Hay quien abre la puerta de su habitación y ve simplemente ropa sobre una silla, una cama sin hacer y objetos acumulados. Otros pueden ver algo más: una lista de pequeñas cosas que llevan días, semanas o meses pendientes.
Esta segunda lectura es la que plantea Santiago Ávila, divulgador especializado en liderazgo humanista, en uno de sus vídeos en redes sociales.
Su reflexión parte de una idea que popularizó el psicólogo canadiense Jordan Peterson en "12 reglas para vivir", y es que antes de intentar cambiar el mundo que nos rodea hay que empezar por poner algo de orden en nuestro propio espacio.
¿Una cuestión de responsabilidad?
“Tu habitación está desordenada. ¿Qué dice de ti?”, plantea al comienzo de su vídeo. La respuesta, según su interpretación, no tiene tanto que ver con la higiene como con la responsabilidad.
“El desorden es un espejo silencioso de lo que pospones, lo que evitas, lo que toleras”, sostiene.
En este sentido, un estudio publicado en 2025 en Journal of Environmental Psychology, con 501 adultos, encontró una asociación entre un mayor desorden en casa y menores niveles de bienestar psicológico y satisfacción vital, aunque los propios autores advierten de que los resultados son correlacionales y no permiten afirmar que el desorden sea la causa.
Santiago Ávila, experto en liderazgo, habla sobre el desorden y su impacto..
Es una distinción importante: tener una habitación desordenada no significa que una persona sea irresponsable, vaga o tenga problemas psicológicos. El contexto importa.
De hecho, investigaciones anteriores también encontraron que la relación entre desorden y bienestar es más compleja de lo que parece. Un trabajo con 1.111 participantes concluyó que la percepción subjetiva del desorden y la relación psicológica con el hogar estaban asociadas con el bienestar.
El efecto de las pequeñas cosas
Según Ávila, el problema aparece cuando el desorden forma parte de un patrón más amplio. “El desorden físico anticipa tu desorden mental”, asegura.
Video
Santiago Ávila, experto en liderazgo, habla sobre el desorden.
Y pone ejemplos muy cotidianos, como la dificultad para concentrarse, los compromisos que se van dejando para mañana, la incapacidad para establecer límites o los olvidos y los impulsos. Objetivos que no se abandonan de golpe, sino después de acumular “pequeñas evasiones repetidas”.
Es en este punto donde la teoría de Peterson se torna especialmente relevante. Hacer la cama u ordenar una habitación no pretende solucionar una vida entera, pero sí que puede demostrar que existe al menos una parcela sobre la que sí podemos actuar.
“Poner tu casa en perfecto orden antes de criticar el mundo”, dice Jordan Peterson.. Foto: AdobeStock
La regla de Peterson sobre “poner tu casa en perfecto orden antes de criticar el mundo” forma parte de un planteamiento más amplio basado en asumir responsabilidad sobre aquello que está dentro de nuestro margen de actuación.
Ordenar no es una terapia
Conviene no llevar la idea demasiado lejos. Una persona puede tener una habitación desordenada y estar perfectamente bien. Y al contrario, tener una casa impecable no garantiza equilibrio emocional.
La propia evidencia científica invita a ser prudentes. Uno de los estudios más recientes sobre desorden y bienestar encontró efectos modestos y señala que hacen falta investigaciones longitudinales y experimentales para determinar mejor qué relación causal existe entre ambos fenómenos.
“Ordenar tu habitación no arregla tu vida, pero revela dónde pierdes el control”. Foto: Freepik
“Ordenar tu habitación no arregla tu vida, pero revela dónde pierdes el control”, afirma Ávila. Y ahí está el verdadero mensaje: empezar por algo pequeño, visible y que depende directamente de uno mismo.
Marc Mestres, La Vanguardia
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