08/09/2026 07:02
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Rafa Guerrero, psicólogo: "El 100% de la población está traumatizada, pero se puede sanar"

Rafa Guerrero, psicólogo: "El 100% de la población está traumatizada, pero se puede sanar"

Casi la totalidad de la población presenta también alguna adicción, según el reconocido psicoterapeuta español. Todo esto se puede tratar, al advertir cómo estas heridas invisibles

¿Qué pasaría si nos dijeran que, a nivel psíquico, un trauma no es solamente un hecho disruptivo, que tenemos claramente identificado? ¿Qué pasaría si nos dijeran que eventos mucho más sutiles dejaron una marca en nuestra subjetividad, y rigen muchas de las formas en que hoy nos comportamos y, sobre todo, en que padecemos?

El reconocido psicoterapeuta español Rafa Guerrero no practica el psicoanálisis. Sin embargo, cree que es fundamental partir de los síntomas que hoy nos perturban para llegar a qué cuestiones, en nuestra trayectoria pasada, nos han marcado.

Y en esa búsqueda, señala, es más relevante el rol que tuvieron los adultos que el trauma en sí mismo. Si rigió, o no, lo que denomina “la ley del silencio”, será decisivo.

Antes de su llegada a Buenos Aires (el 7 de octubre dará una conferencia llamada Las heridas invisibles: lo que no ves también dirige tu vida), Guerrero, especializado en trauma, apego y adicciones tecnológicas, y autor de Adictos a las pantallas, conversó con Clarín.

—¿Cuál es la correcta definición de trauma?

—Hay dos acepciones. El común de la gente diría que un acontecimiento traumático es cualquier situación que ha sido muy estresante y emocionalmente muy intensa. Por ejemplo, un accidente de tráfico, una violación, un atraco.

Ahora, la investigación y la clínica nos demuestran que este tipo de acontecimientos solamente se dan en un 10% de las ocasiones, en comparación con el resto, que es la globalidad de los acontecimientos traumáticos. Entonces, ese 90% ¿a qué corresponde? A lo que se conoce como trauma complejo o trauma del desarrollo.

¿Qué tipo de situaciones son estas? Son maneras en las que los adultos nos vinculamos con los niños. Por ejemplo, un niño que desde bien chiquito ha visto, ha vivido y ha sufrido, como su mamá, su papá, su abuelo, su maestra o quien sea, le han chantajeado, le han mentido, le han humillado, le han señalado, le han juzgado. Un niño que es castigado muy habitualmente, potencialmente eso se transforma en un acontecimiento traumático.

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Este 90% de los acontecimientos traumáticos son invisibles porque están normalizados. Es decir, tanto en Latinoamérica, como en España, como en muchos lugares del mundo, si uno escucha una mamá decir, “Juanito, estás castigado por no haberme hecho caso” desgraciadamente está normalizado, así como chantajear a los niños.

Tanto las situaciones de chantaje, de amenaza, de mentira, de culpabilización, de sobreprotección, son formas de vinculación que no solo no son sanas, sino que además son potencialmente traumáticas. Entonces puedo estar traumado porque mi mamá o mi papá nunca confiaron en mí. Son maneras de vincularse que están tan normalizadas e invisibles que resultan difícil de reconocer. Porque además, van a favor de la ley del silencio, de "no hablemos de todo ello".

La etimología de trauma, quiere decir herida. Entonces tú vas a un traumatólogo por una fractura. Pero vas a un psicoterapeuta cuando hay una ruptura, cuando ha habido una escisión o cuando ha habido una herida emocional, el trauma psíquico.

—Tomando esta definición, parece que no hay chance de que no estemos todos traumados. ¿Quién no ha vivido alguna situación como la que relatás en algún momento de la infancia?

—Claro. Por eso siempre digo que el 100% de la población está traumada o traumatizada, como dicen ustedes los argentinos, por un acontecimiento o por otro... Sí, es verdad que mucha gente me critica y no le gusta que diga esto, pero estoy 100% convencido.

