Durante casi 190 años, una piel de pangolín permaneció guardada en una colección de museo sin que nadie imaginara que todavía podía aportar información decisiva. El animal había sido recolectado en 1836 y conservado como uno de tantos ejemplares históricos.
Todo cambió cuando un grupo de científicos consiguió extraer y analizar su ADN. La información genética permitió comparar aquel antiguo espécimen con pangolines que viven actualmente en la región meridional del Himalaya y resolver una discusión sobre su clasificación.
El resultado fue inesperado: los animales que durante años habían sido considerados una variación regional del pangolín chino pertenecían, en realidad, a una especie diferente. El ejemplar histórico había conservado una prueba que la ciencia del siglo XIX todavía no tenía herramientas para leer.
El ejemplar fue recolectado en 1836 y permaneció durante casi 190 años en una colección. Foto Ecoticias
El análisis permitió recuperar el nombre Manis aurita, propuesto originalmente por el naturalista Brian Houghton Hodgson. Casi dos siglos después, el ADN de aquel espécimen confirmó que la antigua descripción correspondía a un linaje evolutivo propio.
El espécimen que resolvió una discusión científica
La pieza clave era un espécimen tipo, es decir, el ejemplar físico asociado a la descripción original de una especie. Los investigadores secuenciaron ADN de la antigua piel y lo compararon con material genético de pangolines actuales procedentes de distintas zonas del sur del Himalaya.
El análisis permitió establecer una relación directa entre el animal recolectado en 1836 y poblaciones actuales de Nepal, el sur del Tíbet y Assam. Los resultados confirmaron que todos pertenecían al mismo linaje y que este era diferente del pangolín chino.
La investigación también resolvió un problema de nomenclatura. Un estudio publicado en 2025 había propuesto el nombre Manis indoburmanica para este linaje, pero las reglas zoológicas establecen que el nombre válido más antiguo tiene prioridad cuando puede demostrarse su relación con el espécimen original.
El análisis de ADN permitió resolver una antigua discusión sobre su clasificación científica. Foto Ecoticias
Por esa razón, el nombre Manis aurita, propuesto casi 200 años atrás, pasó a tener prioridad. El nuevo análisis genético permitió conectar definitivamente aquella antigua etiqueta con los animales que todavía viven en la región.
El ADN no fue la única evidencia
Los investigadores no se limitaron a estudiar la antigua piel. El trabajo reunió 55 conjuntos de datos genómicos completos y 70 genomas mitocondriales, además de comparar 44 cráneos y 26 pieles conservadas en colecciones.
Las diferencias físicas también acompañaron los resultados genéticos. Según el análisis citado por la investigación, el pangolín del Himalaya presenta un cuerpo más grande, una cola más larga y orejas más pequeñas en comparación con el pangolín chino.
Los datos genéticos sugieren que ambos linajes se separaron hace aproximadamente 1,8 millones de años. Desde entonces habrían permanecido mayormente separados, posiblemente debido a las montañas, los grandes sistemas fluviales y los cambios ambientales de la región.
Por qué identificar correctamente a la especie importa
La distinción tiene consecuencias que van mucho más allá del nombre científico. Los pangolines son considerados los mamíferos más traficados del mundo y, en muchos decomisos, las autoridades encuentran únicamente escamas, lo que dificulta identificar el origen de los animales.
El caso demuestra el valor que todavía conservan las antiguas colecciones de los museos. Foto Open AI.
Contar con una referencia genética clara para Manis aurita puede ayudar a los investigadores a determinar qué especie fue cazada y dónde pudo haberse originado una cadena de tráfico ilegal. También resulta importante para las tareas de conservación y la liberación de animales rescatados.
La historia demuestra además el valor que pueden conservar las colecciones científicas durante generaciones. Un ejemplar guardado en un museo puede parecer una pieza del pasado, pero nuevas tecnologías pueden convertirlo en una fuente de respuestas para preguntas que todavía no existían cuando fue recolectado.
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