15/07/2026 23:24
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El Ojo de Troglio: Argentina ganó con el corazón y con fútbol y volvió a demostrar que nunca deja de creer

El Ojo de Troglio: Argentina ganó con el corazón y con fútbol y volvió a demostrar que nunca deja de creer

La remontada ante Inglaterra metió a la Selección en otra final del Mundial, donde el domingo enfrentará a España. Por qué la emoción fue más fuerte que cualquier análisis futbolís

Ahí está. Argentina está otra vez en la final del Mundial. Y les voy a ser sincero: pocas veces me costó tanto hablar de fútbol. En lo personal viví algo que nunca había sentido. Vengo atravesando emoción tras emoción con esta Selección, pero la de hoy fue distinta. Más fuerte. Más profunda. Me tocó jugar un Mundial y esa emoción es incomparable porque uno se siente responsable de lo que pasa adentro de la cancha. Cuando sos jugador creés que podés cambiar la historia. Pero cuando estás afuera, como hincha, no podés hacer absolutamente nada. Solo esperar.

Mientras veía el partido pensaba en eso. En la desesperación por querer ayudar y no poder. En el deseo de que las cosas salgan bien. En abrazarte con un hijo cuando llega un gol. En llorar sin vergüenza. Tengo seis hijos. Hablé con los que están lejos y pude abrazarme con el más chico, que tiene once años. Terminamos llorando los dos. Esta Selección provoca cosas muy fuertes. Me hizo revivir emociones que sentí jugando, como el gol contra la Unión Soviética en Italia 90, la clasificación por penales frente a Yugoslavia o la semifinal con Italia. Pero lo de hoy fue diferente. Todavía me dura. Todavía me cuesta hablar solamente de fútbol.

Por eso lo primero que quiero hacer es agradecer. A Scaloni, a los jugadores y también a la gente. Porque hubo un momento en el que el equipo sintió el empuje de todo un país. Scaloni dijo hace unos días que los argentinos somos distintos. Coincido. No porque seamos mejores que nadie, sino porque vivimos el fútbol de una manera especial. Tenemos una pasión, una emoción y un sentimiento que son únicos. Y eso también se transmite a los jugadores.

Después sí apareció el partido. Un primer tiempo muy difícil. Los dos equipos llegaron muy estudiados, hubo mucha fricción, muchas faltas y muy pocas situaciones de gol. Argentina tuvo un par de aproximaciones con Julián Álvarez y el empate era justo. Inglaterra prácticamente no había generado peligro.

Cuando arrancó el segundo tiempo sentí que Argentina estaba mejor. Empezaba a jugar más cerca del arco rival y parecía tener el control. Pero en la única jugada de verdadero riesgo que tuvo Inglaterra llegó el gol. Ahí pensé que el partido se había complicado muchísimo. Sinceramente, no veía fácil la remontada. Imaginaba que Inglaterra iba a encontrar espacios para el contraataque y podía liquidarlo.

Sin embargo pasó algo que cambió todo. Inglaterra decidió esperar demasiado. No me parece que haya sido una mala idea. Seguramente pensó que Argentina iba a adelantarse y que podía lastimarla con la velocidad de sus delanteros. Pero se bloqueó. Le costó salir. Y al mismo tiempo Argentina jugó una segunda mitad extraordinaria. Lo empujó contra su arco, pegó dos tiros en los palos, atacó por todos lados y terminó encontrando un empate absolutamente merecido.

Después apareció Messi. Es evidente que el desgaste físico existe. Pero también es evidente que sigue sabiendo cuándo acelerar y cuándo decidir un partido. Apareció en las dos jugadas decisivas y terminó poniendo un centro perfecto para el cabezazo de Lautaro Martínez. En este Mundial se ven muchos errores defensivos dentro del área. Se dejan jugadores libres, se pierde la referencia de marca. Y si enfrente está Messi para poner la pelota exactamente donde tiene que caer, eso normalmente termina en gol.

También quiero detenerme en Scaloni. En el fútbol es muy fácil analizar los cambios después del resultado. Si salen bien, el entrenador es un fenómeno. Si salen mal, parece que se equivocó en todo. Yo no pienso así. Los cambios siempre responden a una idea. Después pueden salir bien o mal.

Muchos se sorprendieron cuando salió Leandro Paredes. Pero el técnico sabe quién está cansado, quién está acalambrado y quién ya no puede sostener el ritmo del partido. Eligió sacar a Paredes y acertó. También acertó con el ingreso de Rodrigo De Paul, que le dio oxígeno y personalidad al mediocampo. Lautaro terminó resolviendo el partido. Y Nico González volvió a demostrar que siempre entra bien y puede transformarse en una alternativa importante para la final contra España.

Hay otro detalle que para mí explica mucho de este equipo. Nunca deja de competir. Incluso cuando el partido parece escaparse, sigue insistiendo de la misma manera. No pierde el orden, no pierde la calma y, sobre todo, no pierde la convicción. Eso también se entrena, pero hay una parte que tiene que ver con la personalidad de los futbolistas. Este grupo ya pasó por un montón de situaciones límite y siempre encontró una respuesta. Por eso, cuando empató el partido, sentí que todavía podía ganarlo. No porque fuera una cuestión de suerte, sino porque Argentina ya había impuesto definitivamente su juego e Inglaterra había dejado de creer.

Ahora queda un paso más. El domingo, frente a España, Argentina volverá a jugar una final del mundo. Será otra prueba enorme, contra un rival que llega en un gran nivel. Pero después de una noche como la que vivimos frente a Inglaterra, este grupo demostró una vez más que nunca deja de competir, que nunca deja de creer y que siempre encuentra una respuesta cuando parece que todo está perdido.

Estamos otra vez en una final del mundo. Gracias, Scaloni. Gracias muchachos. Gracias al pueblo argentino. Argentina es corazón, pasión y sentimiento.

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