Michael Chu aparece en internet como secretario, asesor, fundador, directivo y figura académica de una serie de instituciones con nombres grandilocuentes. En algunos sitios figura como Michael Chu; en otros, como Chaoyang Zhu. Su nombre está asociado a academias de inteligencia artificial, ingeniería, psicología de la ingeniería y hasta ciencias y artes cinematográficas.
El problema es que, cuando se intenta reconstruir quién es realmente y cuál es su trayectoria, muchas piezas parecen no encajar. Una investigación de la revista Nature publicada en las últimas horas destapó el escándalo: encontró que Chu está vinculado con varias de estas organizaciones y que algunas de ellas presentan información institucional aparentemente falsa o difícil de verificar. También halló científicos de universidades prestigiosas de Estados Unidos que aparecen como miembros o autoridades sin haberlo autorizado.
Entre las organizaciones investigadas están la European Academy of Engineering (EAE) y la National Academy of Artificial Intelligence (NAAI). Sus sitios web presentan largas listas de académicos, premios, colaboraciones internacionales y reconocimientos. También ofrecen membresías y otros títulos mediante el pago de tarifas.
Para algunos investigadores, el episodio plantea una pregunta incómoda: ¿Se trata de academias nuevas que buscan construir legítimamente una red internacional o de organizaciones que utilizan el prestigio de científicos reconocidos para vender credenciales?
La investigación de Nature encontró elementos que alimentan las sospechas. Chu, en cambio, defiende la integridad de las organizaciones y sostiene que su participación es más limitada de lo que sugieren algunas de las páginas web.
Un edificio que es mostrado en la Web como una de las instituciones de la red habría sido manipulada.
El caso comenzó a llamar la atención cuando científicos de prestigio descubrieron que habían sido incorporados a estas organizaciones sin haberlo solicitado. Una de ellas fue Julia Hirschberg, científica informática de la Universidad de Columbia. En pocos meses había sido anunciada como integrante de varias academias. Después recibió una propuesta para convertirse en presidenta rotatoria de la EAE, con una compensación de 2.000 dólares anuales.
Pero Hirschberg dice que nunca había aceptado el cargo. Cuando ingresó al sitio web de la organización, su nombre ya aparecía entre las autoridades. Asegura que no había participado de reuniones ni había presentado referencias. Y que ni siquiera conocía previamente la institución. El correo que recibió estaba firmado por Michael Chu.
Según explicó Chu a la revista Nature, había “inferido un consentimiento preliminar” a partir del intercambio con Hirschberg. Nature cuenta que revisó la correspondencia entre ambos y confirmó que ella había preguntado por las responsabilidades del cargo, pero no había aceptado ocuparlo.
Henry Dyson, responsable de distinciones académicas de la Universidad de Michigan, encontró otros dos investigadores de su universidad incluidos en puestos de liderazgo de la EAE. Cuando los contactó, ambos dijeron no conocer la organización ni haber aceptado esos cargos.
Una red mucho más amplia
Así empezó a aparecer una red mucho más amplia. Las organizaciones investigadas utilizan nombres que parecen diseñados para transmitir autoridad: academia nacional, academia europea, instituto internacional. Sus páginas web muestran fotografías de edificios universitarios, listas de miembros famosos, comunicados sobre premios y supuestas colaboraciones con instituciones reconocidas.
Pero algunos de esos datos no serían verídicos. En el caso de la EAE, por ejemplo, Nature comprobó que la dirección declarada en Suecia correspondía a un buzón virtual. No apareció una organización con ese nombre en la base de datos pública sueca. El sitio también mostraba una fotografía de un edificio identificado como sede de la academia. La imagen, según comprobó Nature, era una versión manipulada del edificio principal de la Universidad de Gotemburgo. Chu afirmó desconocer esas imágenes y las describió como “recursos web heredados”.
Otro ejemplo involucraba los supuestos vínculos institucionales. La EAE y la NAAI aseguraban tener relaciones con organizaciones de enorme prestigio, entre ellas las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de Estados Unidos, la Royal Academy of Engineering británica y la American Meteorological Society. Nature consultó a varias de esas instituciones. Cinco respondieron que no conocían las colaboraciones que figuraban en los sitios web.
