El presidente Javier Milei ha decidido empezar a construir una realidad económica selectiva. Los indicadores del Instituto Nacional de Estadística y Censo (INDEC) sólo son sagrados cuando se acoplan a su narrativa de estabilización. Es decir, de los últimos conocidos (caída de la actividad, aumento de la pobreza, déficit de inversiones) el único que conservaría valor sería la inflación. El 1.7% que registró el índice de agosto. Allí no habría fallas, desestacionalizaciones malditas ni ponderaciones obsoletas.
Esa doble vara presidencial desnudaría varios problemas. El negacionismo estadístico no sólo hace recordar oscuras épocas pasadas. Dispara en simultáneo interrogantes sobre el comportamiento futuro del Gobierno en torno al INDEC. Ha quedado en el archivo una memoria. Milei y Luis Caputo, el ministro de Economía, decidieron postergar a comienzos del 2026 la implementación de la nueva fórmula del Indice de Precios al Consumidor (IPC). Debía haber arrancado en febrero y desató la renuncia del ex titular del organismo, Marco Lavagna.
La fórmula descartada buscaba actualizar la anacrónica estructura del 2004 utilizada por una canasta basada en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares de 2017-18. La ponderación se hubiera modificado de modo importante en dos campos. Tarifas y servicios, donde su incidencia hubiera pasado de representar el 9.4% a 14.5% a nivel nacional. Una dinámica similar adquiriría el Transporte y las Comunicaciones. El primero hubiera escalado al 14.3% y el segundo tópico al 5.1%.
El negacionismo presidencial no resultaría neutro ni quedaría encerrado entre los muros de la Argentina. En parte fue una de las inconsistencias que exhibió Milei en su último viaje a la Asamblea de la ONU en Nueva York. En especial, cuando se sometió a una entrevista abierta con un periodista británico de la agencia Bloomberg. También siembra dudas en organismos internacionales que elaboran sus diagnósticos en base, en buena medida, a las estadísticas oficiales. ¿Qué confianza puede despertar, en ese aspecto, la declaración de un mandatario que asegura que “si una economía tiene muchos cambios estructurales” un montón de variables pueden resultar mal medidas?.
El Presidente se animó incluso a cuestionar la lectura que se hizo de la inflación mayorista que saltó del 0.8% en julio (celebrada como una confirmación de su pronóstico) al 2.1% en agosto. “Cuando limpias el efecto de los combustibles y los alimentos reducís el 1.4% y te quedaría un 0.6%”, explicó impávido. Con esa forma de conjeturar ganaría cualquiera. Quizás debiera reparar que alimentos y combustibles podrían dar un pequeño estímulo al índice inflacionario de septiembre.
En aquella fortaleza de Milei parece radicar, a la vez, su propio drama. La baja de la inflación es el único pegamento que sostiene las expectativas de la sociedad. Pero ocurre que el bolsillo de los argentinos está demasiado fatigado. Tal colisión, tal vez, explique otro índice en declinación que no corresponde al INDEC. El índice de Confianza de la Universidad Torcuato Di Tella cayó un 5.9% en septiembre respecto del mes anterior. Se ubicó en 1.94 en una escala valorativa entre 0 y 5.
Javier Milei defendió su política económica tras su discurso en la ONU. Foto Captura TN
Habría dos cristales para observar la tendencia. Igualó el nivel más bajo registrado durante la gestión libertaria. Dicho piso había sido tocado ya en dos oportunidades. En septiembre del 2025 y julio de este año. En ambos casos logró ser revertido. Es la esperanza a la cual se aferran los libertarios. Entre varias consideraciones, aquel dato al cual el oficialismo debería prestar atención focalizaría en los sectores jóvenes. Su escudo electoral histórico. Las expectativas cayeron sostenidamente entre las personas de 18 a 29 años.
En el fondo de las cosas, se trata de un déficit que el Gobierno no ha logrado equilibrar después que ganó las elecciones legislativas y estalló el escándalo de Manuel Adorni por la situación de su patrimonio. La falta de confianza. Aspecto que pudo percibirse en su paso por Nueva York durante las charlas con inversores y empresarios.
El fenómeno afectaría, sobre todo, al Presidente. Porque la estructura de la administración libertaria se apoya casi íntegramente en el mandatario y su hermana, Karina. Ambos parecen haber detectado la debilidad. La Secretaria General ha comenzado a hablar escuetamente con los periodistas. Con la idea de reforzar la palabra de Javier. Exhortó a los argentinos a seguir confiados con la evolución de la economía porque “las inversiones vendrán”.
La palabra presidencial, además de la negación de las estadísticas, incursionó en otro terreno que tampoco transmitiría certidumbre entre aquellos que observan el desenvolvimiento de la Argentina. Milei explicó que ha virtualmente militarizado la residencia de Olivos porque “tengo algunos enemigos pesados en el mundo”. Admitió que “en nuestro país también, aunque serían de vigésimo quinto orden”.
El Presidente no cesó de añadir dramatismo a su relato. Explicó que el Gobierno estaría casi en un estado de pre guerra. Dijo que el año pasado habría deportado a “10 mil terroristas”. Este año “a otros 20 mil”. Nunca aclaró de quienes podría tratarse. Venidos presuntamente de países limítrofes o tierras mucho más lejanas. “Es gente que se infiltra de otras naciones para tratar de dinamitar el modelo argentino”, informó.
Así presentado, el escenario estaría lejos de incubar la dosis imprescindible de confianza que demanda el Gobierno y su economía. Tal vez el Presidente estaría combinando dos cosas. Los supuestos terroristas serían, en verdad, personas indocumentadas. Tampoco del volumen que describió. La militarización de la residencia de Olivos respondería a razones de funcionamiento interno antes que a amenazas sobre la seguridad.
El conflicto no se desató por ningún incidente contra la figura presidencial. Arrancó con el descubrimiento de manejos extraños en las compras, sobre todo de comestibles, que se realizaban en Olivos. Gastos injustificados. La primera víctima luego de conocida la trama fue Belén Agudiez. Una de las funcionarias de mayor confianza de Karina. Manejaba la Subsecretaria de Planificación General. Había nombrado en esa estructura a varios familiares.
Milei pretendería disimular ese escándalo con la militarización y los problemas de seguridad. Excesivo. Podría ser peor el remedio que la enfermedad. Los hermanos del poder intentarán salir del lodazal en que caminan desde hace varios meses con un cambio abrupto de la coreografía.
Estarán esta semana en París para la Argentina week. Un foro de promoción que convoca a empresarios e inversores. Milei verá al premier Emmanuel Macron. Se mostrará acompañado por trece gobernadores. Un intento por cambiar el paisaje, recuperar glamour y salir del asedio.
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