24/08/2026 18:34
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José Luis del Olmo, 71 años: “Soy incapaz de estar sin hacer nada; no tengo un talento excepcional ni soy un deportista extraordinario, pero tengo capacidad de esfuerzo”

José Luis del Olmo, 71 años: “Soy incapaz de estar sin hacer nada; no tengo un talento excepcional ni soy un deportista extraordinario, pero tengo capacidad de esfuerzo”

Profesor emérito y doctor en Comunicación especializado en moda, Del Olmo compaginó durante toda su vida la docencia y la investigación con una curiosidad inagotable que lo llevó a

Hay personas que acumulan años y otras acumulan muchas vidas en una, y este es el caso de José Luis del Olmo (Abenójar, Ciudad Real, 1955).

Cuesta resumir su trayectoria en una sola profesión. Trabajó en el mundo de la empresa, dirigió proyectos universitarios, se doctoró cuando muchos estaban pensando en la jubilación, escribió libros sobre moda y otros temas divulgativos, artículos y publicaciones científicas.

Y como si esto fuera poco, corre maratones, pinta desde que era un niño -gracias a un curso a distancia que le regalaron sus padres-, canta en un coro y acaba de asumir el cargo de defensor universitario de la Universidad Abat Oliba CEU de Barcelona.

Ahora prepara tres nuevos libros mientras aprende a nadar “de verdad” o, como dice él, “hago un curso de tecnificación acuática”. Aparte, hace deporte cada día y no está un solo día sin hacer sus 10.000 pasos.

No hablamos con él de longevidad utilizando términos científicos ni biomarcadores.

Pero, escuchándolo, uno entiende que su forma de vivir coincide con muchas de las conclusiones que hoy señala la investigación sobre envejecimiento saludable: mantener la curiosidad, seguir aprendiendo, estar activo siempre, cuidar el cuerpo, cultivar las relaciones y, sobre todo, no dejar nunca de tener un motivo para levantarse cada mañana.

Porque para él todo acaba cuando dejas de tener proyectos y retos.

"Creo que, por encima de todo, soy una persona curiosa"

-José Luis, cuando uno intenta presentarle, no sabe por dónde empezar: profesor, doctor, corredor de maratones, escritor, pintor, cantante... ¿Quién es realmente José Luis del Olmo?

-Creo que, por encima de todo, soy una persona curiosa. La curiosidad ha sido el motor de toda mi vida. Nunca me he conformado con hacer una sola cosa. Siempre he sentido la necesidad de aprender algo nuevo, de descubrir otros caminos. Si miro hacia atrás, me doy cuenta de que una cosa me ha ido llevando a otra casi sin darme cuenta.

-¿Esa curiosidad comenzó muy pronto?

-Sí. Siempre he sido muy inquieto. Con catorce años ya estaba trabajando porque era lo habitual en muchas familias de entonces, pero a los dieciséis tuve una sensación muy clara: aquello no era suficiente. Me dije: “Hay que estudiar”.

Desde ese momento compaginé el trabajo con los estudios nocturnos para acceder al bachillerato y, después, entrar en la universidad y estudiar Publicidad y Relaciones Públicas. Nunca he dejado de aprender desde entonces.

-No fue precisamente un camino fácil…

-No, pero tampoco lo vivía como un sacrificio. Era simplemente la manera de construir la vida que quería tener. Siempre he pensado que uno tiene que intentar hacer algo más de lo que las circunstancias parecen permitirle. Y trabajé siempre mientras estudiaba.

Uno de los libros publicados por José Luis del Olmo. Foto: Eunsa.es

-¿Sus padres entendieron esa decisión de seguir estudiando?

-Por supuesto. De hecho, antes incluso de entrar en la universidad, ya habían hecho un esfuerzo de pagarme un curso de dibujo y pintura por correspondencia porque veían que me gustaba dibujar. Trabajaba como ayudante de diseñador gráfico y me decían que dibujaba bien. Mis padres siempre apoyaron mis inquietudes.

-Sin embargo, usted no se quedó únicamente con su trabajo de ayudante…

-No, por eso estudié Publicidad, y me licencié, aunque en aquel momento era una carrera muy nueva y éramos un poco “conejillos de indias”. Al acabar los estudios, empecé en el mundo de la comunicación y el marketing. Trabajé en empresas como Pronovias, la agencia Ogilvy Direct, en la francesa Phildar, hasta que llegó un momento en el que apareció una oportunidad inesperada: la universidad.

