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Del Covid a ChatGPT: Por qué nuestra vida actual es una cadena de "accidentes tecnológicos"

Del Covid a ChatGPT: Por qué nuestra vida actual es una cadena de "accidentes tecnológicos"

Flavia Costa analiza el mundo que surgió después de la pandemia y la irrupción de la IA. Entre las nuevas formas de vida, pregunta: qué sociedad estamos construyendo con la tecnolo

En Vidas artificiales: del accidente pandémico a las guerras de la IA, el último libro de Flavia Costa, subyace una pregunta que recorre sus siete capítulos: ¿cómo escribir sobre el presente? Más aún: ¿cómo delimitar un período que englobe los fenómenos más relevantes sin caer en la miopía ni en la distorsión que provoca la proximidad inmediata?

Costa asume el riesgo y lo enuncia desde la introducción a partir de dos premisas. La primera es la definición de nuestra época como un tiempo “entre accidentes”. En la segunda presenta la perspectiva analítica, el marco conceptual desde el cual se analizará el presente: una visión multidisciplinaria que la autora desarrolla en TecnocenoLab con su equipo de investigación en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.

Este enfoque ya había sido esbozado en su libro Tecnoceno: algoritmos, biohackers y nuevas formas de vida. Publicado a fines de 2021, advertía sobre la necesidad de cambiar la escala para comprender los fenómenos contemporáneos. Al finalizar la pandemia, resultaba evidente que el entorno tecnológico no podía considerarse un elemento externo a la percepción, ni las innovaciones actuales, como aberraciones, excesos o excepciones. En ambos casos se trataba de entender los fenómenos como nuevas formas de vincularnos con las tecnologías circundantes.

Un robot demuestra una operación de precisión durante la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial (IA) 2026, en Shanghai, el 19 de julio de 2026. Foto: Xinhua/Huang Xiaoyong.

Cuatro años después, Vidas artificiales retoma esta hipótesis para reajustar tanto la escala de análisis como el período estudiado. Así, Costa advierte que el inicio de la pandemia, en marzo de 2020, podría funcionar como el primer eslabón de una cadena de accidentes. La irrupción de ChatGPT en la vida cotidiana, a fines de 2022, sería un eslabón más en esa serie. De este modo, el “período entre accidentes” permanece abierto y, a la vez, sujeto a nuevos acontecimientos, en definitiva, a nuevos eslabones.

En ese mismo sentido, es la palabra “accidente” la que quedaría entre dicho, por lo menos en un sentido tradicional. No porque la pandemia y sus efectos en la vida cotidiana no hayan sido un evento excepcional, sino porque, su irrupción, contribuyó a crear un estado de excepción potencialmente permanente. Mejor dicho, un estado de alerta que funcionó como tierra fértil para la aparición de nuevos eventos excepcionales. Desde esta perspectiva, la incorporación de la inteligencia artificial a la vida cotidiana cambia la manera de percibir el mundo y hace que la incertidumbre y lo inesperado formen parte de nuestra rutina. Lo que antes era accidental o excepcional se vuelve cada vez más habitual. Esto genera un nuevo estado de ánimo colectivo que transforma nuestras relaciones sociales y, sobre todo, la manera en que nos relacionamos con nosotros mismos y percibimos nuestra propia existencia en estos entornos cambiantes.

Esta tesis se advierte especialmente en el capítulo “Transhumanismo y revolución”. Haciendo una distinción necesaria entre transhumanismo, posthumanismo y metahumanismo, la autora analiza las maneras en las que las distintas tecnologías han repensado la forma de trascender las limitaciones biológicas y perceptuales. Desde el tratamiento y la cura de enfermedades graves hasta la posibilidad de transferir nuestra conciencia a las máquinas, la pregunta que insiste es por el futuro de la humanidad. En ese sentido, la cuestión es si se pone el acento en la mejora individual o, por el contrario, en un cambio holístico de paradigma. Uno donde cada elemento se concibe en continuidad. Seres humanos, animales, plantas y, ¿por qué no?, máquinas formarían un continuo de lo viviente.

Flavia Costa es doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires (UBA) e investigadora del Conicet. Dirige el Observatorio de Tecnologías, Sociedad y Ecosistemas Digitales (TecnocenoLab) en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Foto: Valentina Rebasa

Frente a este escenario aparece una pregunta decisiva: ¿qué queda afuera cuando pensamos la transformación humana solamente como aumento de capacidades? La crítica de autoras como Donna Haraway, Rosi Braidotti y N. Katherine Hayles desplaza el problema. No se trata simplemente de hacer al humano más inteligente, más longevo o más eficiente, sino de revisar qué entendemos por “humano” y qué relaciones de poder están contenidas en esa definición. Desde esa misma perspectiva, no podemos soslayar que esta aparente promesa de liberación tecnológica comienza a mezclarse con el neoliberalismo, el mercado y los accesos desiguales a esta misma tecnología.

Vidas artificiales. Flavia Costa. Editorial Taurus.

Así, los desarrollos en el ámbito de la cibernética, la exploración espacial, Internet y introducción creciente de la tecnología en el ámbito más íntimo y privado formarían un medioambiente que, en principio, aliviaría la incertidumbre ante un futuro que puede ser tan promisorio como aterrador.

El problema, entonces, ya no consiste solamente en preguntarnos hasta dónde puede llegar la tecnología, sino qué mundo estamos construyendo con ella, para quién y bajo qué condiciones. En esta escritura sobre el presente que habitamos, el desafío es evitar que las promesas de las revoluciones infotecnológicas terminen consolidando nuevas formas de desigualdad. Para eso habrá que transformar nuestra posición y, en el mejor de los casos, diseñar eslabones con materiales más afines a eso que llamamos vida en todas sus formas.

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