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Hugo Cohen: “Los hospitales psiquiátricos deberían ser reemplazados por centros de atención en cada barrio”

Hugo Cohen: “Los hospitales psiquiátricos deberían ser reemplazados por centros de atención en cada barrio”

Entre un 70 y un 80% de la población que tiene algún padecimiento de salud mental no recibe atención, señala en este entrevista un referente principal de la psiquiatría en la Argen

“Los hospitales psiquiátricos impiden una mejoría en la salud mental de la población. Son parte del pasado. Deberían ser reemplazados por centros de atención en cada barrio o comuna, para así también ayudar a los familiares del paciente”, le dice a Clarín el psiquiatra Hugo Cohen, autor del recientemente publicado libro Al margen de la Ley de salud mental - Crónica de su implementación en Argentina.

En estaentrevista, Cohen, un reconocido referente de la psiquiatría (fue asesor regional de salud mental de la OMS y la OPS, además de participar en procesos de reforma psiquiátrica en Argentina y América Latina), explica por qué es fundamental la aplicación de la Ley de Salud Mental 26.657, considerada “modelo para la región” y sancionada hace casi quince años, pero aún sin reglamentarse.

-¿Cuál es la situación actual de la salud mental en Argentina?

-El contexto no es distinto al de muchos países de la región. Hablo desde los datos que tienen la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud. O sea, hay una fuente objetiva y al alcance de quienes quieran acceder a los datos. Los trastornos mentales, o el padecimiento mental, se encuentran entre los cinco principales problemas de salud pública en el mundo, junto con la hipertensión, la diabetes, los tumores malignos y las enfermedades pulmonares obstructivas crónicas. Además, se estima que entre un 70 y 80% de la población que tiene algún padecimiento de salud mental no recibe atención. Cifras realmente elevadas.

-Todo esto en el marco de un presupuesto mínimo...

-En Argentina el presupuesto no supera el 2% de lo que se destina a salud. Un sistema de atención pensado fundamentalmente para hospitales psiquiátricos o colonias psiquiátricas. Está demostrado científicamente que no son el instrumento para, de acuerdo al desarrollo de la ciencia, resolver las necesidades de la población. En Al margen de la Ley de salud mental trato estos cuestionamientos.

-Según la OMS, la Ley de Salud Mental 26.657, de la que usted fue y es impulsor, es un modelo para la región. ¿Por qué no se aplica?

-Tras quince años de existencia su impacto es pobre porque su artículo 32, que determina el presupuesto, no está reglamentado ya desde sus comienzos. Hay un proyecto del Ejecutivo que apunta a derogarla. Su implementación depende de una decisión política. El problema es que al no aplicarse, no se puede evaluar, saber qué cosas anduvieron bien y cuáles no. Ni un solo hospital psiquiátrico fue sustituido en el país durante estos 15 años, tal como lo establece la Conferencia de Panamá de 2010. Además, de siete censos de personas internadas se hizo uno solo, en 2018. Y la actualización en la formación de los profesionales no se concretó.

-La salud mental suele estar minimizada, ¿no? Muchas veces se le dice a quien la padece que todo se resuelve con actitud.

-Ese es uno de los ejes en los que hay que trabajar: la sensibilización de la población. Reconocer que ciertas actitudes no tienen que ver con, digamos, vagancia, sino con un padecimiento que debe ser tratado. Eso requiere de campañas y medidas para que se reconozca el problema. Debemos agregar el peso de los determinantes sociales de la salud mental, como la desocupación; la deserción escolar o la violencia contra los niños.

-Pero tampoco hay políticas para acercar a la población a la salud mental.

-Al no haberse creado centros de atención de salud mental en los barrios, en las comunas o en las guardias de los hospitales generales, para mencionar algunas de las iniciativas, se hace muy difícil la sensibilización, porque el cambio se da fundamentalmente en el plano de la práctica: las personas cambiamos las actitudes cuando vivimos algo distinto. Si una persona tiene una crisis y la ambulancia la lleva al (Hospital) Borda o al (Hospital) Moyano, lo que queda es el estigma, el prejuicio. Si en cambio a esa persona se la traslada al hospital del barrio o al hospital general cercano, todo cambia por el solo hecho de que el paciente tendrá otras opciones para atenderse. Hay que lograr que las personas se atiendan en sus contextos habituales en vez de verse obligados a trasladarse de un lado a otro. Científicamente está demostrado que cuanto más cercana del lugar habitual de vida y trabajo de la persona es la atención, mejor será su evolución y más pronta su recuperación.

-En su libro, Usted cuestiona el funcionamiento de los hospitales psiquiátricos tradicionales.

-De eso se trata la desmanicomialización: incluir la salud mental dentro de las políticas generales de salud. Quiero decir: en las guardias, en las urgencias, en las salas generales, en la atención primaria, en todos los dispositivos de salud que haya y a donde cualquiera acude cuando tiene alguna necesidad, tiene que haber atención de salud mental. Suena duro y difícil, pero esto es así y ha sido así en todos los países del mundo que se impulsó lo que se llama la reforma psiquiátrica, una recomendación a partir de la Conferencia de Caracas (Venezuela, en 1990, Conferencia Regional para la Reestructuración de la Atención Psiquiátrica en América Latina). Allí se planteó que los hospitales psiquiátricos dejen de existir porque en muchos casos se generan violaciones a los derechos humanos y fundamentalmente insumen enormes cantidades de recursos que no condicen con las respuestas que dan. No son eficaces. Estos grandes hospitales ya no resuelven, ya no funcionan. Hay que crear un nuevo sistema. El sistema tradicional servía hace 100 o 150 años, pero hoy existen otras respuestas eficientes. Por ejemplo, y como decía antes, la creación de centros de salud mental en los barrios y en las comunas.

-¿Ir a los barrios, entonces?

-Claro: hay que hacer el camino inverso: acercar la salud mental a las personas, a los barrios, apoyar a las familias, dar cursos de psicoeducación, de grupos de ayuda mutua, formar una red de respuestas. Reorientar y reconvertir los millones que van a los hospitales psiquiátricos para estos centros en los barrios, en las comunas y en los hospitales generales, además de incrementar el presupuesto, porque con el actual tampoco alcanzaría. Los países que lograron transformaciones hicieron eso. No hace falta ir a Europa. Esos cambios se pueden ver en Chile, Brasil y Perú. Y en nuestro país tenemos el ejemplo de Río Negro, donde fui Jefe del Departamento de Salud Mental de esa provincia de 1985 al 2000, cuando redactamos un proyecto de salud mental. Ese modelo sigue vigente. No hay hospital psiquiátrico, y es la única provincia argentina en la que está prohibido el electroshock. Además, todos sus hospitales generales atienden la problemática de la salud mental igual que cualquier otra demanda de salud. O sea, si hay una urgencia no se preguntan si es cardíaca, pulmonar o depresión. Se atiende a todos.

Señas particulares

Hugo Arnaldo Cohen es médico especialista en Psiquiatría. Dictó más de 200 conferencias en países de América y Europa. Durante la dictadura fue perseguido tras fundar y presidir la Comisión Nacional de Médicos Residentes. Fue Jefe del Departamento de Salud Mental de Río Negro entre 1985 y 2000. Desde 1996 es consultor de la OPS y de la OMS, por lo que vivió en El Salvador, Washington DC y México. Desde 2006 es asesor subregional en Salud Mental para Sudamérica. Autor de “Al margen de la salud mental” (Lugar Editorial, 2025).

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