-¿Y ahí encontró su sitio?

-Completamente. Empecé en la gestión universitaria, pero pronto pensé que no quería dedicarme únicamente a la parte administrativa; también quería formar parte de la formación. Fue entonces cuando decidí hacer el doctorado. Me doctoré en 2009, el principio de una nueva vida, a los 54 años.

"Supongo que tengo cierta incapacidad para quedarme quieto"

-Mientras tanto, seguían apareciendo nuevas aficiones.

-(Ríe). Es verdad. Estudié música en el Conservatorio de Barcelona, hice toda la carrera de solfeo, estudié guitarra clásica, empecé a cantar en el Orfeó Català, más tarde en el Cor Càrmina y el Cor Madrigal y ahora formo parte del Orfeó Atlàntida. También retomé la pintura después de muchos años. Supongo que tengo cierta incapacidad para quedarme quieto.

-También empieza a correr relativamente tarde; no es el típico corredor que lleva haciéndolo desde niño.

-Empecé a correr de verdad ya de adulto. Vivía cerca de la carretera de les Aigües y un día pensé que necesitaba moverme más. Al principio hacía recorridos muy cortos, pero poco a poco fueron llegando las carreras populares, después las medias maratones y, casi sin darme cuenta, terminé preparando mi primera maratón. Nunca imaginé que acabaría corriendo varias.

José Luis del Olmo admite que comenzó a correr de adulto. Foto ilustrativa: Shutterstock

-Y la primera llegó cuando mucha gente ya piensa en bajar el ritmo.

-Exactamente. Mi primera maratón la corrí pasados los sesenta años. La mayoría empieza con cuarenta o incluso antes. Yo llegué bastante tarde, pero eso demuestra que nunca es demasiado tarde para plantearte un reto nuevo.

-¿Qué le enseñan a hacer esos 42 kilómetros?

-Sobre todo, paciencia. Una maratón no se improvisa. No sirve de nada salir demasiado rápido. Aprendes a escuchar el cuerpo, a respetar los tiempos y a gestionar el esfuerzo. Creo que es una buena metáfora de la vida: si quieres llegar lejos, necesitas constancia mucho más que velocidad. Y mucha disciplina.

-Disciplina. ¿Es una palabra importante en su vida?

-Es fundamental. Si miro atrás, creo que nada de lo que he conseguido habría sido posible sin disciplina. No soy un deportista extraordinario, ni tengo un talento excepcional. Lo que sí tengo es capacidad de esfuerzo. Y esa disciplina me ha acompañado estudiando, trabajando, investigando y también entrenando.

-¿Qué hace cuando no le apetece entrenar?

-Entrenar igual. Hay días en los que cuesta muchísimo salir a correr. Ahora, por ejemplo, con el calor entreno muchas veces en la cinta del gimnasio y siempre digo que es una de las cosas más aburridas que existen. Puedes estar una hora mirando la pared, pero precisamente ahí entra la disciplina. No haces las cosas únicamente cuando te apetecen. Las haces porque forman parte de quien eres.

"Esos pequeños compromisos contigo mismo acaban construyendo una manera de vivir"

-¿Nunca negocia consigo mismo?

-Poco. Tengo una norma bastante sencilla: intento caminar al menos 10.000 pasos al día. Si no los hago, siento que me falta algo. Puede parecer una tontería, pero esos pequeños compromisos contigo mismo acaban construyendo una manera de vivir.

-¿Diría que cuidar el cuerpo es cuidar la mente?

-Sin ninguna duda. Para mí van completamente unidos. Cuando hago ejercicio, me encuentro mejor físicamente, pero también mucho más despejado mentalmente. Creo que mover el cuerpo ayuda a ordenar las ideas. Muchas veces, mientras corro, aparecen soluciones a problemas en los que llevaba días pensando.

-¿Qué papel tiene la alimentación en su vida?

-Intento comer de forma saludable. Soy una persona bastante disciplinada también con la alimentación, aunque reconozco que después de correr una buena cerveza me sabe a gloria. También tengo algunas debilidades saludables. Por ejemplo, puedo comer cuatro kilos de manzanas a la semana.

