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Benoît Coquil: "Hay una comunidad psicodélica mundial que fui descubriendo"

Benoît Coquil: "Hay una comunidad psicodélica mundial que fui descubriendo"

El escritor francés presentó en la Argentina Cositas, una novela inspirada en el descubrimiento occidental de los hongos Psilocybe. Aquí, habla de su investigación, de la cultura p

Acá tenemos a Psilocybe, un discreto hongo que crece en una pradera mexicana, con “un simple sombrero marrón beige terroso”, que te hará reír incontrolablemente; las palabras crecerán en forma de tallos largos desde tu lengua y verás a tu corazón resbalar desde tu pecho hacia tus pies, para luego irse a pasear por fuera de tu cuerpo, sin dejar de latir. Las “cositas” de Benoît Coquil, estos pequeños “niños santos” mágicos, dieron la vuelta al mundo y encandilaron a los Beatles, a Jimi Hendrix, a Walt Disney y a muchos otros famosos y anónimos. Hay que decir que, a diferencia de otros psicotrópicos, este pequeño hongo no es ilegal y no produce adicción.

El escritor francés Benoît Coquil presentó en la Argentina Cositas. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.

Escritor, docente e investigador, y especializado en literatura latinoamericana y del Río de la Plata, más precisamente argentina, Coquil visitó el país, luego de pasar por Bogotá, para una serie de actividades que incluyen la presentación de su novela más reciente, llamada Cositas –título que alude a este tipo especial de hongo alucinógeno llamado Psilocybe, al que la chamana mexicana María Sabina, conocida en el pueblo de Oaxaca como la “señora sin mancha” o la “Semi Santa”, denominaba tiernamente sus “Cositas”.

Precisamente de eso trata este libro. Un buen día, Benoît paseaba por una tienda de recuerdos turísticos en Oaxaca cuando descubrió, entre remeras con las caras impresas del Che Guevara o de Frida Kahlo, una con el rostro de María Sabina, debajo del cual se podía leer: “Sacerdotisa de los hongos mágicos”.

De regreso en Francia, Benoît empezó a investigar y descubrió el micófilo mundo del banquero de Wall Street y alto directivo en JP Morgan en los años veinte y treinta, Gordon Wasson y su esposa Valentina, coprotagonistas de la obra, junto a nuestro amigo Psylocybe, claro.

Benoît Coquil es un joven de 37 años nacido en la Bretaña francesa, que estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, “Filo” como él mismo dijo. Habla un español argentino y es muy divertido escucharlo decir palabras como “trucho” o “ponéle”, pero, eso sí: con acento francés.

Antes de Cositas, el autor había escrito Buenos Aires n’existe pas, un ensayo literario que narra la estancia del artista vanguardista francés Marcel Duchamp en Buenos Aires entre 1918 y 1919, periodo en el que se autoexilió de Europa debido a la Primera Guerra Mundial. (Es famoso su comentario: "Buenos Aires no existe. Apenas una ciudad de provincia llena de gente rica sin el menor gusto").

Pero Benoît no piensa lo mismo: “Es divertido y extraño para mí volver a Buenos Aires, es familiar y nuevo a la vez”, dijo a Clarín, luego de posar para las fotos en plena avenida Callao.

–Así que pasaste por las aulas de Puan…

–Sí, exacto. Me gustó mucho. Es muy distinto de la facultad en Francia, mucho más politizada, me gustó mucho la manera que tienen los profes allí de abordar las cuestiones literarias. Al principio me sentía bastante perdido porque me faltaban muchas referencias. Sentí que el nivel estaba muy alto entre los estudiantes y teníamos muchísimas lecturas, como dos o tres libros por semana. Me pareció muy intenso.

–¿Hiciste amigos argentinos?

–Sí, de hecho, vivía en una gran casona en San Telmo, donde había mucha gente de todos lados, argentinos y europeos también. Me sorprendió que hay una admiración por la cultura francesa aquí, incluso con referencias que ustedes tienen que me superaba, me sentí acogido de manera muy cálida.

–Vamos a nuestras “cositas”. Y no te vas a salvar de la pregunta…

–La respuesta es sí. Lo probé.

–¿El psilocybe te hace adivinar el pensamiento? Pero, dejemos esa pregunta para el final… Llegaste de regreso a tu casa en Francia, después de aquel viaje iniciático en Huautla, Oaxaca, y te pusiste a investigar. ¿Qué encontraste?

–Leí la biografía que le hizo un etnógrafo a María Sabina que es muy completa, donde ella cuenta toda su vida desde de su niñez, empieza a tomar hongos a los seis u ocho años, o sea, muy temprano, de chiquita y los toma durante toda su vida, hasta los ochenta y pico. Me encontré con un montón de material de archivos, me superó la cantidad de información que encontré porque además descubrí que está todo muy accesible.

–¿Hay una especie de “club de fans” del psilocybe?

–Sí, sí, hay una comunidad psicodélica mundial que está ahí, como una organización subterránea que fui descubriendo, por ejemplo, me contactó la Société Psychédélique Française que es una organización muy seria, son gente que tratan de promover los psicodélicos y, entre otros, la psilocibina para usos terapéuticos.

