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Nazareno Casero y su desnudo en el escenario: "Me divierte que el otro se incomode más que yo"

Nazareno Casero y su desnudo en el escenario: "Me divierte que el otro se incomode más que yo"

El actor y modelo encarna en teatro al personaje de la serie Bebé Reno. Recién separado y a los 40, cuenta cómo transita una nueva soledad.

Era apenas un niño cuando debutó actoralmente en Cha cha cha, aquel mítico programa de su papá, Alfredo Casero, y casi al instante hizo cine, donde luego por sus trabajos obtuvo premios.

Participó de dos mini series clave: Historia de un clan (sober los Puccio) y Maradona, sueño bendito.

Condujo varios ciclos con mucha soltura, llegó a incursionar incluso en el género revisteril, a formar parte de radio en streaming y recientemente lucirse en el escenario haciendo el unipersonal Bebé Reno, la versión teatral de la reconocida miniserie, que actualmente está de gira por el interior y por países limítrofes.

Nazareno Casero es un todo terreno, pero cultiva el bajo perfil como una virtud innegociable. Acaba de cumplir cuatro décadas. Se separó, después de siete años de relación, de la bailarina rosarina Carolina Puntonet. Un momento de su vida muy especial, que lo lleva a reflexionar sobre los grandes tópicos de la vida.

-Cumpliste cuarenta años recientemente. ¿Cómo te impacta el comienzo de una nueva década?

-Mirá, me pasa que recién ahora miro para atrás. Y la verdad, que hice tantas cosas: viajé, me puse de novio, me separé, volví, tuve un perro… Empiezo a pensar que no me siento cansado, ni con poca energía o no me duele el cuerpo. (Medita) Físicamente me siento bien, cognitivamente también. Haciendo terapia, llegué a la conclusión de que lo mejor es cambiar la mirada de provisión por una de previsión. Hoy tengo ganas, tengo fuerza, pero no sé qué pasará en diez años. No me gustaría llegar a los cincuenta pensando que desperdicié mi vida, las oportunidades.

-¿Cómo es eso?

-Leí una cosa que decía como que las metas del hombre eran ser un buen vecino, que no te molesten mucho y que el cuerpo no duela. Como cosas simples, en definitiva. No es que tengo grandes ambiciones, no tengo una mirada de que quiero cambiar cosas. Sí pienso empezar a vivir más para uno, y no para los otros. Casi sistemáticamente, desmarcarme de hacer cosas para que los otros vean o mostrar.

-¿Hiciste mucho para que los otros vean?

-Hay una cosa a la que no le puedo escapar, yo laburo para la mirada del otro, de alguna manera. Entonces puedo hacerme el boludo, pero es así. Yo tengo que entender que tengo que laburar para que el otro quiera venir a pagar una entrada y verme en el teatro, o en un programa, o me quiera contratar. (Hace un silencio) Hice casi todo lo que quise. (Piensa) ¿En qué voy a gastar mi guita, por ejemplo? Prefiero gastar en cosas efímeras que en cosas tangibles que guardás en un ropero, en una vitrina.

-¿Le das mucho lugar al dinero en tu vida?

-Sí, porque entiendo que el dinero lo podés cambiar por cosas, como la tranquilidad.

Nazareno Casero en la serie "Maradona: Sueño bendito", uno de los cuatro actores que encarnan al Diez.

-Decías esto de que trabajás para los otros. ¿Pero siempre enfocado en el trabajo?

-El laburo tiene un lugar preponderante para mí, porque de alguna manera es como mantenerte en movimiento, estar generando, estar haciendo... Es importante porque hay algo que me divierte, el desafío, la cosa de cumplir. Lo hago hace mucho tiempo y la verdad que nunca me ha costado. O sea, no solo laburo por necesidad, sino también porque a veces me da culpa rechazar un trabajo que me gusta.

-¿Y eso está relacionado con el temor a quedarte sin nada? ¿O de la culpa de si no aceptás?

-Sí, en algún momento yo decía una cosa que era: “Si no honrás la buena suerte, te generás mala suerte”.

-¿Tenés dificultades para decir que no?

