Por el generoso Río de La Plata, Buenos Aires siempre fue considerado el lugar perfecto para una empresa de suministro de agua potable, una historia que arrancó en 1869 cuando la ciudad apenas albergaba a 40.000 almas y que en este siglo XXI sigue con una gran asignatura pendiente. Hay dos millones de personas sin acceso al agua potable y casi 5 millones sin cloacas, síntoma de nuestra debacle.
Así, bajo la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento nacieron los primeros servicios de abastecimiento de agua potable y desagües en Buenos Aires.
Era tal el entusiasmo que para los depósitos distribuidores se construyeron verdaderos palacios como el de las Aguas Corrientes sobre la avenida Córdoba. Por cierto, el impulso a desarrollar ese sistema también estuvo relacionado con la epidemia de fiebre amarilla y cólera de finales del siglo XIX.
En 1909 se elaboró el primer plan nacional de saneamiento y en 1912 nació para su implementación Obras Sanitarias de la Nación (OSN) dedicada por ley a la provisión de agua potable para uso doméstico en las “ciudades, pueblos y colonias de la Nación". En paralelo se creó una escuela de ingeniería sanitaria, que alcanzó su máximo desarrollo en 1940. Fue líder en América Latina.
En los años 90, bajo la administración Menem, OSN fue concesionada a la francesa Suez y en 2006 fue estatizada por Néstor Kirchner. Desde entonces la conocemos como Aysa con el 90% de su capital en manos del Estado y el 10% en la de los trabajadores. Para volver a privatizarla javier Milei encaró un ambicioso plan de retiros voluntarios que recortó la plantilla de 7.700 personas en 1.400. y podaron gastos desde telefonía a la flota de vehículos.
A diferencia de otras empresas públicas en Aysa hay un solo sindicato liderado por José Luis Lingeri, que tiene su oficina casi pagada al presidente de la compañía en su sede de la calle Tucumán. Hace 59 años que Lingieri se desempeña en la empresa y desde 1984 dirige el sindicato.
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