La lampalagua es una de las serpientes más grandes que habitan de manera natural en Argentina y puede alcanzar cerca de tres metros de longitud. También conocida como ampalagua o boa de las vizcacheras, vive en regiones secas del centro y norte del país.
Uno de los registros científicos más llamativos ocurrió en la Sierra de Guayaguas, en San Juan, donde investigadores observaron en libertad a un ejemplar adulto de aproximadamente tres metros. El animal estaba oculto debajo de un arbusto, mientras esperaba el momento para capturar a un ave.
Pese a su tamaño, la lampalagua no es venenosa. Como otras boas, inmoviliza a sus presas mediante constricción y actualmente está amenazada por la pérdida del bosque nativo, la captura ilegal y la persecución.
Cómo es la lampalagua
Su nombre científico es Boa constrictor occidentalis. También se la conoce como ampalagua o boa de las vizcacheras y es la única representante del género Boa presente naturalmente en Argentina.
La lampalagua no es venenosa: captura a sus presas mediante constricción.
Como las demás boas, no utiliza veneno para capturar a sus presas. Se enrolla alrededor de ellas y las inmoviliza mediante constricción.
El estudio realizado en San Juan registró a la lampalagua atacando desde una posición de espera. El ejemplar permaneció oculto bajo la vegetación hasta que un ave pasó cerca del lugar.
Dónde vive en Argentina
La especie está asociada al Chaco Seco, el Monte y el Espinal. Su distribución también comprende el sur de Bolivia y el oeste de Paraguay.
La lampalagua depende del bosque nativo para cumplir funciones esenciales. Utiliza ese ambiente para regular su temperatura corporal, reproducirse y desplazarse entre diferentes sectores.
Por ese motivo, no alcanza con comprobar que todavía existen ejemplares en una región. Las modificaciones del ambiente pueden afectar la reproducción y la conexión entre sus poblaciones antes de provocar su desaparición local.
Por qué está amenazada
La Asociación Herpetológica Argentina mantiene a la lampalagua dentro de la categoría de especie amenazada en el país. Entre los principales problemas señala la deforestación, que fragmenta el hábitat y puede aislar a sus poblaciones.
La boa también fue explotada históricamente por su cuero. Aunque su caza está prohibida, continúa expuesta a la captura ilegal para ser utilizada como mascota y a la persecución de quienes la consideran una amenaza para los animales de corral.
La pérdida y fragmentación del bosque nativo es una de las principales amenazas para la especie.
Una resolución nacional prohíbe la exportación, el tráfico interprovincial y la comercialización en jurisdicción federal de ejemplares vivos y subproductos de esta boa.
Los especialistas recomiendan controlar la deforestación, proteger los remanentes de bosque y establecer corredores ecológicos que permitan mantener conectadas sus poblaciones en la región del Gran Chaco.
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