-Con el tiempo aprendí a decir que no. Me ha costado de a momentos por ahí... Pero en estos momentos es recontra placentero poder decir no. O sea, me interesa el dinero porque básicamente puedo hacer lo que quiera, y mientras más dinero tenés, en teoría más cosas podés hacer. Ahí también esta cosa de la culpa, ¿viste? Cómo ser consciente, de golpe no ostentar, ser cuidadoso…

-En esto que hablás del dinero: ¿hay alguna relación con posibles carencias que tuviste de chico?

-Sí, nací en el Hospital Piñero, vivíamos en Piedra Buena, después en Parque Patricios, luego en Moreno. No sobraba. Creo que me hizo ver desde otra perspectiva todo. Cuando me compraba un auto caro o algo así, mi viejo me boludeaba. Me decía: “¿Qué sos? ¿Futbolista?”.

-¿Pero sentís haber padecido privaciones realmente?

-No fue que hubo una caída a la carencia, sino que fue al revés. Fue como movilidad ascendente, digamos. No fue que nací con dinero, sino pobre y después con el laburo de mi viejo y que empezó a andar bien con De la cabeza y después en Cha cha cha ahí las cosas cambiaron. Y yo ya arranqué a laburar. De muy chico empecé a disponer de dinero porque me pagaban por lo que laburaba a los nueve, diez años y me compraba lo que quería.

-¿Cómo viviste la experiencia de trabajar de tan niño?

-Si pudiese repetir la experiencia, laburaría tal vez de una manera más consciente, y no esto de “Si sucede , conviene” (sonríe). Mirá, cuando tenía 15 años estaba laburando, pero relativamente poco y no quería ser conocido. No sé qué estaba pensando: que trabajar como actor quizás era un mandato por mi papá.

Nazareno junto a su papá, Alfredo Casero, trabajando juntos.

-Y en esa etapa, hablamos de la adolescencia, justamente viviste poco con tu papá, ¿no?

-Mis viejos se separaron por primera vez cuando yo tenía seis o siete años, después se juntaron, estuvieron un tiempo y se volvieron a distanciar cuando yo tenía ocho o nueve. Me fui a vivir con mi vieja hasta los quince, ponele. Y yo hacía quilombo y ella un poco se hartó y me tuve que ir a lo de mi papá. Y yo me fui y me quedé ahí un par de años con él. Cuando yo tenía dieciocho, me fui a vivir solo, pero mis padres me ayudaron. La verdad, que no fue que me echaron, sino como que me acompañaron a la independencia. Yo estaba laburando, tenía la posibilidad. Y fue alucinante, la verdad que la pasé muy bien y de golpe mi casa era previa, after, todo divertidísimo (ríe).

-¿Y te gusta vivir solo actualmente?

-Sí. (Medita) Pero sí, la verdad que vivir solo es una gran cosa. Sólo soy un solitario, no es que estoy solo, que no tengo con quién hablar, que nadie me quiere. O sea, no me tiembla el pulso en decir: “No, amigos, me quedo en casa solito”. Tengo un mundo interior, agarro a la gatita y al perrito y ya. O sea, no es lo mismo estar solo que ser solitario.

-¿Y qué disfrutás de lo solitario?

-Poder hacer absolutamente lo que quiera sin tener que estar pendiente de si el otro está bien. Cuando yo estoy en pareja sí soy muy servicial, saber si ella tiene frío, calor, si quiere comer, o sea, no me es indiferente.

-Claro, no te quedás en tu individualidad.

-Claro. Mirá, el otro día volví y no me podía dormir y de golpe eran las cuatro de la mañana, tenía que descansar pero no tenía sueño. Me puse a ordenar y a cambiar todo de lugar, todo en silencio para que no se despierten los vecinos. Esperando que sean las siete y media para agujerear…

-¿Y en esto de compartir con vos mismo hay algo de conexión con la espiritualidad?

