“Nosotros cambiamos las tres ‘C’ que corresponden a la calle, cárcel y cementerio, por colegio, capilla, club” –dice Leandro de la Comunidad San José– La idea es cambiar la idea de las personas que sufren, ayudarlas a mejorar si eso quieren hacer, o convencerlas de que es el mejor camino a tomar”.
“Merlina y Vicky” es un centro barrial de la Comunidad de San José, que se encarga de ayudar a mujeres vulnerables en La Matanza, flageladas por el consumo adictivo de drogas y por la violencia: “Para apoyar a las mujeres del barrio decidimos abrir centros para ellas, como el de ‘Madre Teresa de Calcuta’, ‘Guadalupe, Luján’, ‘Inmaculada Concepción’ y ‘Merlina Vicky’, explica Leandro.
La Comunidad de San José nació en 4 barrios de La Matanza que estaban asolados por el narcotráfico y la violencia, el barrio 17 de marzo, el 17 bis, San Petersburgo y Puerta de Hierro: “Lo primero que recuperamos fueron a los chicos y chicas de los pasillos, los que robaban o pedían para conseguir una dosis más –dicen desde la fundación– Luego quisimos darle vida a las capillas de cada barrio y construir un sistema educativo que se base en la pedagogía de la presencia”.
La comunidad San José.
Hoy, la fundación presidida por el Padre “Tano” Angellotti ofrece carreras terciarias, formación profesional, escuelas primarias y secundarias de adultos, además de profesorados para la comunidad. Y cuenta con natatorios, centros de salud, Hogares de Cristo (para recuperación de adicciones) y hogares de abuelos: “Nuestro lema fundacional, y que se ha expandido a lo largo del tiempo es el de ‘4 barrio, una sola familia’”, añaden desde la comunidad.
“Cuando empezamos con la comunidad notamos que Puerta de Hierro era una estación de Paco. Un montón de personas hacía detener el tren para comprar paco, y luego volvían a él para consumirlo –recuerda Leandro– Los niños, antes de recibir un juguete, recibían una pipa para fumar pasta base. Ese panorama cambió mucho desde que fundamos la comunidad”.
Sin embargo, la fundación notó que debían ayudar a las personas que ya tenían la adicción adquirida dentro suyo: “Llegar a los niños no es tan difícil, ya que si les das un lugar de contención, suelen olvidarse de su adicción –asegura Leandro– El problema es con las personas mayores que son adictas hace muchos años”.
Inauguración del centro Merlina y Vicky.
Por esa razón, comenzaron con los dispositivos de Cristo: pequeñas células de la comunidad que se encargan de ayudar a personas con adicciones: “Al principio nos concentramos en los hombres adictos, ya que ellos eran los que se acercaban. Pero luego notamos que muchas mujeres tenían el mismo problema, pero soluciones diferentes”, cuenta Leandro.
Desde la comunidad explican que ayudar a un hombre a superar sus adicciones tiene un método diferente al de las mujeres, ya que los dos viven realidades diferentes: “Las mujeres suelen tener obligaciones con niños, y muchas veces suele vivir en situaciones violentas en sus propios hogares –aclara el integrante de la comunidad– Por eso creamos espacios únicamente para mujeres”.
El espacio “Merlina y Vicky” es uno de ellos, y su nombre es en honor a dos mujeres que se recuperaron dentro del lugar y luego volvieron para ayudar a otras mujeres con problemas de adicción: “Fallecieron debido a las consecuencias físicas que le dejó su pasado. Pero recordarlas como un caso de esfuerzo y superación es lo que hace que la fundación muestre su efectividad y compromiso con la comunidad”.
Hogar donde las mujeres pueden mejorar y ayudarse mutuamente.
Alrededor de 200 mujeres se alojan dentro de los centros de contención especializados de la Comunidad San José, y “Merlina y Vicky” es uno de los pilares que ayudan a distintas personas con problemáticas que parecen imposibles de solucionar, para que luego de recuperadas puedan estudiar o volver para ayudar.
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