Roman Yampolskiy, experto en Informática volvió a instalar una pregunta incómoda sobre el futuro del empleo. El especialista en seguridad de inteligencia artificial planteó que el impacto de la IA podría avanzar más rápido de lo previsto.
Hasta ahora, buena parte del debate se concentró en programadores, redactores, contadores, diseñadores y empleados administrativos. Es decir, trabajos que dependen de una computadora, una base de datos o una tarea repetible en formato digital.
"En cinco años, hasta el trabajo físico podrá automatizarse"
La frase de Roman Yampolskiy apareció durante una entrevista en el pódcast The Diary of a CEO. Allí, el experto en IA y ciberseguridad sostuvo que la automatización no debería pensarse solo como un fenómeno de oficina.
Según su mirada, la combinación entre inteligencia artificial avanzada y robótica humanoide puede llevar el cambio a fábricas, depósitos, comercios, tareas de mantenimiento y otros sectores donde todavía se necesita presencia física.
La frase más fuerte fue directa: “En cinco años, todo el trabajo físico también podrá automatizarse”. La previsión ubica el mayor impacto alrededor de 2030, un plazo corto para empresas, gobiernos y trabajadores.
Roman Yampolskiy, informático teórico: "En cinco años, hasta el trabajo físico podrá automatizarse". Foto: Xinhua/Huang Xiaoyong
Yampolskiy no habla únicamente de programas capaces de escribir textos, responder correos o analizar datos. Su planteo apunta a sistemas que puedan razonar, aprender una tarea y luego ejecutarla mediante robots con brazos, sensores, cámaras y movilidad.
Ese salto es relevante porque durante años se pensó que los trabajos manuales tenían una protección natural. Una máquina podía calcular más rápido, pero no necesariamente ordenar una habitación, levantar una caja, reparar una instalación o asistir a una persona.
La robótica humanoide modifica esa frontera. Si un robot puede desplazarse por espacios diseñados para humanos y seguir instrucciones complejas, muchas tareas físicas dejan de ser exclusivas de una persona.
Por qué la robótica humanoide cambia el impacto de la inteligencia artificial
El avance de la inteligencia artificial generativa ya mostró que muchas tareas intelectuales pueden reducirse a instrucciones, datos y resultados. La diferencia ahora está en el cuerpo mecánico que podría llevar esas decisiones al mundo real.
Un robot humanoide no necesita que una fábrica cambie por completo su forma. Puede subir escaleras, agarrar objetos, abrir puertas o moverse por pasillos pensados originalmente para trabajadores humanos.
Esa característica vuelve más amplio el mapa de empleos expuestos. La automatización del trabajo físico con robots humanoides podría alcanzar desde tareas logísticas hasta servicios de limpieza, reposición, vigilancia, atención básica o asistencia en determinados entornos.
Por qué la robótica humanoide cambia el impacto de la inteligencia artificial. Foto: Xinhua/Liu Ying
Para Yampolskiy, el debate no debería limitarse a si una IA puede hacer una parte del trabajo. La pregunta de fondo es si, cuando el costo baje y la tecnología mejore, seguirá teniendo sentido contratar personas para la mayoría de las tareas.
La comparación con empleos de oficina sirve para entender la escala. Primero aparecieron sistemas que redactan, programan, resumen documentos o hacen cálculos. Después llegaron herramientas capaces de producir imágenes, videos, voces y análisis complejos.
Qué trabajos podrían resistir, según Roman Yampolskiy
Aunque su diagnóstico es duro, Yampolskiy reconoce que no todos los empleos desaparecerían de la misma manera. Algunos podrían mantenerse por razones sociales, emocionales o culturales, incluso si una máquina pudiera hacer la tarea.
Un ejemplo es la relación de confianza. Hay clientes que prefieren hablar con una persona para temas sensibles, decisiones económicas, salud mental o situaciones donde la experiencia humana pesa tanto como el resultado técnico.
También podrían sobrevivir trabajos vinculados a lo artesanal. En un mercado lleno de productos fabricados por máquinas, ciertos consumidores seguirían pagando más por objetos hechos por humanos, con imperfecciones, historia y presencia de autor.
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