En ocasiones, la vida da un volantazo. Así, casi sin avisar. Le pasó hace 23 años a la escritora Andrea Ferrari. Se terminaban sus vacaciones en la costa cuando le llegó un correo desde Madrid: su novela juvenil El complot de Las Flores era una de las finalistas en el concurso internacional Barco de Vapor. El libro ganó y ella fue dejando su labor como editora en Página/12 para dedicarse a la literatura infantil. De eso hace dos décadas, pero aún hoy en sus novelas hay huellas de su vida anterior, de periodista, en las preguntas que plantea, en el humor, en las aventuras de sus personajes y en protagonistas realmente humanos, para lo bueno y para lo triste también. Además, hay huellas de la niña que fue y de las lecturas que la abrazaron.
La escritora Andrea Ferrari. Foto: Ale López
Si pudiera volver a encontrarse con esa chica que alguna vez fue, le regalaría “un libro que me hizo muy feliz a los cinco o seis años: Dailan Kifki, de María Elena Walsh. Volví a experimentar esa felicidad al leérselo a mi hija y ahora también a mi nieta. Siempre lo encuentro divertido, atrapante, disparatado, tierno. Un librazo para los más pequeños”.
La elección abre una ventana a su propia obra. A lo largo de su trayectoria, Ferrari ha defendido una literatura que no subestima a los lectores jóvenes y que privilegia la complejidad de los personajes por encima de los estereotipos. "Intento retratar chicos y adolescentes reales, con su manera particular de mirar el mundo, sus relaciones, sus miedos, sus amores y sus intereses", explicó hace tiempo en una entrevista.
Ahí está Mara, la protagonista de El complot de Las Flores, el libro que la arrancó de unas vacaciones para regalarle otra vida; Florencia que busca un trabajo aunque es una nena, en También las estatuas tienen miedo; Francisco y sus investigaciones, en El camino de Sherlock; o Ema y las heridas que le dejó una tragedia en Los chimpancés miran a los ojos.
Leer para descubrir el mundo
Para Ferrari, la lectura es una herramienta para conocer a los demás, pero también para conocerse a uno mismo. Buena parte de sus novelas nacen de una investigación periodística previa: entrevistas, lecturas y observación de la realidad que luego transforma en ficción.
"Muchas veces mis libros surgieron a partir de algo que leí, de una noticia o de una entrevista. Me gusta mucho investigar porque siento que eso me da elementos y me dispara ideas para la ficción", contó hace años al recordar cuánto influyó el periodismo en su manera de escribir.
Ese interés por comprender otras experiencias también atraviesa sus historias. Para construir personajes consulta, conversa con personas que han vivido situaciones similares y escucha atentamente sus relatos. "Ese proceso entre periodístico e investigativo me resulta muy estimulante", asegura.
Andrea Ferrari, periodista y escritora. Archivo Clarín.
Convencida de que los libros siguen ocupando un lugar insustituible en la infancia, Ferrari cree que la literatura ofrece algo que ningún algoritmo puede garantizar: “Abrirse a otros mundos, empatizar con sus personajes, conocer lo que desconocías, y, al mismo tiempo, percibir la música de las palabras, el juego y la gracia que son capaces de albergar", dice a Clarín.
Pero no descarta las posibilidades de las historias que llegan en tabletas: “Son experiencias distintas y no son excluyentes –agrega–. Está muy bueno ver una serie o película de calidad o engancharse en un juego interesante. Me parece que los libros, que nos acompañan desde hace tanto tiempo, van a seguir ahí, aún con la competencia de la tecnología, ampliando la mirada de muchos lectores".
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