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Hasta siempre a Juan Carlos Distéfano: artista íntegro, escultor de cuerpos afligidos

Hasta siempre a Juan Carlos Distéfano: artista íntegro, escultor de cuerpos afligidos

A través de piezas emblemáticas como 'En simultáneo' y 'Kinderspelen', el genial escultor desnudó las iniquidades de nuestra historia reciente y las deudas vigentes de una sociedad

Hace 20 años, al referirme a un conjunto de obras de Juan Carlos Distéfano exhibidas en una impactante muestra individual en la Galería Ruth Benzacar,(1) señalaba la violencia histórica, social y mediática, temas cardinales del artista, a la que la realidad nacional insiste en someternos una y otra vez.

Piezas de aliento que ofrecían en elaborada construcción visual, el imperativo de dar cuenta de las iniquidades de nuestra historia reciente como Los iluminados, mostraba en loca actitud devocional a los representantes que los sectores –militares y eclesiásticos– que llevaron adelante los horrores del Terrorismo de Estado, así como también En simultáneo –escultura que en versión monumental tenía como destino el Parque de la Memoria de Buenos Aires– que en apretada síntesis compositiva refiere a un condenado en su último viaje a punto de caer al río mientras que, como otra cara de la misma moneda, aparece inserta en la escultura la imagen documental de Videla festejando los goles del Mundial de 1978.

El vasto grupo que constituía "Kinderspelen" –irónicamente inspirada en "Juego de niños" de Pieter Brueghel– se ofrecía en aquella muestra como la cruda representación del desamparo de las infancias que replica abusos e induce al consumo de sustancias para evadir la falta de cuidado de una sociedad que las margina, al tiempo que La portadora de la palabra mostraba la alienación de una koré –tal el modelo de la estatuaria griega citado por Distéfano– marcada a fuego por el enloquecedor producto del omnipresente y sesgado poderío mediático, replicado hoy al infinito por las redes en cuyo vórtice “post-verdadero” hay que aprender a navegar con espíritu equilibrado y el pulso firme de un piloto de tormentas.

“Kinderspelen”. Una de las 23 obras que llevó Distéfano a la Bienal de Venecia.

Ese “dar cuenta” del artista siempre encarnó en cuerpos, afligidos y afligentes, para encausar un urgente diálogo con la realidad, muy especialmente la argentina, aunque se vistiera de mito griego como el de la caída Ícaro, repetido miles de veces en los vuelos de la muerte, o de homenaje a un pintor consagrado por la historia del arte como Van Gogh, a través del cual advirtió cómo la soledad y la incomprensión puede conducir a la ruptura del equilibrio mental, preocupación de pavorosa actualidad.

El interés por esos cuerpos, por cada uno de esos seres que tan magistralmente supo representar a través de su pintura en los años 60 y enseguida con la acabada maestría alcanzada en sus esculturas en resina poliéster, lo convierten en un imaginero contemporáneo que cuenta una y otra vez la historia de una humanidad amenazada y amenazante.

Juan Carlos Distéfano en Bellas Artes.

Fue para él un imperativo ético reconocer esa vulnerabilidad e implicar sus causales en los poderes constituidos que no saben de convivencia ni de solidaridad, sino solo de ambición desmedida que somete para expoliar. Y esta convicción lo llevó a forjar una estética que no dejó de arrojar a la sensibilidad perceptiva y emocional los furores que en cada época se desatan, y darlos a conocer públicamente –aún en el mismo momento de la última Dictadura cívico-militar– con el propósito de que el shock de la mirada cimentara el camino que va de la identificación, a la compasión y a la amplificación de la conciencia.

Esta perspectiva lúcida e incisiva, nunca soslayó la cuota de poesía que señorea, por caso, en la serie de homenajes a grandes artistas argentinos como los dedicados a Víctor Cúnsolo, a Ramón Gómez Cornet, Fortunato Lacámera, Lino Enea Spilimbergo o a Enrique Policastro. De entre ellos es notable cómo transformó a "La Urpila", personaje protagónico de a una notable pintura de Gómez Cornet. Al pasarla a la tridimensionalidad escultórica Distéfano la actualizó convirtiendo a la humilde niña del interior profundo del país en una cartonera que fatiga las calles de Buenos Aires buscando el sustento y que carga en su carrito al mismísimo Obelisco, síntesis representativa de su migrante desarraigo.

"La Urpila", obre presente en la muestra En lucha con la materia, de Distéfano en Bellas Artes.

Su obra, desarrollada en más de 60 años, lo ubica entre los renovadores de la escultura argentina, en un Parnaso de notables no siempre bien comprendidos: Emilio Renart, Aldo Paparella, Alberto Heredia y su entrañable amigo Norberto Gómez, intensos compañeros de aventuras creativas que tenían como común denominador un insobornable espíritu crítico.

A todos ellos podría comprender aquella afirmación de Distéfano que decía que “Cada obra es un intento de vuelo.” Para en seguida aclarar que también lo es “…la historia del fracaso del intento, de encarnar en obra esa imagen que se busca palpando como ciegos o sonámbulos.” Y concluía indicando que “porque fracasamos o, al menos fracaso yo, es que se vuelve a intentar el vuelo.”

Con esta máxima in mente aceptemos la invitación del artista a ese vuelo remontándolo con él cada vez que enfrentemos una de sus obras. Será la manera de evocar al generoso y entrañable amigo que hemos despedido este fin de semana. La forma que tendremos como argentinos de evocar y valorar, en cuerpo y alma, la increíble vigencia de su precioso legado.

1 “Historia nacional de la infamia”, en Distéfano (catálogo exposición), Buenos Aires: Galería Ruth Benzacar, agosto-septiembre de 2006.

Adriana Lauria es Profesora e investigadora de la carrera de Artes de la UBA, miembro de la Asociación Argentina de Críticos de Arte (AACA) y coautora de Juan Carlos Distéfano (2008), Centro Virtual de Arte Argentino, http://www.cvaa.com.ar/02dossiers/distefano/ 03_intro_1.php


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