Hacía apenas un mes y medio que había vuelto a entrenar de manera competitiva después de dos años alejada de los torneos. Daniela Arias fue mamá en 2025 y había decidido retirarse. Ahora, en los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026, terminó primera en EA Sports FC 26 y consiguió la medalla de oro para Argentina, en la primera edición de esta disciplina en los Juegos.
“Creo que fue más un desahogo. El que compite es masoquista, porque sufrís más que otra cosa”, cuenta Daniela sobre las lágrimas después de consagrarse campeona. Había ganado, pero también estaba soltando todo lo acumulado durante esas semanas de preparación y los años anteriores.
El partido estaba 6-6 y quedaban pocos segundos para que terminara el alargue. Daniela ya había pasado por la frustración de estar abajo en el marcador y por la presión de una final que podía definir una medalla de oro. Entonces apareció el espacio. Mandó a picar a Vinícius Jr., encontró el hueco y Giuliano Simeone marcó el 7-6 definitivo. Después vinieron el grito, el abrazo con su equipo y las lágrimas.
De lunes a miércoles se encargaba de su hijo, solo le quedaban pocos días para llegar a practicar algo.
La final fue ante la peruana Patricia Pérez, que estuvo por llevarse la medalla, pero Daniela reaccionó. Su entrenador insistía con una idea: "Todo el tiempo me hablaba del tema de no perder el foco. Me hacía todo el tiempo señas diciéndome: ‘centrate, centrate’", recuerda. Daniela tampoco sentía que estaba jugando mal. El problema estaba en encontrar esa última jugada que le permitiera dar vuelta el resultado.
Después, una expulsión en el equipo de Pérez dejó un espacio que Daniela inicialmente no había detectado. Su entrenador se lo marcó, ella cambió la formación y encontró por ahí el camino al 7-6. “Yo arranco y no me doy cuenta de mirar dónde estaba el hueco. Ahí es cuando ponemos pausa y vemos dónde estaba”, explica.
Para Daniela, la cabeza representa el 70% del rendimiento durante un partido.
La medalla también significó recuperar un nivel que había quedado atrás. Cuando dejó de competir, Daniela venía del PES y había pasado después al FIFA. Se había retirado después de salir campeona en un torneo. “Realmente pensé que no iba a volver a competir”, cuenta.
La maternidad terminó de cambiar sus prioridades. Daniela tiene 33 años y llevaba 11 en pareja cuando decidió ser mamá. Pensaba continuar vinculada al gaming desde otro lugar, haciendo contenido o streaming, pero no imaginaba volver a competir.
La posibilidad apareció cuando la convocaron para los Juegos. Primero dudó, lo habló con su pareja, su familia y sus amigos y empezó a entrenar en el seleccionado. El problema era que ya no disponía de las mismas horas que antes. Su pareja estaba terminando sus estudios y de lunes a miércoles casi no se veían. Daniela esperaba a que él llegara, dormía al bebé y recién ahí podía sentarse a jugar.
"Salí primera del grupo. Siento que por ese lado estaba muy orgullosa de poder mantener un mental", explica.
“Jugaba una o dos horas en silencio en el living, porque tampoco podíamos hablar mucho”, cuenta. Cada espacio libre servía. Y ahí también apareció su experiencia, después de años de competencia.
Por eso, llegar hasta la final luego de años sin participar en una instancia de esa magnitud tuvo un valor especial. “Las chicas que compitieron jugaron FIFA 25, FIFA 26. Ellas tenían mucho más tiempo. Poder estar al nivel en tan poco tiempo y después de tanto sin competir es un orgullo para mí”, dice.
Ahora que terminó el torneo, había definido esta vuelta como un posible “last dance”, pero la competencia volvió a despertar algo que creía apagado. “Cuando uno compite, le apasiona lo que es la adrenalina y poder representar a mi país es algo enorme”, explica. Por ahora piensa en probar con la creación de contenido.
Después de la final, la jugadora quedó sorprendida por la cantidad de entrevistas que recibió apenas terminó el partido.
Hoy el gaming volvió a ocupar un lugar importante, pero no el principal. Ese lugar lo tiene su hijo. “Hoy soy madre, pero cuando tengo dos o tres minutos, trato de jugar”, dice Daniela. Después de dos años sin competir, volvió por una oportunidad que había esperado durante toda su carrera. No sabe si fue realmente el último baile, pero volvió a sentir que la competencia era algo que extrañaba.
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