Antes que nada, una observación sobre algo que no queda claro si es un dato positivo o negativo: bastó que esta columna haya arrancado con el Campeonato Nacional de Mandriles 2026 para que Javi abandonara los insultos contra los medios. Lo mismo ocurrió el año pasado. Eso podría ser bueno para la democracia pero definitivamente es malo para el humor.
Lo único que podríamos hacer para modificar esta penosa situación es pedirle a los periodistas que investiguen más chanchullos (siempre algo hay) y que informen más datos negativos (también hay unos cuantos) así lo enfurecemos un poco. Como hacen los banderilleros con los toros.
En cualquier caso, esta semana Javi casi no agredió. Sumo un puntito María Laura Santillán a quien Milei acusó de ser una operadora y de ese modo alcanzó a Bonelli.
Ambos lideran el Grupo A con 2 unidades cada uno.
En el Grupo B sumó 2 puntos Tenembaum porque el presidente metió doble reposteo: “arruinando al zurdo Tenembaum”. Poca cosa viniendo de Milei pero suficiente para que Ernesto pase a liderar su grupo seguido a 1 punto por Luis Novaresio.
En el Grupo F sumó 2 puntos La Nación y ahora tiene 4 unidades. Lo siguen Nelson Castro y Alconada Mon con 1 punto cada uno.
El resto nada. Sin movimientos en los Grupos C, D y E. Una pena. El miércoles 30 se cierra la fase de grupos y se sortean las llaves. Ojalá Javi se ponga loco otra vez y nos haga felices a todos y todas.
Dicho esto, vamos a lo importante.
Aplauso, medalla y beso para el Presidente Milei y para el Gobernador Kicillof que viajaron casi juntos a Nueva York para explicarle al mundo cómo funciona la Argentina.
De alguna manera podríamos decir que lograron transmitir la esencia del funcionamiento nacional porque mientras Milei explicaba que el problema del país eran Kicillof y los kukas, el otro decía exactamente lo mismo pero al revés. Mejor descripción imposible.
Para ser más claro, Javi le dijo textualmente a los inversores internacionales que Kicillof es un “pelotudo” y un “enano soviético” que anda por Nueva York diciendo pavadas. Fue aún más contundente cuando expresó: “si me reeligen en 2027, el 2028 será el mejor año económico de la historia argentina”.
En realidad, no hacía falta ponerse la vara tan inalcanzable. Con que el año 2028 sea mejor que los últimos veinte ya sería un milagro. Siempre acordándonos que, dentro de los últimos veinte, están incluidos los años administrados bajo la batuta de Néstor, Cristina, Boudou, Kicillof, Alberto, Massa y, por qué no decirlo también, el ratito macrista en que las instrucciones las daban Caputo y Sturzenegger. Si vamos a recordar, recordemos todo.
En cambio, la estrategia de Kicillof fue bien distinta. Su plan fue disimular lo que realmente son. Se mostraron amigables con las inversiones, respetuosos del capital y trataron de expresar su compromiso con las democracias occidentales.
En ningún momento se les escapó la debilidad que siempre sintieron por Chávez, por Maduro y por los Ayatolás. Se cuidaron especialmente de no hablar sobre corporaciones, poderes concentrados y reprimieron todo deseo de quemar una bandera norteamericana en la Quinta Avenida. No es que no lo hicieron para cuidar la imagen, sino porque ya tienen la carpa alquilada en Cariló y sería una pena que no la pudieran usar por tener que quedarse veraneando en Guantánamo.
El problema que tiene Kicillof y su banda es que allá en EEUU también hay ChatGPT.
Imaginemos la interacción: hola GPT, sintetizame quiénes son Kicillof y los Kirchner. Chau. Te tira desde Skanska hasta las SIRA y desde las habitaciones de Alto Calafate hasta el baño de Nisman, pasando por los bolsos de López, los trenes de Jaime y los departamentos de los secretarios de Néstor y Cristina en Miami y Nueva York. Inclusive te cuenta cuando Cristina, sentada en el Consejo de Seguridad de la ONU, dijo que el ISIS era un montaje hollywoodense y luego reclamó por los DDHH de Bin Laden. Ese Chat hijo de puta se acuerda de todo.
Es fácil imaginar a los inversores internacionales mirando el espectáculo, tomando nota, y diciendo: “Thank you very much, gentlemen, primero resuelvan la pelea entra las dos bandas de genios y después nos llaman. Hay 194 países más. Alguno con menos quilombo que ustedes vamos a encontrar”.
Por mucho que lo quieran disimular, el péndulo nacional sigue haciendo destrozos en la credibilidad y, por ende, en la economía argentina. Nosotros, los nativos, ya estamos acostumbrados, pero los que la ven de afuera no se pueden bancar el bamboleo del ida y vuelta ni con una sobredosis de Dramamine.
Lo interesante de la excursión neoyorkina de nuestros estadistas es que pudimos ver con claridad la visión que ambos tienen del país y del mundo. Por supuesto, Javi se ocupó de destacar que sus rivales kukas son ultra zurdos comunistas peligrosísimos y se abrazó con uñas y dientes a Donald Trump.
Por su parte, dado que Kicillof no puede acercarse ni a la Trump Tower, se abrazó con Mamdani, el alcalde de Nueva York, un tipo para quien el derecho de Israel a existir y defenderse no corresponde ni le parece un asunto relevante.
Además Kicillof desnudó sin querer el pensamiento kirchnerista más profundo con una frase devastadora: “Argentina no sos vos, es Milei.”
¿Qué significa esto? Otra vez sopa. Recordemos algo que ya contamos acá.
La noche que el kirchnerismo ganó las elecciones presidenciales de 2019, el “presidente” Alberto cerró su discurso con una frase inolvidable “Gracias, gracias, el gobierno ha vuelto a manos de los argentinos”. Posiblemente la frase más aberrante de su mandato, y eso que el Topo tuvo una colección memorable de aberraciones.
Nunca tan expuesto: argentinos solo eran ellos. A los ojos de Alberto, el presidente Macri y sus 11 millones de votantes eran búlgaros o vaya uno a saber qué otros invasores porque, como bien dijo, el gobierno había vuelto a manos de los argentinos.
Lo mismo pensaba Cristina cuando el 1 de julio de 2021, hablando en Lomas de Zamora sobre los opositores al gobierno, dijo textualmente: “no nos odian a nosotros, odian a los argentinos”. Inolvidable confesión. El dato de color es que ese día, a su derecha estaba Kicillof y a su izquierda estaba el alférez del yate Bandido. Pregunta al margen: ¿Cristina nunca sospechó lo que guardaba Insaurralde en sus placares? Sin pruebas pero sin dudas, ya lo sabíamos todos.
Volviendo a la frase de Kicillof en Nueva York, es el mismo concepto: “No es la Argentina, es Milei”. Como si Milei y el 56% que lo votó también fueran búlgaros.
Así estamos, así somos, así votamos, así nos representan. La división y la incapacidad para acordar alguna cosa, aunque solo sea para el afuera, es una constante sin solución. No porque no la tenga sino porque los actores son demasiado burros. Una vez más: es un dato positivo o negativo dependiendo del punto de vista. Para la economía y la institucionalidad argentina es malo pero para esta columna es buenísimo.
Ya lo decía Enrique Pinti: pasan los gobiernos, queda la grieta.
En realidad la frase no era exactamente así, pero vale.
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