22/07/2026 08:09
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"Algo pasó en la final": explican cómo se arman las teorías conspirativas y por qué muchos se aferran a ellas

"Algo pasó en la final": explican cómo se arman las teorías conspirativas y por qué muchos se aferran a ellas

En horas posteriores al partido contra España explotaron en la Web las versiones sobre situaciones supuestamente extrañas. Qué elementos hacen falta para que estas teorías prendan

Tras los primeros instantes de dolor por la derrota en la final del Mundial frente a España, la gente -no sólo los argentinos- tomó dos posturas diferenciadas. Por un lado, aquellos que racionalmente aceptaron el segundo puesto porque el equipo europeo simplemente había jugado mejor; por otro, los que empezaron a buscar elementos para sembrar sospechas con una idea machacante: “Algo pasó”.

No será la primera ni la última vez que ante un hecho de gran relevancia pública surgen teorías conspirativas: ¿La princesa Diana murió accidentalmente al huir de los paparazzis o fue víctima de un complot de la familia real británica? ¿Neil Armstrong caminó sobre la superficie lunar o aquello era un set cinematográfico? ¿Bin Laden derribó las Torres Gemelas o el atentado fue un complot de la CIA? ¿Yabrán murió realmente o su suicidio fue un montaje para huir de la Justicia?

Casi todo gran acontecimiento de la cultura moderna parece tener como correlato su teoría conspirativa. Algo es seguro: son historias de gran atractivo, mucha gente las consume, las comenta y las retroalimenta. En esta época de redes sociales, cuando lo que más importa es la cantidad de visualizaciones y de likes, esas historias -más o menos verosímiles- se convierten en contenidos hechos a medida del formato.

El riesgo es la desinformación y el consiguiente impacto a largo plazo en la vida de las sociedades. Un ejemplo: según el famoso psicólogo social británico Patrick Leman, “hay encuestas que han revelado que el 20 por ciento de los afronorteamericanos creen que el VIH fue creado en un laboratorio por el gobierno de Estados Unidos para restringir el crecimiento de la población negra. La gente que cree esa teoría también tiende a ser más escéptica respecto de los mensajes sobre salud del gobierno que afirman que los preservativos pueden detener la transmisión del sida”.

Buzz Aldrin y Neil Armstrong ensayan para el alunizaje, en 1969. Foto: NASA

Otro tanto ocurrió durante la pandemia de Covid, cuando las teorías conspirativas fueron desde el modo en que el virus había comenzado a diseminarse en China para luego propagarse por el planeta, hasta los supuestos efectos de no deseados de las vacunas. Aquí, como con el VIH, esas sospechas infundadas también alimentaron los discursos antivacunas y el rechazo de una parte de la gente a protegerse contra la enfermedad, al quedar atrapada en las telarañas de ese temor.

El "hombre imán" alimentó el discurso antivacunas en el Congreso argentino.

Elementos para una teoría conspirativa

¿Pero qué hace falta para tejer una teoría conspirativa? Leman aporta algunos elementos indispensables: para empezar, un acontecimiento importante; luego, información cuidadosamente seleccionada que se pueda entretejer para lograr una historia convincente; y finalmente, crear incertidumbre -aquí aparece el rol clave de las redes- mediante la ampliación exponencial del círculo de conspiradores.

El auto en el que murió Lady Di a fines de octubre de 1997. Foto: AP

En el caso de la final del Mundial, el acontecimiento deportivo una vez concluido comenzó a ser minado por una serie de datos supuestamente extraños para esmerilar la confianza sobre el relato oficial, esto es, que España le había ganado a la Argentina en buena ley. Entonces salieron a rodar las piezas del rompecabezas: imágenes del precalentamiento de Messi sin embocarle al arco una sola vez; la arenga a la salida del vestuario antes del primer tiempo con el viralizado “olvídense de todo”; la arenga previa al segundo tiempo, esta vez del "Dibu", con el "para atrás juegan los cagones"; las incredulidad por la prematura lesión de los dos centrales; el supuesto pique a medias del capitán argentino en un mano a mano con el arquero español. Y así más carnadas que sirvieron para pescar internautas.

El momento en que Lionel Messi habla en la antesala del vestuario de la Selección. Foto: captura de video

A veces, el contexto predispone o sugestiona más de la cuenta para que la teoría conspirativa prenda mejor en los potenciales receptores. En el caso del partido del último domingo, todo ha quedado enmarcado por la denominada “campaña antiargentina”, en la que varios canales y sitios de noticias, en este caso en base a hechos concretos, se vienen preguntando “¿Por qué nos odian?”, lo que alimentó el círculo de victimización ya no desde el margen de un posteo de TikTok, sino desde la centralidad del discurso periodístico.

¿Pero cuál es el proceso mental que contribuye a creer en estas teorías conspirativas y a considerar la posibilidad -sin evidencia alguna- de que lo ocurrido dentro de la cancha haya obedecido a un "apriete" disciplinador por haber exhibido la sábana con la leyenda reivindicatoria de la propiedad argentina de las Malvinas tras el triunfo ante Inglaterra? Según Leman, uno de estos procesos consiste en una manera de pensar que se denomina "acontecimiento importante-causa importante". Eso significa que mucha gente tendería a asumir que un hecho con consecuencias significativas tiene que haber sido causado por algo también significativo.

De otro modo, los acontecimientos importantes con causas menores o mundanas -el asesinato de JFK realizado por un hombre armado solo y mentalmente alterado, o un equipo de fútbol ganándole a otro fundido- “enfrentan a las personas a una relación caótica e impredecible entre causa y efecto”, dice el experto y agrega: “La inestabilidad nos incomoda, preferimos imaginar que vivimos en un mundo seguro y predecible”.

Por otro lado, aparece el sesgo de confirmación. Numerosos estudios ya han demostrado que, en general, la gente presta más atención a la información que se ajusta a sus creencias previas. Así, aquellos que históricamente han considerado a la FIFA y a Estados Unidos como potenciales enemigos poderosos con intensiones siniestras, tenderán a comprar más fácilmente la teoría de turno bajo el frágil mandamiento de la época: “No tengo pruebas, pero tampoco dudas”. Como si el solo hecho de pronunciar esa frase fuera suficiente.

PS

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