-¿Y el descanso? Hoy sabemos que dormir bien es uno de los pilares de la longevidad.

-Aquí probablemente suspenda un poco. Nunca he sido de dormir mucho. Seis o siete horas me bastan. A veces pienso que dormir demasiado es perder tiempo para hacer otras cosas. Sé que los expertos probablemente me reñirían.

-¿Gestiona bien el estrés?

-No siempre. Soy impulsivo y esa es una de mis debilidades. A veces me cuesta bajar el ritmo. Mi cabeza suele estar pensando siempre en el siguiente proyecto. Cuando termino uno ya estoy imaginando el siguiente. Probablemente debería disfrutar más del momento presente, pero soy así.

-Ahora también está aprendiendo a nadar.

-(Ríe). Bueno, estoy haciendo lo que yo llamo “tecnificación acuática”, es mejor que llamarlo curso para aprender a nadar. Aunque sé nadar para defenderme, me apetecía hacerlo correctamente. Es otro ejemplo de que nunca dejamos de aprender.

Ahora, José Luis del Olmo está perfeccionando su nado. Foto ilustrativa: Adobe Stock

-Hay quien podría pensar: “¿Para qué aprender a nadar con 71 años?”

-Precisamente por eso. Porque todavía puedo hacerlo. No necesito un motivo extraordinario. Me basta con tener curiosidad. Creo que aprender una habilidad nueva siempre merece la pena, tengas la edad que tengas.

"Lo importante no es el proyecto concreto. Lo importante es seguir teniendo proyectos"

-Da la sensación de que necesita sentirse en movimiento constantemente.

-Sí. No sé estar quieto, pero no lo vivo como una obligación; lo vivo como una forma de disfrutar de la vida y me gusta tener retos delante. Un día es una maratón; otro, aprender a nadar; otro, escribir un libro.

Lo importante no es el proyecto concreto. Lo importante es seguir teniendo proyectos. Hay quien desconecta viendo una serie y yo desconecto empezando un proyecto nuevo. Es mi forma de disfrutar. Me hace sentir vivo.

-¿Hay alguien que le haya transmitido esa manera de entender la vida?

-Sin ninguna duda, mi madre. Tiene noventa años, sigue dando clases de costura, practica taichí y mantiene una vida muy activa. Siempre he pensado que esa inquietud constante por hacer cosas y seguir aprendiendo la he heredado de ella.

Y si hablamos del deporte, mi gran referente es Miquel Pucurull. Para cualquier maratoniano es un ejemplo. Tiene 87 años y sigue demostrando que la edad no es un límite. De hecho, hace poco también lo entrevistasteis en La Vanguardia.

-¿Y cuál es su siguiente meta deportiva?

-(Ríe). Cuando terminé la última Maratón de Barcelona pensé: “Hasta aquí hemos llegado”. Pero pasaron unos días y ya estaba pensando otra vez en convencer a alguno de mis hijos para que volviera a acompañarme como “liebre”; así le llamo yo. Así funciona mi cabeza. Siempre aparece un nuevo reto antes de que desaparezca el anterior.

-Hace poco fue nombrado defensor universitario. ¿Qué significó para usted?

-Fue un honor enorme. Lo viví como una forma de devolver a la universidad todo lo que me ha dado durante tantos años. Me gusta mediar, escuchar e intentar llegar a acuerdos. Me hace ilusión seguir sintiéndome vinculado a la institución.

-¿Cuántos proyectos tiene ahora mismo entre manos?

-Muchísimos. Soy incapaz de estar sin hacer nada; no soy de los que les gusta descansar. Este verano, por ejemplo, tengo tres libros de divulgación entre manos: uno ya está terminado, otro prácticamente acabado y un tercero muy avanzado. Además, quiero volver a pintar y me gustaría preparar otra exposición. No sabría vivir de otra manera.

-¿Qué significa para usted envejecer bien?

-Lo primero es conservar la salud, porque sin salud todo lo demás pierde sentido. Pero también significa seguir teniendo ilusión. Mantener la curiosidad, las relaciones, las ganas de levantarte por la mañana sabiendo que tienes algo que hacer. Tener proyectos es tener vida.

Evelyn López, La Vanguardia

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