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“Siempre termino con el mismo tipo de persona”: por qué repetimos patrones en la pareja y cómo romperlos

“Siempre termino con el mismo tipo de persona”: por qué repetimos patrones en la pareja y cómo romperlos

El dating déjà vu explica por qué algunas dinámicas vuelven a aparecer aunque cambien las personas. Qué rol juega el apego, cuáles son las señales a tener en cuenta y qué podemos h

¿Por qué algunos tienden a repetir el mismo patrón en una relación una y otra vez? ¿Es posible sentirse atraído siempre por el mismo tipo de persona? A veces cambia la pareja, pero la historia parece terminar en un lugar conocido, con conflictos parecidos, las mismas inseguridades o ciertas formas de vincularse que vuelven a aparecer.

Este fenómeno se conoce como dating déjà vu y refiere a “la tendencia a repetir el mismo patrón vincular una y otra vez, sentirte atraído a personas con rasgos de personalidad parecidos y, en algunos casos, hasta físicos, como si estuvieras ‘repitiendo la peli’”, explica a Clarín la psicóloga Milagros Burgos Recci.

Detrás de esto hay varios factores. Según la especialista (@lic.miliburgosr), en una relación "buscamos a alguien que nos resulte familiar, aunque esa familiaridad no siempre sea sana". Esto ocurre porque “el sistema nervioso aprendió que lo conocido calma la incertidumbre”.

Según Burgos, en una relación "buscamos a alguien que nos resulte familiar, aunque esa familiaridad no siempre sea sana".. Foto: ilustración Adobe Stock.

La psicóloga especialista en vínculos Sylvia Frey señala que también podemos volver a ocupar un lugar conocido dentro de relaciones diferentes. “Muchas veces no repetimos necesariamente a la misma persona, sino que podemos volver a construir, dentro de una relación nueva, una dinámica que ya conocemos”.

Cómo influye el apego en nuestras relaciones

Para entender por qué ciertas formas de relacionarnos pueden resultarnos tan familiares también aparece la teoría del apego, desarrollada por el psiquiatra John Bowlby.

Burgos explica que los primeros vínculos con nuestras figuras de cuidado van dejando una marca en aquello que después esperamos de las relaciones: “Qué creemos merecer y cómo entendemos que hay que vincularse para ‘asegurar’ el afecto”. Eso no quiere decir que la infancia defina para siempre cómo nos va a ir en el amor, pero sí puede influir en la forma en que nos vinculamos de adultos.

La especialista pone como ejemplo lo que puede pasar entre una persona con apego ansioso y otra con un estilo más evitativo: “No es ‘química’ en el sentido romántico, es que esa dinámica de acercamiento-alejamiento le resulta familiar. ‘Acá sé cómo moverme’”.

Para Frey, "una repetición no siempre es consciente". Foto: ilustración Adobe Stock.

Frey (@lic.sylviafreypsicologa) suma que esas primeras experiencias también pueden pesar en cómo vivimos la cercanía y la distancia, qué nos pasa cuando sentimos que podemos perder a alguien o cuánto confiamos en que el otro va a estar disponible.

Sin embargo, ambas expertas advierten que el apego no debería usarse como una etiqueta para definir cómo somos en una relación. “El estilo de apego no es un horóscopo”, afirma Burgos. Definirse simplemente como “ansioso” o “evitativo” puede servir como un punto de partida, pero deja afuera la historia, el contexto y muchas otras variables.

Para Frey, "una repetición no siempre es consciente. No necesariamente elegimos deliberadamente aquello que nos hace sufrir". E insiste en que hay formas de relacionarnos que fuimos aprendiendo a lo largo de nuestra historia y que pueden volver a aparecer cuando conocemos a alguien.

Señales de que estás repitiendo un patrón en una relación

Una de las señales más claras de que repetimos ciertas dinámicas aparece cuando cambian las personas, pero nosotros volvemos a sentirnos de la misma manera.

