En los hoteles de lujo, en la aviación privada, en los despachos donde se gestionan grandes patrimonios o en los equipos que organizan eventos para clientes de alto poder adquisitivo, hay profesionales acostumbrados a trabajar con discreción, presión y una exigencia permanente. Muchos de ellos dominan idiomas, saben anticiparse a los problemas y han aprendido a moverse en entornos donde cada detalle cuenta, pero no siempre encuentran en sus puestos una remuneración acorde con la responsabilidad que asumen.
Juan de Dios Orozco, experto en protocolo con más de cuatro décadas de trayectoria, lleva 14 años formando a profesionales vinculados a la mayordomía y a la atención al cliente de lujo, y asegura que ese perfil se ha ido ampliando en los últimos años: “Hay profesionales del lujo como directores de hoteles de 5 estrellas que se hacen mayordomos porque pueden cobrar mucho más con menos responsabilidades”, explica en La Vanguardia.
Un salto cada vez más frecuente. Foto: IG/orozcolopezjuan
Un salto cada vez más frecuente
Durante años, la hotelería de lujo fue una de las principales canteras de este tipo de profesionales, aunque el salto al servicio privado seguía siendo, para muchos, una decisión difícil de entender desde fuera. “Hasta hace quizá tres o cuatro años, la mayoría de los mayordomos eran profesionales de la hotelería de lujo, que estaban cansados de trabajar mucho y ganar poco, y se pasaban a ser mayordomos de privados”, explica Orozco.
La diferencia, según el experto, es que ahora ese movimiento se interpreta cada vez más como una salida profesional lógica para perfiles con experiencia, idiomas y capacidad de gestionar clientes exigentes, sobre todo cuando se compara la responsabilidad que asumen en sus trabajos con las condiciones que pueden encontrar en casas privadas. “Si a mí hace años me dicen que una directora de un hotel de cinco estrellas se pasa a ser mayordomo, yo, en principio, no lo entiendo. Después te das cuenta de cuál es su razón. Un director de cinco estrellas tiene unas responsabilidades tremendas, unos dolores de cabeza terribles, unas responsabilidades grandísimas, y no está suficientemente remunerado”, asegura el experto.
El salario, en ese sentido, no es un detalle menor. Orozco asegura que la profesión puede arrancar en España en cifras muy superiores a las habituales en otros empleos del sector servicios de lujo, y que esa diferencia explica parte del interés creciente por este perfil. “Cuando hablas ya de salarios que en España están en torno a los 3.500 euros mensuales netos siendo un perfil junior, la gente dice: yo quiero ser mayordomo”.
La mayordomía actual, insiste, no responde a un perfil único ni a una carrera lineal. En su escuela han pasado profesionales de procedencias muy diferentes, algunos con trayectorias ya consolidadas en ámbitos muy exigentes. “Ahora tenemos sobrecargos de aviación privada, que vienen de la aviación comercial; es decir, el recorrido sería aviación comercial, una experiencia dilatada como sobrecargo, pasan a aviación privada y, estando en aviación privada, se pasan también al servicio interior de propiedades como butler”, explica.
La mayordomía actual, insiste, no responde a un perfil único ni a una carrera lineal. Foto: IG/orozcolopezjuan
También hay otro perfil que, para Orozco, resulta especialmente interesante: el de secretarios y secretarias ejecutivas, profesionales acostumbrados a organizar agendas, anticipar necesidades y manejar información sensible. A ese abanico se suman organizadores de eventos, perfiles vinculados al sector financiero y personas que trabajan en family offices, algunas de las cuales dejan la parte estrictamente económica para pasar a un servicio más directo, más humano y más vinculado al día a día de grandes patrimonios.
La clave, en cualquier caso, no está solo en saber servir, sino en saber pensar. Un buen mayordomo, dice, debe ser “un perfecto detallista”, tener gusto por el trato con personas y disfrutar resolviendo problemas. A todo eso se le suman idiomas, protocolo y experiencia.
Sin embargo, ese atractivo profesional tiene también un reverso. La mayordomía privada puede ofrecer viajes, salarios altos y una cercanía poco habitual con clientes de gran poder adquisitivo, pero exige una disponibilidad emocional y personal que no todo el mundo está dispuesto a asumir. “Es un oficio apasionante, en la que ningún día haces lo que has hecho el día anterior”, afirma Orozco, que destaca la posibilidad de conocer otros países, otras culturas y situaciones complejas. Pero también avisa: “Es una profesión para cabezas muy bien amuebladas, porque hay que estar preparado para soportar grandes presiones”.
Por eso, asegura que ser mayordomo es una elección que debe encajar con la vida de cada persona. “No es un trabajo para tener cinco hijos pequeños”, sostiene. A su juicio, funciona mejor para profesionales adultos, con experiencia, cierta disponibilidad y “mínimas cargas familiares”, porque puede exigir viajar, pasar temporadas fuera de casa y acompañar a la persona o familia a la que se atiende.
El resultado es una profesión todavía poco entendida, pero cada vez más codiciada por quienes conocen el sector desde dentro, pues está muy bien remunerada. Sin embargo, Orozco advierte que “el atractivo económico funciona como puerta de entrada, pero no garantiza la permanencia”, pues quien no soporte la presión, los viajes o la exigencia de una familia acostumbrada a delegarlo todo difícilmente encontrará ahí su lugar.
Joel Sáez
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