Una canción llega a determinado acorde, entra una voz o aparece un cambio inesperado y, de pronto, la piel se eriza. Algunas personas describen incluso un escalofrío que recorre la espalda, aceleración del corazón o una emoción difícil de expresar con palabras. No todo el mundo experimenta la música de esa manera.
En 2016, investigadores de la Universidad de Harvard y del Centro Médico Beth Israel Deaconess investigaron qué podía explicar esas diferencias individuales.
En el estudio, analizaron primero cuestionarios de 237 personas sobre sus respuestas emocionales a la música. Después seleccionaron a 20 participantes para una prueba más detallada: diez que experimentaban escalofríos musicales con frecuencia y diez que disfrutaban de la música, pero rara vez tenían esa reacción.
Cada persona llevó varias canciones que le resultaban particularmente importantes. Durante la prueba escuchó fragmentos de esas piezas y música de control mientras los investigadores registraban su respuesta fisiológica y examinaban mediante imágenes cerebrales las conexiones de materia blanca.
Qué diferencia a quienes sienten escalofríos con la música
Los participantes propensos a los escalofríos mostraron una mayor conectividad de materia blanca entre regiones auditivas y áreas implicadas en el procesamiento emocional y social, entre ellas la ínsula anterior y la corteza prefrontal medial.
Los escalofríos musicales tienen una respuesta fisiológica real detrás.
La diferencia también aparecía en el cuerpo. Cuando quienes pertenecían al grupo de los escalofríos escuchaban sus canciones favoritas, presentaban cambios medibles en la frecuencia cardíaca y la conductancia de la piel. Y cuanto mayor era la conectividad de determinadas vías cerebrales, más intensa tendía a ser la respuesta fisiológica ante la música.
Los autores interpretaron estos resultados como evidencia de que algunas personas poseen una comunicación más fuerte entre los sistemas encargados de escuchar el sonido y aquellos que participan en la emoción y la recompensa. Eso ayuda a explicar por qué una secuencia de sonidos puede provocar una reacción física tan intensa.
El estudio no demostró que quienes sienten escalofríos con una canción experimenten todas las emociones de la vida con mayor intensidad. Lo que encontró fueron diferencias individuales en la sensibilidad emocional y de recompensa ante la música, aunque los propios autores señalaron que al tratarse solo de 20 participantes las correlaciones debían interpretarse con cautela.
Un estudio encontró diferencias cerebrales entre quienes los sienten con frecuencia y quienes casi nunca los experimentan.
Aun con estas limitaciones, el estudio aporta evidencia de que las diferencias en la respuesta emocional a la música tienen correlatos cerebrales y fisiológicos medibles.
Para algunas personas, escuchar sus canciones favoritas puede convertirse en una experiencia física intensa, en la que intervienen tanto las respuestas del cuerpo como las conexiones entre las regiones cerebrales que procesan la música y las relacionadas con las emociones.
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