–Pero no hiciste un ensayo sino una novela. ¿Cuánto hay de ficción en Cositas y cuánto de dato real?

–La ficción, yo diría que representa, ponéle, un 15%, algo así, 10% de las escenas y se trata sobre todo de las escenas muy íntimas de sueños. Cuando empecé a leer obras especializadas en micología, encontré la historia de los Wasson que son los primeros protagonistas del libro. Me parecieron tan novelescos como María Sabina y empecé a pensar que había que tratar esta historia de una manera novelesca. también. Traté de que se pudiera leer como una novela de aventuras con esa fluidez, con esa multiplicidad de personajes.

El escritor francés Benoît Coquil presentó en la Argentina Cositas. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.

–La experiencia de lectura es casi cinematográfica…

–Bueno, me alegra eso. Sí, de hecho, creo que escribo así, escribo de manera muy visual. Pensé muchas escenas de película cuando lo escribía. Además, es una historia muy visual, o sea, que este descubrimiento del hongo va a generar toda la generación psicodélica que fue de riqueza visual también en términos de portadas de discos, afiches de conciertos de rock…

–En tu historia, aparece el suizo Albert Hofmann, el descubridor del LSD… ¿Es verdad que la canción de los Beatles Lucy in the Sky with Diamonds refiere a esa sigla?

–Sí, está documentado. Esas canciones tan psicodélicas, incluso desde la música, como Strawberry Fields Forever, hay un montón de canciones super psicodélicas.

–Aparece Disney también: esa escena de Fantasía, donde unos hongos rojos bailan al ritmo de la Danza China de Chaikovski o la secuencia del ratón Mickey con las escobas infinitas, son muy psicodélicas…

–Sí, esas escenas tan icónicas. Tan terrible la de las escobas… Lo de Disney lo fui construyendo como una especie de hilo conductor, porque me enteré de que Walt Disney, como muchos otros, pudo haber pasado por el pueblo de María Sabina, Huaúcla de Jiménez, en la provincia de Oaxaca, no se sabe si es cierto o no, pero me interesó como anécdota. Empecé a pensar esa historia como una Disneylandización del mundo de alguna forma. Ese hilo conductor termina, en mi libro, con la escena de pesadilla de Wasson, que imagina que Walt Disney transformó el pueblo de María Sabina en un parque temático dedicado al hongo. De alguna manera, Huautla se transformó en un Disneylandia.

–María Sabina decía que, a través de sus “cositas” hablaba con Dios…

–Sí, eso hay que entenderlo dentro del sincretismo religioso de México y Mesoamérica, donde santos católicos y deidades autóctonas conviven en un sistema coherente. Ella relataba que desde niña los hongos se le revelaron como un poder de curación y comunicación: servían para encontrar objetos, anticipar hechos, conectarse con los que estaban lejos, casi como un teléfono espiritual. En su comunidad era una curandera permanente, alguien a quien todos acudían en busca de ayuda.

–¿Hay un interés de tu parte en resaltar la figura de Valentina Wasson?

–Sí, porque quedó totalmente ocultada por su marido, como tantas científicas del siglo XX. Ella era pediatra, la única con formación médica, y tuvo las primeras intuiciones sobre los usos terapéuticos de la psilocibina. Fue quien transmitió ese interés a Gordon Wasson, y me parecía necesario rehabilitar su papel.

–¿El mundo se dividía en micófilos y micófobos?

–Exacto, esa fue una de sus teorías más conocidas y extravagantes: que las culturas podían clasificarse entre amantes de los hongos y quienes los rechazaban. Incluso Lévi–Strauss retomó esa idea y la vinculó con la Guerra Fría, aplicándola a la división entre bloques políticos. Es una muestra de cómo los Wasson relacionaban todo con categorías culturales y políticas.

El escritor francés Benoît Coquil presentó en la Argentina Cositas. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.

–El libro fue un suceso. ¿Te esperabas semejante repercusión?

–No, para nada. El bisnieto de Gordon Wasson, que es documentalista, me contactó después de leer el libro. Está preparando un documental en París sobre toda esta historia, y me alegró mucho que la familia lo recibiera bien. Incluso Masha, la hija de los Wasson, una señora mayor, me escribió para decir que estaba contenta con la manera respetuosa en que traté a María Sabina y a sus padres.

–Ahora sí, ¿cómo fue tu experiencia probando el hongo Psilocybe?

–Lo hice con dos amigos en el campo, en Borgoña. No fue una experiencia violenta, al contrario: primero mucha risa, después momentos contemplativos e introspectivos. Lo más fuerte fue la agudización de los sentidos, veía mejor, con las pupilas dilatadas, y todo el jardín parecía transformarse en un mundo gigante y luminoso. Fue suave y agradable, me dejó ganas de repetir, aunque todavía espero las circunstancias adecuadas.


Benoît Coquil básico

  • Nació en Bretaña en 1989. Es licenciado por la École Normale Supérieure de Lyon, profesor asociado de español y profesor de Civilización y Literatura Latinoamericanas en la Universidad de Picardía.

  • Es autor de un ensayo literario, Buenos Aires n’existe pas (2021), y Cositas (Seix Barral, 2025) es su primera novela.


Cositas, de Benoît Coquil (Seix Barral)

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