¿Quién es realmente Michael Chu?
La página de la NAAI presenta a Chu como secretario y contiene una extensa lista de afiliaciones, premios y publicaciones. Allí se mencionan instituciones de distintos países y cargos académicos. Pero algunas de esas afiliaciones no pudieron ser verificadas.
Nature cuenta que consultó a la Universidad de Illinois Urbana-Champaign y a la Royal Society of Arts de Londres. Ninguna pudo encontrar a una persona con ese nombre en sus registros, aunque Chu afirma ser miembro de la RSA. En distintos manuscritos científicos, además, Chu indicó como afiliación al International Institute of Engineering Psychology (IIEP), en Denver.
Los registros públicos muestran que el IIEP y la NAAI utilizan la misma dirección de correo electrónico virtual en Colorado. También aparece vinculada a otra organización registrada por Chu, la National Academy of Sciences, Arts and Humanities of the United States. Tanto el IIEP como esta última entidad figuran en los registros de Colorado como organizaciones “morosas” por no haber presentado un informe anual.
Todo esto no permite, por sí solo, establecer qué actividades desarrolla realmente Chu ni cuál es su trayectoria académica completa. Pero sí muestra por qué su figura se convirtió en el centro de la investigación. Su nombre aparece una y otra vez allí donde también aparecen las organizaciones cuestionadas.
De la inteligencia artificial al cine
Hay otro detalle que vuelve todavía más difícil reconstruir su perfil. Chu no está vinculado únicamente con una academia de ingeniería o con una organización relacionada con inteligencia artificial.
Una búsqueda inversa de imágenes realizada durante la investigación de Nature relacionó su rostro con el International Institute of Cinematic Arts and Sciences, una organización que se presenta como una de las principales sociedades académicas del mundo en el campo de las artes cinematográficas. Chu confirmó que ayudó a fundarla.
La amplitud de estos vínculos llamó la atención de otros académicos. Tsu-Jae Liu, presidenta de la National Academy of Engineering de Estados Unidos, planteó públicamente una cuestión básica: quienes dirigen sociedades académicas deberían ser profesionales reconocidos dentro de sus disciplinas.
Una red que se retroalimenta
La investigación de Nature identificó decenas de organizaciones con características similares y aparentes conexiones entre ellas. En algunos casos, las sociedades se citan mutuamente, publican comunicados sobre actividades conjuntas y promueven a sus integrantes dentro de otras organizaciones del mismo circuito.
El mecanismo puede producir una ilusión de reconocimiento. Un investigador recibe una invitación para formar parte de una academia. Luego aparece como miembro de otra. Después recibe un premio. Finalmente, todos esos reconocimientos comienzan a figurar en su currículum y en sus perfiles profesionales. El nombre de una organización sirve para legitimar a la otra. Y los científicos reconocidos cumplen una función particularmente importante.
La investigación encontró casos en los que investigadores de alto perfil fueron incorporados sin su consentimiento. Su sola presencia en una lista de miembros puede convertirse en una herramienta de legitimación frente a otros académicos menos conocidos.
Es precisamente allí donde aparece el aspecto económico. La NAAI publica tarifas de membresía que van desde 30 dólares anuales para determinadas categorías hasta 600 dólares para la membresía plena. También ofrece un doctorado virtual por 10.000 dólares y un posdoctorado virtual por 2.000.
No está claro cuántos investigadores pagaron por esas credenciales ni cuántos conocían exactamente la naturaleza de las organizaciones. Pero existe un mercado potencial. En determinados sistemas académicos, especialmente donde los títulos, premios y membresías tienen peso en la evaluación profesional, una credencial internacional puede tener un valor considerable.
Frente a las acusaciones, Chu no acepta la interpretación de que exista una red fraudulenta bajo su control. En sus respuestas a Nature, defendió la integridad de las organizaciones y sostuvo que su responsabilidad sobre ellas es limitada.
PS
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