-Me voy a hacer un poco el profundo. ¿Conocés el Dios de Baruch Spinoza? Fue un filósofo judío de 1600 viviendo en Ámsterdam, de familia de portugueses que fueron echados de España en la Inquisición. Decía esto de si no podés ver a Dios en las montañas, en un amigo, en el mar, qué sé yo, ¿qué tenés que ver? Y yo creo que no tengo las herramientas para no creer. El año pasado hice el camino de Santiago de Compostela con el perro y antes, la Peregrinación a Luján. Ojo, no sé la liturgia de la iglesia, no la conozco tampoco, no va por ese lado, pero sentí algo.

-¿Y cómo fueron esas vivencias?

-En Compostela me encontré bastante conmigo mismo. Y la primera noche con mi perro dormimos en la puerta de una iglesia en una bolsa de dormir, porque estaba todo cerrado y hacía un frío bárbaro. La segunda noche en una parada de taxi porque tampoco había alquilado nada, qué sé yo. Y fue como, esto de decir: “Gracias, Dios, por todo lo que me das”. (Piensa unos segundos) Alguna vez me fui a bucear solo y me podía haber cagado muriendo. Pero ésa es mi libertad, ¿entendés?

-¿Alguna de esas locuras las aprendiste de tu papá?

-Bueno, creo que bastante, porque me ha llevado arrastrado a locuras que yo de chico, no teniendo el lóbulo frontal y neocórtex desarrollado, no entendía los peligros que podía conllevar, pero sí, un poco sí.

-¿Y qué sentís que heredaste de él?

-Como que me abrió la puerta a un medio, a un laburo. Después la tenés que mantener abierta vos. O sea, durás un poquito porque sos el hijo de… Me ha dado herramientas y me ha metido en un mundo en el cual me dio más satisfacciones que amarguras y yo creo que él me ha abierto más puertas de las que me ha cerrado. Antes me decía: “Si te mandás una cagada… te pego como a un desconocido”. Nunca en la vida me levantó la mano, me dio una patada en el culo nada más. Mi vieja me dio algún bife cuando era chico, pero porque también yo era tremendo. Pero nunca me fajaron, ¿viste? Nunca hubo eso.

Nazareno Casero hace Bebé Reno en el Paseo La Plaza. Foto: Martín Bonetto.

-Te llevo a otro lado, hablando por ahí de esta soltura tuya, de estar en lugares así, exploratorios con vos mismo. En Bebé Reno te desnudás en cada función en el escenario. ¿Cómo te llevás con tu cuerpo?

-No, no tengo problema con mi cuerpo. Me da vergüenza que se me vea mal. Por ahí, mostrarme desnudo y que se me vean las partes que no son estéticas.

-O sea, no te podés entregar del todo a esa desnudez.

-Sí, pero pienso en que algo estético tiene que haber. Si no, es hacer OnlyFans que... No me resulta... Lo pienso y todo el mundo me pregunta: ¿No se te ocurrió? (ríe).

-Ah lo pensaste…

-Pienso que en algún momento va a pasar que será tipo: “¿No tenés OnlyFans? ¿no hiciste porno?” No, todavía no va, pero tenés que hacer, ¿entendés? Como en un momento ya las cosas van a estar, me parece, tan corridas de eje que va a ser como, si éste es mi Instagram, mi Twitter, este es mi OnlyFans, ¿entendés? Como, no sé si en algún modo, pero...

-¿Pero hay algo que te incomoda de la mirada del otro, hablando un poco de lo que conversamos al principio, o satisfacer al otro de algún modo en esa observación?

-Me divierte que el otro se incomode más que yo. Y de golpe, bueno, no sé, y es tan simple como en un momento decir: “¿Me bajo los pantalones?”. Listo, me los bajo, ya está. Y se rompió esa tensión que podía haber. Y sí, te pueden mirar un poco, pero se rompió, ya está, no pasa nada.

-Por otro lado, además de ser solitario también se nota que cultivás perfil bajo en general ¿no?

-Es cierto que no tuve una exposición tal como algunos personajes de la farándula que sí la han tenido y que por ahí no lo pueden llegar a controlar porque empieza a ser una fiebre y una cosa muy poderosa. He tratado de construir el perfil bajo, sí. Y creo que eso también se da, porque he tenido de muy chico la referencia de mi viejo, entonces he podido ver un poco un simulacro de cómo puede ser lidiar con gente y que no sea yo el sujeto de atención.