Es decir, vivimos en una sociedad traumatizada y traumatizante, es decir, que tendemos a reproducir nuestros traumas, con lo cual los pasamos de generación en generación.

Muchas mamás y muchos papás aseguran “no le he contado lo que me pasó, no me ha visto llorar”. Y no hace falta, porque percibe que te pasa algo, que estás triste, que estás preocupada. No es lo que decimos, es cómo nos sentimos. El ser humano en general y los niños en particular son grandes expertos en percibir estados emocionales.

—Si estos impactos en la subjetividad, que son estos traumas más corrientes, son abordados, tratados, alojados por los adultos, ¿tendrán menos impacto en el futuro?

—Eso es. Lo que va a convertir ese acontecimiento impactante emocionalmente en traumático es la ley del silencio. Es decir, que los adultos, que los que formamos la tribu de ese chico que es muy vulnerable, silenciemos lo que ha sucedido, impidamos que el niño lo exprese, lo cuente, lo llore, lo integre.

Por eso siempre digo que no es tan importante lo que le ha sucedido al niño, sino el hecho de que sus papás, abuelos y entorno están haciendo como si no hubiera ocurrido nada. No es lo mismo, si un niño ha vivido un abuso sexual, que su entorno se haya enterado, lo haya explicitado, trabajado con el niño... y eso no implica necesariamente ir a psicoterapia. Hay papás que son emocionalmente inteligentes y que lo pueden gestionar muy bien.

Es decir, si ha habido un acontecimiento tan grave como es un abuso sexual, pero son capaces de ponerlo encima de la mesa, de hablar, de conectar con el niño, de entender que no es culpa suya, que hubo un perpetrador, que fue el tío, que fue un profesor, que fue el abuelo, que haya sido quien fuera, y lo trabajan, lo narran, y no son cómplices; ese acontecimiento es posible que no se convierta en traumático.

Pero a lo mejor, otra situación cotidiana, como una chiquita que va a de la mano de su madre por la calle tranquilamente y de repente un perro le ladra, le saca los dientes y la asusta. Si esa madre hace como si eso no hubiera ocurrido y dice, “mira qué bonitos arbolitos hay por aquí”, la posibilidad de que este segundo acontecimiento se convierta en traumático y el primero no, es mucho mayor por lo que los adultos han hecho con lo que ha sucedido.

Y por eso te decía que el como si es muy importante. A veces los adultos, con buena intención, no queremos que nuestros hijos sufran, y entonces hacemos como si esto no hubiera ocurrido. Hacemos como si su padre no se hubiese puesto como un energúmeno y hubiese dado un puñetazo a la mesa, o que incluso dé un golpe. Y decimos “es hora de ir al colegio, cariño, lávate la cara, ponte la mochila”. Entonces, el mensaje ahí es, vamos a hacer como si tu padre no fuera un perpetrador, no fuera un violador, no fuera un autoritario. Vamos a hacer como si.

Y lo peor de todo es que los niños lo hacen. Le dices explícitamente, vamos a hacer como si, y los niños, porque necesitan tu vínculo y necesitan estar apegados a ti, lo van a hacer. Y van a hacer como si papá no fuera un perpetrador, aunque lo sea.

—¿Cuáles son las motivaciones de esa actitud de los padres, que por lo que decís es bastante común? ¿Es por falta de herramientas, por complicidad?

—Hay mucho miedo de que nuestros hijos sufran. Hay emociones de nuestros hijos -a las que llamamos emociones negativas, aunque yo prefiero hablar de emociones de defensa o desagradables- que gestionamos muy mal. Y con la que peor nos llevamos los padres es con la tristeza. No sabemos qué hacer cuando nuestros niños están tristes.

