En una sociedad frecuentemente tentada por la inmediatez y la cultura del “éxito o nada”, el camino recorrido por nuestra Selección en la alta competencia nos deja una enseñanza que excede ampliamente lo deportivo: la urgencia de revalorizar la cultura del esfuerzo y el respeto por los procesos.
En el deporte de alto rendimiento, como en la vida institucional y profesional, los resultados no son producto de la casualidad ni de un chispazo de suerte, sino de la disciplina sostenida, el trabajo en equipo, la planificación y la resiliencia ante la adversidad.
Saber competir en la élite mundial exige aceptar que el rival también juega y que la derrota es una posibilidad real. Sin embargo, cuando se ha dado todo con honestidad, rigor y compromiso, la derrota no es un fracaso sino una etapa más del aprendizaje.
Argentina necesita recuperar la mística del trabajo constante por encima del atajo. Reivindicar el mérito, premiar la constancia y entender que los grandes proyectos personales o colectivos requieren tiempo, método y, sobre todo, la templanza para no bajar los brazos ante el primer obstáculo.
Ese es, quizás, el verdadero triunfo que nos deja este equipo: un espejo donde mirarnos para entender que el único camino noble hacia la excelencia es el del esfuerzo cotidiano.
Francisco Sciaky
OTRAS CARTAS
“Un país no es una empresa que baja la persiana”
El Gobierno estudia importar de Estados Unidos el shutdown: cerrar parte del Estado cuando el presupuesto o la política entran en conflicto.
Pero un país no es una empresa que baja la persiana. Los alimentos deben seguir siendo controlados. Los medicamentos, fiscalizados. Las fronteras, vigiladas. La industria necesita que alguien certifique que una balanza pesa lo que dice pesar, que un surtidor entrega el combustible que cobra y que un producto cumpla las condiciones de seguridad.
Ahí están el INTI, el INTA, el Senasa, la ANMAT, la Comisión Nacional de Energía Atómica y otros organismos que rara vez ocupan una tapa, pero intervienen todos los días en la vida de millones de argentinos. ¿Deben ser revisados, modernizados y obligados a rendir cuentas? Por supuesto. Pero una cosa es eliminar un gasto inútil y otra muy distinta, abandonar una función necesaria.
La Argentina suele copiar las consecuencias y olvidar las garantías. El shutdown estadounidense responde a otro sistema constitucional, presupuestario y laboral. Importarlo sin esas diferencias sería traer un paraguas de Washington para enfrentar una inundación en Buenos Aires.
El ajuste puede ser necesario. La inteligencia también. Porque cuando el Estado abandona un control, alguien ocupa su lugar. Y casi nunca lo hace para cuidar al ciudadano. Apagar una oficina lleva un segundo. Lo difícil será explicar quién se hará cargo cuando también se apague la responsabilidad.
Liliana Cánaves
Los insultos del presidente Milei a Lula Da Silva
Brasil es nuestro principal socio comercial y aliado para el gran acuerdo con los europeos. Brasil junto a Perú fueron los dos únicos países que nos apoyaron por Malvinas. Las relaciones entre países son estratégicas y responden siempre a los intereses de cada país, gobierne quien gobierne. Si nosotros debiéramos evaluar la acción de nuestra Justicia y de los delincuentes que saquearon el país y muchos lo siguen haciendo, las calificaciones que Milei le hizo a Lula, tal vez lo salpiquen.
Es hora de ser serios y dejar las locas ideologías para imponer equilibrios y pragmatismo. Es también hora de madurar o consultar a un psicólogo. Brasil es nuestro hermano -excepto en fútbol-; no tiene pretensiones territoriales sobre nuestro país, o sobre el petróleo, el litio o el gas. Basta de pavadas.
Esteban Tortarolo
“El mensaje que todos los argentinos necesitamos oír”
El blooper del vocero presidencial Adrián Ravier provocó malestar en el Gobierno al anunciar que el dólar podría escalar a $ 1.800. Además, afirmó que todos los sectores económicos se recuperan. Otro error que las cifras oficiales desmienten. Es lamentable que Ravier haga perder credibilidad cuando la confianza es el activo más importante que necesita LLA. A esto se suma Luis Caputo celebrando la baja de algunas décimas del IPC. Debería preocuparse porque hace más de un año que la inflación persiste por encima del 30% anual y millones de argentinos no pueden cubrir sus necesidades más básicas.
Conclusión: los funcionarios no entienden que la sociedad no acepta definiciones optimistas sin fundamento ni festejos y solo reclama coherencia. Sufrimos demagogia y corrupción K. Pensé que con Javier Milei se ponía fin al fracaso económico. Hoy, en la agenda oficial, se discute cómo encarar las elecciones y la buena señal política sería que expresen con sinceridad las dificultades que afrontan para solucionar la herencia recibida. Y que el Gobierno requiere más tiempo, más esfuerzo para afianzar la seguridad jurídica, impulsar la economía, las inversiones y el empleo. Y, sobre todo, promover el bienestar porque la democracia no es tal si no la reciben los 47 millones de argentinos.
Matías Aníbal Rossi
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