“Te encontrás viviendo la misma historia con personas distintas, en vínculos distintos, pero sintiendo cosas parecidas: ansiedad, miedo al abandono, frustración. El escenario cambia, pero la emoción siempre es la misma”, explica Burgos.

Una de las señales más claras de que repetimos ciertas dinámicas aparece cuando cambian las personas, pero nosotros volvemos a sentirnos de la misma manera. Foto: ilustración Adobe Stock.

También puede repetirse la forma en la que reaccionamos frente a determinados conflictos: “Otra vez esperando. Otra vez intentando agradar. Otra vez sintiendo que tengo que demostrar lo que valgo para que el otro me elija. Otra vez adaptándome demasiado para evitar un conflicto. Otra vez dejando de escuchar lo que necesito para que la relación funcione”.

A veces también se repite una misma secuencia. Al principio hay mucha intensidad y una conexión muy fuerte. Después aparece cierta distancia o incertidumbre, empezamos a sentir ansiedad y hacemos cada vez más para intentar recuperar esa cercanía del comienzo.

En esos casos, Frey propone hacerse algunas preguntas: “¿Qué hago cuando aparece la distancia? ¿Cómo reacciono cuando siento que puedo perder al otro? ¿Qué estoy dispuesta o dispuesto a tolerar? ¿Qué espero? ¿Qué cedo? ¿Qué callo?”.

Cómo dejar de repetir patrones en las relaciones de pareja

Para ambas expertas, sí es posible dejar de repetir el mismo patrón. Según Frey, uno de los primeros pasos es aprender a reconocerlo mientras estamos en la relación.

“Cuando estamos involucrados afectivamente no miramos la relación desde afuera. Estamos atravesados por nuestros deseos, nuestros miedos, nuestras expectativas y nuestra historia”, explica. Por eso, algunas situaciones que desde afuera parecen evidentes, podemos confundirlas con amor o intensidad.

También es importante registrar las propias necesidades y poder decirlas. A veces no es solamente que el otro no escucha lo que necesitamos: también puede pasar que nosotros mismos lo minimicemos o nos callemos por miedo a generar una discusión o hacer que la otra persona se aleje.

“Los patrones no se atraen, se permiten”, sostiene Burgos. Foto: ilustración Shutterstock.

Otra pregunta que puede servir es cuánto cuesta sostener esa relación. Porque un vínculo puede continuar, pero a costa de estar siempre pendiente del otro, postergar lo que necesitamos, dejar de lado espacios propios o callarnos para evitar conflictos. “Sostener un vínculo no siempre significa que ese vínculo esté siendo sostenible para nosotros”, resume.

En este punto, Burgos hace una diferencia entre lo que nos atrae y lo que decidimos sostener: “Los patrones no se atraen, se permiten”. Puede ser cierto que nos enganche más un determinado tipo de persona, pero eso no significa que tengamos que seguir eligiéndola.

Para la psicóloga, ahí entran en juego los límites. Esto no quiere decir que una persona sea responsable de lo que hace su pareja: “Hay algunas banderas rojas que ni con clarividencia las hubieras visto porque no controlamos todo”. Por eso, no siempre se puede reducir una situación a un “vos lo permitiste”.

Romper un patrón tampoco significa que nunca más vayamos a sentir miedo o inseguridad. Incluso una relación más estable puede sentirse rara al principio. “Podemos pensar que ‘algo falta’, que ‘no hay tanta química’ o que ‘no sentimos lo mismo’, cuando quizás lo que resulta extraño es justamente que no tengamos que estar permanentemente esperando, intentando recuperar la cercanía o demostrando nuestro valor para sentirnos elegidos”, explica Frey.

Para ambas, el cambio está en poder darse cuenta de que estamos volviendo al mismo lugar y tener la posibilidad de hacer algo distinto. Como resume Frey: “El desafío entonces no es solamente elegir diferente. Es poder construir diferente”.

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