Para la psicóloga de Harvard Ellen Langer, el estrés no depende solamente de lo que sucede, sino también de la manera en que se interpreta cada situación. Después de más de cinco décadas de investigación, la especialista sostiene que cambiar la mirada sobre un problema puede modificar también la respuesta emocional.
“Los acontecimientos no causan estrés, lo que causa estrés es nuestra forma de verlos”, afirmó Langer en una entrevista con la divulgadora Mel Robbins. Desde esta perspectiva, una misma situación puede provocar reacciones diferentes según las expectativas y los pensamientos que genere.
El planteo cobra especial relevancia frente a las preocupaciones cotidianas, cuando un inconveniente puede ser percibido como un problema mucho mayor de lo que realmente es. Para Langer, revisar esa primera interpretación permite tomar cierta distancia y evitar que la mente anticipe automáticamente el peor escenario.
Por eso, su propuesta no consiste en ignorar aquello que genera preocupación, sino en observarlo desde otro lugar. La especialista considera que cuestionar las certezas y prestar atención a otras posibilidades puede ayudar a reducir la respuesta de estrés y favorecer una actitud más flexible.
Cómo la interpretación modifica la respuesta
Según Langer, el estrés aparece cuando se cree que algo va a suceder y que, además, será terrible. “El estrés requiere dos cosas. Requiere la creencia de que algo va a pasar y que cuando suceda será horrible. Entonces, te estresas”, explicó.
Una especialista de Harvard propone detenerse antes de sacar conclusiones y mirar de otra manera aquello que preocupa.
Por eso, propone cuestionar aquello que se da por seguro. “Date 3 o 4 razones por las que ni siquiera sucederá”, recomendó. Así, una posibilidad deja de ser automáticamente interpretada como una certeza negativa.
La especialista también plantea distinguir entre una tragedia y un inconveniente. “La próxima vez que estés estresado, pregúntate, ¿es una tragedia o un inconveniente? Porque casi siempre no es una tragedia”, señaló. De esta manera, relativizar un problema puede ayudar a tomar distancia y responder de una forma menos automática.
Este enfoque se relaciona con el mindfulness y con la posibilidad de observar una experiencia desde distintos ángulos. En lugar de quedar atrapada en una única interpretación, la persona puede detenerse, hacerse preguntas y considerar otras alternativas.
La misma idea aparece en sus investigaciones sobre personas con enfermedades crónicas. Langer observó que, al concentrarse únicamente en los momentos negativos, los pacientes pueden sentir que sus síntomas empeoran de manera constante, aunque en realidad presenten variaciones.
“Cuando el mercado bursátil sube, no lo hace en línea recta. Sube, baja un poco, sube, baja. Lo mismo ocurre con cualquiera de nuestros síntomas, pero la gente se queda estancada y piensa que solo empeora porque ve lo que quiere ver”, explicó.
A partir de allí, sus investigaciones incorporaron preguntas sobre cómo se sienten los síntomas en distintos momentos y si están mejor o peor que antes. Prestar atención a esos cambios permite descubrir que la experiencia no permanece necesariamente igual.
La práctica del mindfulness busca cambiar la relación con los pensamientos y la manera de interpretar lo que sucede.
Para Langer, además, observar de manera consciente genera una sensación de participación activa. “Ahora, de repente, estamos haciendo algo por nosotros mismos, lo que nos hace sentir bien”, sostuvo.
Así, su propuesta no apunta a negar los problemas, sino a revisar la manera automática de interpretarlos. Cambiar la perspectiva no elimina las dificultades, pero puede modificar la forma de enfrentarlas. “Creo que es más probable que encuentres una solución”, concluyó.
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