28/07/2026 14:34
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Lila Bendersky: “Sentía una necesidad, diría, vital de recuperar la historia de mi hermana”

Lila Bendersky: “Sentía una necesidad, diría, vital de recuperar la historia de mi hermana”

Después de años de silencios, la periodista decidió recuperar la historia de su hermana y convertirla en una obra de no ficción. En esta entrevista explica cómo habló con sus padre

“Nunca tuve el propósito de escribir un libro, pero sí sentía una necesidad, diría, vital de recuperar la historia de mi hermana. Sabía muy poco de ella, de su personalidad, de lo que había pasado ese verano del 88. Su nombre siempre estuvo asociado a un dolor al que era mejor no acercarse, pero yo estaba incómoda con eso. Y, al mismo tiempo, vivíamos como una familia a la cual no le había pasado una tragedia de tal magnitud”, cuenta la periodista y escritora Lila Bendersky sobre cómo se decidió a escribir Un cactus en el medio (Vinilo).

Lila Bendersky es licenciada en Ciencias de la Comunicación Social (UBA) y periodista egresada de TEA. Foto: Luciano Thieberger.

El libro cuenta la historia de su familia y de su hermana mayor, Florencia, que falleció a los 7 años a causa de una meningitis bacteriana. “Sergio del Molino tiene un libro hermoso, La hora violeta, sobre la enfermedad y el fallecimiento de su hijo Pablo, donde dice que cuanto más nos empeñamos en parecer una familia normal, más extraños nos sentimos”, dice la autora.

Y agrega: “Mi nacimiento está intrínsecamente ligado al fallecimiento de Florencia y me parecía muy triste que no pudiéramos recordarla ni nombrarla. Florencia no podía ser solo dolor; había algo más. Creo que en ese acercamiento a su historia también había una búsqueda de mi propia identidad, un intento por conocer las coordenadas de mi llegada y entender un poco qué padres me habían tocado”.

Historia familiar

Con ese impulso, se anotó en el taller de Margarita García Robayo para darle cierta estructura al proyecto. Quería armar una especie de corpus para que, en un futuro, sus hermanos y sus sobrinas pudieran leer y conocer parte de su historia familiar. De este proceso cuenta aquí, a Clarín, más detalles.

–¿Cómo fue poder hablar de esto con tu familia? ¿Con tu mamá, tu papá, tus hermanos?

–Fue muy movilizante. Durante mucho tiempo el nombre de Florencia fue muy difícil de pronunciar; estaba inundado de dolor. Empecé haciendo entrevistas a mi mamá, a quien notaba desde hacía un tiempo más abierta a hablar de la historia familiar sin omisiones. Nuestros encuentros fueron en el departamento donde me crié y duraban como dos horas. En paralelo, comencé a entrevistar a mi papá. Nunca mencioné a Florencia en esos cafés; él todavía no puede hablar de ella. No obstante, nos pasamos horas charlando sobre sus citas con mi mamá, el estallido del matrimonio de mis abuelos, cómo se fue enterando de los embarazos y otras anécdotas de su época de residente en el hospital Ramos Mejía. Me costó encarar las entrevistas con mis hermanos porque, cuando nos sentamos a hablar, yo ya sabía muchos detalles de lo que había pasado y no quería hacerlos parte de algo que quizás no querían saber. Decidí que lo mejor era pensar con ellos ciertas escenas, mirar fotos y bucear en sus recuerdos. Pasé un rato largo con cada uno reflexionando sobre nuestra infancia y sobre cómo veíamos a nuestros padres.

–Emociona la red que se configuró de amigues y familia, ¿cómo fue reconstruir esa parte de la historia?

–Las dos parejas (y sus respectivos hijos) que aparecen en la historia son los amigos históricos de mis papás, con los que compartí veranos y cenas de Pesaj o Rosh Hashaná. Eran los únicos amigos que existían cuando éramos chicos; personas a las que siempre quise mucho porque son divertidas y amorosas. Sin embargo, desconocía por completo todo lo que habían hecho cuando Florencia se enfermó. Te imaginarás la admiración y el agradecimiento que siento hoy por ellos. Por todo lo que hicieron en esos días tan oscuros y porque pasaron horas hablando conmigo, reconstruyendo escenas muy dolorosas para que yo pudiera armar este rompecabezas. Creo que el libro también habla de la amistad, de la red que nos acobija y, por momentos, nos sostiene; de ese amor que nos rodea y nos permite estar de pie.

–¿De qué manera rearmaste esos veranos y esos modos y costumbres? Porque, además de retratar a tu familia, retratás a la clase media de aquella época.

