23/09/2026 14:21
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El agro en la cuerda floja: la asignatura pendiente del seguro climático

El agro en la cuerda floja: la asignatura pendiente del seguro climático

La cobertura local se reduce al granizo simple, dejando desprotegidos a los cultivos ante la sequía extrema y las inundaciones. Las AgTech y las InsurTech pusieron sobre la mesa a

Cada inicio de campaña, el productor agropecuario argentino asume un riesgo que pocos empresarios en el mundo aceptarían: arriesgar su capital a cielo abierto sin una red de contención frente a los extremos del clima. Mientras que la tecnología y la genética avanzaron a pasos agigantados, la arquitectura financiera y de protección ante catástrofes climáticas en nuestro país quedó congelada en el tiempo. La falta de un mecanismo moderno de seguros agrícolas no es solo un problema del campo; es una debilidad estructural de toda la economía argentina.

La distancia que nos separa de nuestros principales competidores en esta materia es abismal. En los Estados Unidos, el Federal Crop Insurance Corporation (FCIC) subsidia una parte sustancial de las primas de los seguros, logrando que más del 85% de la superficie elegible esté protegida. Cruzando la frontera hacia Brasil, el panorama es similar: el Programa de Subvenção ao Prêmio do Seguro Rural (PSR) inyecta recursos estatales de manera estratégica a través del Plan Safra, permitiendo que sus productores estabilicen ingresos y planifiquen a largo plazo. En ambos países, el seguro agrícola es considerado una política de Estado porque entienden que un productor que quiebra por el clima es un eslabón que se pierde en la cadena macroeconómica.

En la Argentina, la realidad es diametralmente opuesta. Sin subsidios ni incentivos fiscales, la cobertura local se reduce casi exclusivamente al granizo simple, dejando desprotegidos a los cultivos ante los riesgos más sistémicos y devastadores: la sequía extrema y las inundaciones.

La historia demuestra que esta vulnerabilidad no solo destruye valor económico, sino que tiene profundas consecuencias políticas. En nuestro país, donde las cuentas públicas y las reservas dependen críticamente de las divisas del agro, las crisis climáticas suelen actuar como el detonante de grandes giros institucionales. Ocurrió en 1952, cuando una sequía histórica obligó a Juan Domingo Perón a un drástico plan de austeridad económica y al consumo forzado del recordado "pan negro". Más cerca en el tiempo, la sequía de 2018 desató la crisis de balanza de pagos que empujó al gobierno de Mauricio Macri a acudir al FMI. Finalmente, el colapso climático de la campaña 2022/23 —que costó más de 20.000 millones de dólareslicuó las reservas del Banco Central, disparó la inflación y terminó de sepultar las aspiraciones electorales del oficialismo de entonces. En Argentina, cuando el clima castiga al campo, las urnas y los despachos de la Casa Rosada acusan el impacto de inmediato.

Depender de la Ley de Emergencia Agropecuaria —un mecanismo burocrático que apenas posterga el pago de algunos impuestos cuando el daño ya es total— equivale a combatir un incendio forestal con un balde de agua.

Afortunadamente, el menú de soluciones técnicas cambió drásticamente. Hoy no dependemos de los esquemas tradicionales de seguros que requieren costosas e interminables peritaciones a campo después del desastre. La revolución de las AgTech y las InsurTech puso sobre la mesa a los seguros paramétricos o de índice.

Estas coberturas no aseguran el rendimiento final de forma subjetiva, sino que actúan ante la ocurrencia de un indicador objetivo y medible mediante tecnología satelital o estaciones meteorológicas homologadas, como el déficit hídrico o las bajas temperaturas en ventanas críticas del cultivo.

Las ventajas para el ecosistema son contundentes:

Transparencia y objetividad: Al basarse en datos duros (como índices de vegetación o milímetros caídos), se elimina la discusión entre el perito y el productor.

Inmediatez: Si el satélite detecta que se alcanzó el "gatillo" o umbral crítico preestablecido, el pago se dispara de forma automática y llega al productor en días, justo cuando más necesita la liquidez para recuperarse.

Escalabilidad: Permite diseñar pólizas a la medida de cada microrregión y cultivo.

Para que este salto tecnológico se masifique en el agro argentino, se necesita un marco normativo previsible y estímulos fiscales que conviertan al seguro en una herramienta accesible.

En ambos frentes ya se ven algunos brotes verdes. En julio la Superintendencia de Seguros publicó en el Boletín Oficial la Resolución 315/2026, que aprueba un nuevo marco regulatorio e incorpora un régimen específico para los seguros paramétricos, modernizando la cobertura de riesgos climáticos y catastróficos. Por su parte, la Provincia de Córdoba implementó este año un Seguro Multirriesgo Agrícola inédito en Argentina. Financiado al 100% por el Estado a través del Fondo de Desarrollo Agropecuario, este programa cubre de forma gratuita a los productores adheridos al programa de Buenos Prácticas Agropecuarias

Financiar la previsibilidad siempre será más barato para el Estado que subsidiar la quiebra y administrar crisis institucionales. Es hora de dejar de mirar al cielo rezando por lluvia y empezar a mirar las pantallas para gestionar el riesgo con las herramientas del siglo XXI.

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