rippey
Uno de los puntos centrales del descargo de Rippey es la abierta discrepancia con la manera en que Gavin Newsom abordó el episodio en sus recientes memorias, donde calificó la relación como "un romance brevísimo".
La exasesora cuestiona directamente la narrativa del mandatario sobre cómo se enteró su exmarido, Alex Tourk. Mientras que en su libro Newsom afirma que fue él quien le confesó la verdad a Tourk presentándose como el ejecutor de la revelación, Rippey aclara que la realidad fue distinta. El 13 de enero de 2007, fue ella misma quien le envió un extenso correo electrónico a Tourk desde la casa de sus padres en Napa para admitirle toda la verdad, un hecho que desencadenó la inmediata confrontación de su esposo al alcalde y su posterior renuncia al cargo.
Gavin Newsom (derecha), actual gobernador de California. En sus memorias, Newsom calificó el romance con Rippey como "brevísimo" y destaca que fue él quien le reveló la verdad a Alex Tourk. Foto: Justin Sullivan
"Ese detalle -sutil pero significativo- es el que se me quedó grabado. Para mí, al menos, se lee como una versión de los hechos que le atribuye algo que yo ya había hecho. Técnicamente defendible, quizás, pero deja la inconfundible impresión de que fue él, y no yo, quien le dijo la verdad a Alex".
En respuesta a la publicación del ensayo en Vanity Fair, la oficina del gobernador de California se limitó a reiterar la postura oficial emitida años atrás, señalando que Newsom ya reconoció su responsabilidad, ofreció disculpas públicas hace casi dos décadas y abordó este capítulo en sus memorias, por lo que no tiene nada más que añadir por respeto a todos los involucrados.
Desequilibrio de poder, sobriedad y la reconstrucción de una vida tras el escándalo
A lo largo de los años, con la llegada de movimientos como el #MeToo, la narrativa pública intentó calificar a Rippey únicamente como una "subordinada indefensa". Sin embargo, la exasesora sostiene una postura de doble responsabilidad que pondera tanto sus errores personales como la asimetría de jerarquía en el entorno laboral:
"Ambas cosas son ciertas: soy responsable de mis actos. El poder no distribuye las consecuencias de manera uniforme. Para mi antiguo jefe, es una anécdota en una larga trayectoria ascendente. Para mí, es la fractura que dividió mi vida en un antes y un después".
Tras cumplir 20 años de sobriedad, Rippey concluye su relato destacando la reconstrucción de su vida personal: logró rehacer su hogar, volver a casarse y sanar gradualmente la relación con su exmarido, Alex Tourk, con quien hoy comparte la crianza de su hijo en un marco de respeto y madurez familiar.
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