-Al principio hablaste en un momento de tu terapeuta. ¿Cómo ha sido tu recorrido terapéutico en general? ¿Qué lograste explorar de vos?

-Tuve un par de terapeutas. Tuve una psicóloga, y ahora mi analista. Y la verdad que me parece que tengo mucha gente con la que puedo hablar, y muy poca que me interese realmente lo que pueda llegar a decirme por la manera que ve el mundo. En cambio, alguien que tiene una mirada profesional puede decir: “Esto que estás diciendo no está bien” o al revés. La mirada de alguien autorizado desde el conocimiento para mirar un poco en perspectiva. No siempre te alcanza con amigos.

Nazareno Casero vive solo desde los 18 años. Foto: Martín Bonetto.

-Claro, pero aparte son espacios que no tienen que ser una bajada de línea, sino que vos te aprendés a escuchar…

-Como decía antes, cambiar provisión por previsión. Una persona con autocrítica puede corregirse. Tengo la suerte de no tener ni grandes traumas, ni grandes situaciones graves, ni nada, pero... A veces una iluminadita en el camino, creo que está bien.

-Y me imagino que, más que nunca, este espacio te debe acompañar a la separación que viviste con tu pareja hace muy poco, ¿verdad?

-Es que vivo la separación con tristeza, porque no fue que se terminó el amor, sino que en un momento ella hacía su carrera afuera, y había incompatibilidad de situaciones. Más allá de que hay amor y nos queremos, nos gustamos y nos deseamos, empecé a ser un peso para ella.. Y no quiero eso, si ella tiene su vida. Y un día lo hablamos y fue como: “Bueno, creo que va a ser lo más sensato separarnos”. Y de alguna manera estoy duelando todo eso, y me da tristeza abrir un cajón y encontrarme con una foto juntos. Fueron siete años, fue un montón de tiempo. Fue muy lindo, los dos crecimos un montón, aprendimos mucho, nos acompañamos pero es doloroso...

-Así que estás atravesando el duelo, ¿no?

-Y la verdad que sí. Insisto, al no haber habido una ruptura por enojo o por bronca. Es como que duele, molesta y qué sé yo, pero, bueno, también es entender que fue una decisión tomada, bien meditada.

-¿Sentiste alguna vez la finitud de la vida?

-Es gravísimo lo que voy a decir, pero tomé conciencia real de lo que puede ser la muerte con la partida de mi perro, que tuve por diecisiete años. Debe ser porque lo vi morir, lo tuve que sacrificar. Ya estaba mal y lo tuve que poner a dormir. (Medita) Como que no pienso en dejarle ni las sobras a los gusanos, ¿entendés? Pienso en gastarme toda la vida, ¿viste? (Piensa) Ojalá haya algo después, que exista algo. Quizás un premio por haber hecho las cosas bien, reencarnar…

-¿Fue tu primer contacto real con la muerte?

-Se murieron mis abuelos antes. Pero, bueno… Miro las fotos de mi perro… Y a veces soy medio sangre de pato con esas cosas, ¿viste? Por ahí es un poco coraza, por ahí es un poco de verdad.

-O no querer conectar con esas emociones.

-Es que lo lloro, pero ahora no lo quiero hacer acá con vos, pero digamos, es como: “Dale, ya está, listo, enterralo” (lo dice con los ojos llorosos).

-Igual, tu emoción está ahora en vos…

-Sí, sí… Tengo un lugar en donde está el perro que tiene su osario. Y ahora solamente está en el recuerdo. Lo que queda ahí es un envase.

-Hablando del recuerdo, dentro de muchísimo tiempo, ¿Cómo te gustaría que te recordaran?

-(Suspira) Ojalá que me recuerden y que se rían, que cuenten anécdotas de qué hijo de puta que era (sonríe). Espero que mi funeral sea divertido. Que lloren, si tienen que llorar, pero que la pasen bien. Si no, yo creo que no valió la pena nada.

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