El cerebro de los perros procesa el lenguaje de una forma que hasta ahora solo se había observado en humanos. Así lo revela un estudio publicado en la revista Science, realizado por investigadores del Laboratorio de Neuroetología de la Comunicación de la Universidad ELTE de Budapest.
El hallazgo desafía una creencia arraigada en las neurociencias: que la capacidad de procesar el habla con eficiencia era exclusiva de nuestra especie.
Desde la infancia, el cerebro humano presta más atención a las consonantes que a las vocales al escuchar habla continua. Las consonantes son acústicamente menos prominentes, pero forman el esqueleto de las palabras.
Este fenómeno se conoce como sesgo consonántico y permite segmentar una cadena de sonidos en palabras individuales.
El llamado sesgo consonántico, clave para distinguir palabras, se creía exclusivo de nuestra especie. Foto ilustrativa: Shutterstock.
"Las vocales son más fuertes y notorias, pero las consonantes suelen formar el esqueleto de las palabras. Desde la infancia, el cerebro humano tiende a concentrarse en ellas", explicó Attila Andics, neurocientífico cognitivo y director del laboratorio.
La pregunta que motivó la investigación era más profunda: ¿ese sesgo emerge porque el cerebro humano está cableado de forma única, o porque estamos constantemente expuestos al habla?
Cómo se hizo el experimento
El equipo comparó las respuestas cerebrales de 20 humanos y 20 perros domésticos mientras escuchaban flujos de habla continua y sin pausas.
Los estímulos estaban organizados en tres tipos: uno con patrones consonánticos recurrentes que formaban palabras, otro con patrones vocálicos, y un tercero sin patrones, de orden aleatorio.
Con EEG, 20 perros y 20 humanos mostraron sincronización neural similar ante el habla continua. Foto ilustrativa: Shutterstock.
Para medir la actividad cerebral, los investigadores utilizaron electroencefalografía (EEG) no invasiva. Midieron la sincronización neural: la tendencia del cerebro a adoptar el ritmo de los sonidos que detecta.
La lógica era clara. Si el cerebro de una especie tiene preferencia por las consonantes, debería sincronizarse mejor con el ritmo de palabras estructuradas consonánticamente.
Los resultados
Los resultados mostraron similitudes notables entre ambas especies. En los flujos estructurados por consonantes, el cerebro de los perros se sincronizó con el ritmo de las palabras con la misma eficacia que el humano.
"Esta es la primera evidencia de que un sesgo consonántico puede emerger en el cerebro de una especie distinta a los humanos", señaló Kinga G. Tóth, psicóloga y coautora principal del estudio.
Alrededor de 400 milisegundos después del inicio de cada palabra, apareció un cambio distintivo en la actividad eléctrica cerebral, tanto en humanos como en perros, pero solo para las palabras consonánticas. Ese intervalo es precisamente el que refleja la segmentación del habla continua en palabras.
"Esto aporta evidencia de que el sesgo consonántico no requiere mecanismos de procesamiento lingüístico pre-cableados que emerjan en un período sensible temprano", indicó G. Tóth.
Los perros usan la sílaba como unidad mínima; los humanos procesan cada sonido por separado. Foto ilustrativa: Shutterstock.
Boglárka Morvai, bióloga e investigadora postdoctoral y coautora principal del trabajo, había anticipado la hipótesis: si el sesgo emerge por aprendizaje de patrones, debería aparecer también en perros, a pesar de que no se había encontrado en primates mucho más cercanos evolutivamente a los humanos.
Diferencias que también importan
El estudio también identificó diferencias entre las dos especies. Los humanos pudieron detectar palabras definidas por patrones vocálicos, aunque con menor precisión que con los consonánticos. Los perros, en cambio, no lograron hacerlo.
Además, solo el cerebro humano se sincronizó con el ritmo de los sonidos del habla individuales. El cerebro canino tomó la sílaba como unidad mínima de procesamiento.
Esto indica que los humanos procesan el habla continua con una resolución más fina: cada sonido es una unidad separada, mientras que para los perros lo es la sílaba.
"La exposición regular al habla puede ser suficiente para cambiar cómo funciona el cerebro y dar lugar a características de procesamiento observadas previamente solo en humanos, incluso en una especie evolutivamente distante de nosotros", concluyó Andics.
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