El streamer Speed. La cantante La Rosalía. El actor Samuel L. Jackson. La ex actriz porno Mia Khalifa. Son los nombres de algunas de las personalidades que, durante el Mundial o incluso tras la final contra España, compartieron, replicaron y difundieron mensajes críticos de la Selección y del país. Pero no fueron los únicos.
Sin embargo, un estudio analizó más de medio millón de mensajes en X y concluyó que en las redes sociales no hubo ninguna clase de campaña orquestada para atacar al país. Y que las respuestas de los argentinos contribuyeron a potenciar la exposición.
A través de las redes, en las últimas semanas muchos usuarios comenzaron a notar una gran cantidad de tuits de esa misma índole y hasta hubo quienes sugirieron la existencia de una suerte de "campaña antiargentina". Incluso el presidente Javier Milei se hizo eco de esa teoría este domingo, al sostener que "Argentina es faro de occidente, por eso toda la campaña mediática" y al apuntar contra los gobiernos de Lula da Silva y Claudia Sheinbaum por apoyar esa supuesta ola crítica.
Durante la investigación, realizada por el laboratorio de investigación política y electoral Inteligencia Analítica, se analizaron 587.907 tuits publicados por 325.627 cuentas. En conjunto, esos mensajes habían acumulado más de 552 millones de impresiones. Y, tras el estudio, se llegó a la conclusión fue que los tuits anti-Argentina no fueron mensajes aislados. Pero tampoco surgieron de un plan orquestado para atacar al país. En realidad, según el estudio se trató de "una conversación digital de escala global".
"No encontramos evidencia de una campaña coordinada", destacaron los investigadores este domingo, al publicar las conclusiones de su estudio. Apuntaron que "la hostilidad fue real, intensa y masiva", pero apuntaron que "su circulación fue dispersa y orgánica".
En ese sentido, el estudio descubrió que la mitad de las cuentas desde las que surgieron mensajes en contra de los argentinos tenían más de 7,46 años de antigüedad y que sólo el 0,29% de esos perfiles habían sido creados después del inicio del Mundial. Otro aparente indicio de que la participación fue orgánica.
Durante la final del Mundial pareció que Twitter entero se había puesto de acuerdo para atacar a Argentina.
— Inteligencia Analítica (@InteligenciaACA) July 26, 2026
¿Hubo una campaña organizada? ¿Cuentas creadas para instalar discursos? ¿O fue una reacción masiva y espontánea?
Analizamos 587.907 tuits. La respuesta no es tan… pic.twitter.com/Aqc1Xaf8J2
Además, más del 81% tenía al menos tres años, echando por tierra la teoría de una creación masiva de cuentas para atacar a la albiceleste que sería de esperar en una operación planeada previamente.
Sin un núcleo pequeño y duro de intensos
Otro de los datos que pudo verificar el estudio es que la mitad de las cuentas que apuntaron contra los argentinos publicó un solo tuit y que no hubo un grupo pequeño e intenso de usuarios repitiendo mensajes una y otra vez, como ocurriría si se hubiesen comprado granjas de bots para emprender un ataque masivo. "Vimos a cientos de miles de cuentas participando una o dos veces", apuntaron desde el laboratorio.
En esa línea, el estudio destacó que "los participantes prácticamente no formaban grupos densos que se respondieran entre sí. La transitividad del grafo fue de 0,0002: casi no había triángulos ni pequeños núcleos cerrados". Es decir, "era una conversación abierta entre desconocidos, no una comunidad que actuara de manera coordinada".
Los investigadores destacaron, no obstante, que el hecho de que no haya existido una operación organizada "no significa que la hostilidad haya sido un invento". En ese sentido, remarcaron que durante el estudio lograron detectar "comunidades centradas en acusaciones de racismo, contenido antiargentino, Malvinas e Israel/Palestina", pero que ninguna de esas comunidades dominó la conversación.
También, que el área que se llevó la mayoría de las menciones fue el futbolístico, con referencias a términos como arbitraje, trampa, FIFA, VAR y a un supuesto favoritismo, encuadre que apareció en entre el 8,2% y el 8,9% de los tuits y concentró el 13,2% de las impresiones. Fuera de eso, ningún marco identitario superó el 2,4%.
Además, la mayor parte de la conversación no ocurrió durante la final del Mundial: el 63,3% del volumen apareció el lunes siguiente, cuando el resultado ya estaba definido. Fue ahí cuando la discusión empezó a desplazarse del resultado deportivo hacia la identidad argentina.
El efecto de las cuentas argentinas y el asunto Malvinas
De este modo, la red argentina, que sólo produjo el 7,1% de los tuits, concentró el 22,7% de las impresiones y recibió el 30,8% de las respuestas internacionales. Aunque fue minoritaria en volumen, ocupó un espacio central en el conflicto.
La investigación concluyó además que, entre acusaciones, defensas, respuestas y autocríticas, las cuentas argentinas hablaron sobre racismo casi el doble que la mayoría de los demás grupos, aunque el análisis sólo midió quién habló del tema y no contempla el dato de quién atacó a quién.
En esa línea, los investigadores destacaron que, si bien la hostilidad externa existía, "la respuesta argentina multiplicó la presencia del tema".
"Cada acusación generaba defensas, discusiones, citas y nuevas respuestas. Así, un marco minoritario dentro del total podía sentirse dominante desde adentro de la conversación argentina. No porque la acusación fuera imaginaria, sino porque cada respuesta contribuía a mantenerla visible", especificaron.
Los jugadores argentinos sostienen una bandera con la leyenda "Las Malvinas son Argentinas". Foto Juano Tesone
Y, sobre el tema Malvinas, apuntaron que no llegó a dominar la conversación. El tema de las Islas, dentro de la red argentina representó sólo el 1,28% de los tuits, pero concentró el 5,16% de las impresiones. Es decir, unas pocas publicaciones alcanzaron una viralidad enorme.
La conclusión del informe es por demás incómoda: cientos de miles de personas reales participaron de una conversación hostil contra Argentina. Lo hicieron sin un plan. Lo hicieron sin una promesa de dinero a cambio. Y, sobre todo, lo hicieron sin la necesidad de que alguien las coordinara.
"No fue una operación. Fue una multitud activando y haciendo circular prejuicios que ya estaban disponibles", sentenciaron los investigadores.
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