Desde que se jubiló, comenzó a notar una diferencia con el resto de sus amigos. Mientras muchos elaboraban listas de destinos por conocer, cursos por hacer o experiencias pendientes, ella nunca sintió la necesidad de preparar un plan para "aprovechar" esta nueva etapa.
Lejos de preocuparla, esa decisión le dio una tranquilidad inesperada. Hoy resume su forma de ver la vida con una frase contundente: "Soy la única de mis amigos que se jubiló sin una lista de cosas que hacer antes de morir, y todos piensan que me he rendido, pero en realidad nunca me he sentido tan bien porque ya no intento demostrar nada en mi vida".
Una rutina sencilla que la hace feliz
Sus días transcurren sin grandes aventuras. Se levanta temprano, lee el diario con calma, sale a caminar siempre por el mismo recorrido, cocina, dedica tiempo a la lectura y disfruta de las visitas de su nieta.
Hoy asegura que la mayor libertad consiste en elegir cómo vivir el tiempo sin responder a las expectativas ajenas. Foto ilustración Shutterstock.
Cuando describe esa rutina, reconoce que puede parecer poco emocionante para otras personas. Sin embargo, asegura que hace años no se sentía tan satisfecha con su vida cotidiana. Para ella, el bienestar ya no depende de acumular experiencias extraordinarias, sino de disfrutar plenamente las pequeñas.
Explica que durante más de cuatro décadas trabajó, sostuvo a su familia y buscó cumplir expectativas propias y ajenas. La jubilación marcó el cierre de esa etapa.
Por eso sostiene que ya no necesita seguir demostrando de lo que es capaz. Esa transformación coincide con investigaciones encabezadas por la psicóloga Laura Carstensen, que muestran que, a medida que las personas perciben que el tiempo futuro es más limitado, suelen priorizar los vínculos cercanos y las experiencias significativas por encima de la búsqueda constante de novedades.
Tener un propósito no siempre significa hacer más
Sus amigos suelen advertirle que debería mantenerse más activa, viajar o proponerse nuevos desafíos para evitar el deterioro asociado al envejecimiento.
La jubilación marcó el final de una etapa en la que sentía la necesidad constante de demostrar de lo que era capaz. Foto ilustrativa generada XAI
Ella reconoce que esas preocupaciones tienen fundamento. Diversos estudios muestran que mantener un propósito vital favorece la salud física y cognitiva durante la vejez.
Sin embargo, aclara que propósito y lista de deseos no son necesariamente lo mismo. Para ella, encontrar sentido puede consistir en disfrutar una caminata diaria, compartir tiempo con su familia o leer un buen libro, sin sentir la obligación de convertir la jubilación en una carrera por cumplir objetivos pendientes.
Descansar también puede ser una elección
Con el tiempo aprendió a diferenciar el descanso de la resignación. Reconoce que algunas personas abandonan proyectos por miedo o apatía, pero sostiene que ese no es su caso.
A pesar de lo que dicen sus amigos, refiere quedarse donde está y disfrutar de aquello que ya le hace bien.
Cada tanto vuelve a preguntarse si realmente desea emprender alguno de esos grandes viajes que sus amigos recomiendan. La respuesta, por ahora, siempre es la misma: prefiere quedarse donde está y disfrutar de aquello que ya le hace bien.
A los 73 años concluye que la verdadera libertad no consiste en hacer todo lo posible antes de morir, sino en sentirse libre para elegir qué vale la pena hacer y qué no, sin la necesidad permanente de impresionar a los demás.
Todavia no hay comentarios aprobados.