Es insoportable, y entonces inmediatamente les damos el dispositivo y entonces hacemos todo lo que está en nuestra mano con la mejor de las intenciones para que el niño no esté triste y no conecte con su tristeza, lo cual es un error. Porque el día de mañana, cuando nosotros no estemos, va a haber momentos en los que se van a sentir tristes, frustrados o van a sentir miedo. Y entonces tienen que aprender a pasar por todo esto.

¿Por qué lo hacemos? Lo hacemos primero porque es más cómodo mirar para otro lado, cuando hay algo enfrente de ti que es desagradable, es mucho más fácil. Y en segundo lugar, porque tenemos mucho miedo.

—¿Son estos pequeños traumas identificables por el sujeto una vez que es adulto? ¿Puede decir “es que me pasó esto y esto”? ¿O son cuestiones que permanecen más bien reprimidas?

—Hay una respuesta a dos niveles. Es posible que a nivel consciente, a nivel de recuerdo, uno no lo tenga claro, no lo tenga explícito. Pero sí que es cierto que, como dice Bessel van der Kolk, el cuerpo lleva la cuenta. El cuerpo guarda todo, absolutamente todo: lo que vivimos mientras nuestra mamá estaba embarazada, el parto. Toda esa está información está guardada.

Y aunque no nos acordemos de cómo nuestros padres nos trataban cuando teníamos horas, días o las primeras dos semanas de vida, porque no hay memoria explícita hasta los tres años; eso está guardado.

Y yéndonos a los extremos para que lo veamos más fácil, ese buen trato o ese maltrato, lo llevamos guardado en nuestro cuerpo. Luego más adelante, cuando somos mayores, podemos mirar atrás e hilar cabos, podemos ser conscientes, podemos integrar y podemos sanar, pero no siempre el trauma es consciente.

De hecho, la mayoría de los pacientes que yo veo en consulta vienen con unos síntomas que ellos creen que se deben al momento presente: “Hola, buenos días, vengo porque tengo mucha ansiedad”, “vengo porque estoy estresado”, “vengo porque estoy deprimido”, “vengo porque tengo un conflicto con mi mujer”, “vengo porque tengo eyaculación precoz”,“vengo porque tengo trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH)”, “vengo porque tengo insomnio”.

Pero es un error que cometemos los profesionales de la salud mental preguntar “¿cuál es un motivo de consulta?” Cuando la pregunta tendría que ser “¿qué te pasó?”. Eso permite ir a su infancia, a su adolescencia y todo lo que sucedió ahí tiene mucho que ver con lo que ahora a mí me está sucediendo en el momento presente, en 2026.

No siempre somos conscientes, a veces porque no recordamos, a veces nos da miedo explicitarlo, pero los síntomas hablan siempre. Entonces este insomnio tiene una función, este niño que se ha diagnosticado con TDAH y que se muestra muy hiperactivo, esta hiperactividad tiene una función, los síntomas siempre cumplen una función, si somos capaces de interpretar el síntoma basándonos en lo que sucedió o a lo que está sucediendo ahora en esta familia, podemos empezar a sanar. El trauma desde luego que se puede sanar.

Pero no hay que ir a sanar el síntoma, el problema no es la ansiedad, el problema es lo que te causa la ansiedad, el problema no es TikTok, el problema no es la adicción a las redes sociales, el problema es lo que te empuja a evadirte en las redes sociales. Y eso no siempre lo tenemos claro.

Vivimos en un modelo médico donde lo importante es el síntoma. ¿Cuáles son sus síntomas? ¿Qué le trae por aquí? Bueno, yo no digo que no haya que preguntar por los síntomas, pero la gran pregunta es, quiero comprender cuál es tu historia, quiénes son tus padres, cómo se vincularon contigo, qué tipo de traumas, qué tipo de muertes cercanas has vivido, qué tipo de hitos importantes en tu vida has tenido para poder llegar al momento presente.

Rafa Guerrero se presentará el miércoles 7 de octubre a las 19.30 en el Palacio San Miguel, para dar la conferencia "Las heridas invisibles: lo que no ves, también dirige tu vida".

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