–Los textos de no ficción que me gustan tienen un trabajo meticuloso de reconstrucción de los espacios y del clima de época. Pienso, por ejemplo, en el retrato que hizo Mariana Enríquez de Silvina Ocampo en La hermana menor, donde aparecen diferentes consumos y representaciones de la clase alta argentina. Fui bastante pesada en las entrevistas con los detalles de la ropa, los productos típicos y los lugares que frecuentaban. Muchas familias judías de clase media que conozco veraneaban en Punta del Este en esos años, y había algo de ese ritual compartido que nos unía de manera invisible. Me está pasando ahora, con el libro publicado, que me llegan mensajes de gente que conozco y no sabía que también había veraneado en el parador El Pacha. Me parece que los lugares y, en particular, los detalles arman el clima de la historia, más allá de si el lector vivió esa época o no.

–¿Qué sentiste cuando estuvo terminado y lo mandaste a la editora?

–Tuve el último Zoom con Margarita por las correcciones del libro durante mis vacaciones, en enero de 2024. Me acuerdo de que estaba en la habitación de un hotel, cerré la computadora y me quedé en silencio un rato largo en la cama. No era solo mandar el texto a edición; era haber terminado esta misión tormentosa y vital, que era narrar a Florencia. El último trayecto de escritura fue muy difícil. Estaba mucho más atravesada y consciente de lo que había pasado, y me costaba entrar y salir de la historia. Así que, cuando finalmente terminé, te podría decir que sentí, sobre todo, alivio.

–¿Cómo fue tomado por tu familia y cómo está siendo tomado por los y las lectoras?

–Mi familia está, obviamente, movilizada. Cada uno lo vive de una manera muy personal, pero creo que todos estamos de acuerdo en que Florencia tenía que recuperar su lugar en la historia familiar. Con respecto a los lectores, es lo más hermoso que me pasó en el último tiempo. Que te escriba gente conmovida por el texto, que te cuenten que el libro tocó fibras sensibles de sus propias historias familiares, que se lo pasen entre amigos, o que una psicóloga me diga que se lo recomendó a una paciente porque creía que la iba a ayudar... Todos esos mensajes me emocionan profundamente.

Lila Bendersky es licenciada en Ciencias de la Comunicación Social (UBA) y periodista egresada de TEA. Foto: Luciano Thieberger.

–¿Qué te sirvió del ejercicio del periodismo?

–Sin mi oficio de periodista no hubiese podido escribir este libro. O, mejor dicho: no me hubiese animado. Las herramientas del periodismo de no ficción me ayudaron a reconstruir el rompecabezas familiar y a mantener cierta frialdad a la hora de hacerlo. Leí muchísimos perfiles y crónicas de Leila Guerriero, Josefina Licitra, Martín Caparrós y Joan Didion para darme ideas sobre cómo armar las escenas. Pienso también en El salto de papá, de Martín Sivak, y Efectos personales, de Marina Mariasch. Mi familia se convirtió en un objeto de estudio y la investigaba como hacía con las notas que escribía. Tenía, por ejemplo, distintos cuadros cronológicos con las versiones de cada uno sobre los hechos. Entrevisté a mis padres por separado para que no se contaminaran con el relato del otro. Te diría que, al inicio, logré abstraerme de que eso que estaba contando era mi propia historia.

–¿Qué te gusta leer y en qué estás trabajando?

–Me gusta mucho la literatura sobre el duelo, como El año del pensamiento mágico, de Joan Didion, La hora violeta, de Sergio del Molino, o El tiempo vivido, sin su fluir, de Denise Riley, que leí hace poco y me hizo pensar mucho en Florencia, pero sobre todo en mis padres. Quizás podría decir que me atraen las historias tristes o que dan cuenta de la incomodidad de ciertos vínculos familiares (pienso en Apegos feroces, de Vivian Gornick). Me gustan los libros que me hacen pensar y vacilar sobre el mundo y los lazos que nos atraviesan. Nunca dejé de escribir. Lo que vengo escribiendo tiene que ver con otro tipo de duelos, pero todavía tiene un tono que no me convence y no le encuentro la estructura. También vengo pensando en la idea de obsesionarme con algo un poco más feliz y escribir sobre eso. Ojalá me salga.


Lila Bendersky básico

  • Nació en Buenos Aires, en 1989. Es licenciada en Ciencias de la Comunicación Social (UBA) y periodista egresada de TEA.

Lila Bendersky es licenciada en Ciencias de la Comunicación Social (UBA) y periodista egresada de TEA. Foto: Luciano Thieberger.

  • Colaboró en La Nación, Clarín, ElDiarioAR y otros medios. Fue productora periodística en radio Metro, Urbana, Blue y Radio con vos.

  • En 2023, publicó Cosas que me deprimen, un fanzine de humor.

  • Actualmente es coordinadora de producción audiovisual y podcasts de C+ (el canal de streaming de Cenital).

Un cactus en el medio, de Lila Bendersky (Vinilo).

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