El príncipe Román es uno de los relatos más conmovedores de Joseph Conrad. Trata sobre un noble de Rutenia que, como consecuencia del trágico fallecimiento de su amada, deja todo y se une al ejército rebelde polaco para luchar contra el Imperio Ruso.
Fue escrito por el autor de El corazón de las tinieblas y El duelo en 1910 y publicado al año siguiente en la revista Oxford and Cambridge Review. Hoy aparece en español en la reciente compilación de Cuentos Selectos Joseph Conrad de Miguel Vitagliano editada por Edhasa.
Uno de los momentos más reveladores del relato se da cuando al narrador le informan que le dio la mano al príncipe: “Acabas de estrecharle la mano al príncipe Román S. Lo recordarás cuando seas mayor”, le dice su tío.
Conrad esconde el apellido del personaje real, pero lo sugiere: “Román S.”...
El verdadero Príncipe Román
El autor hace referencia a Román Sanguszko, un curioso personaje histórico que vivió entre 1800 y 1881.
Un reconocimiento al Príncipe Román. Foto: Wistula, CC BY 3.0 <https://creativecommons.org/licenses/by/3.0>, via Wikimedia Commons
Los registros indican que el príncipe fue un aristócrata y noble polaco que participó inmiscuido entre los rebeldes en el Levantamiento de Noviembre de 1830 contra la Rusia del zar (país para el que, llamativamente, había servido en su juventud).
Poco antes de unirse a la insurrección, Román lamentó el trágico fallecimiento de su esposa, con quien llevaba menos de un año casado, durante el parto de su hija. Entregado a la causa -y al igual que el personaje del cuento-, se alistó en las filas rebeldes con otro nombre. Tenía miedo de que si lo anotaban con el real terminaran persiguiendo a su familia. Así que se hizo llamar Stanisław Lubartowicz.
Combatió en varios frentes y lo hizo de manera excelsa. Por su valor y desempeño en el campo de batalla, fue condecorado con la Virtuti Militari antes de ser capturado por los rusos en 1831.
En el juicio, su tragedia personal relacionada a su exesposa pudo haberlo salvado, pero Román, obstinado y franco, confirmó que luchó “por amor a la patria”. Lo mismo que el personaje de Conrad. Considerado súbdito del Imperio, fue juzgado como traidor y condenado al destierro, a la pérdida de sus títulos de nobleza y la confiscación de sus bienes. El propio zar Nicolás I ordenó que hiciera el camino a Siberia a pie y encadenado.
Haber sobrevivido al frío del norte acrecentó su leyenda. Poco a poco dejaba de ser un héroe anónimo. Por eso, tras su temporada a la intemperie, Sanguszko pasó a ser llamado Roman “El Siberiano”. Ya en la etapa final de su castigo, en 1834, los rusos lo mandaron a luchar en el Cáucaso como soldado raso. Sufrió varios accidentes, entre ellos uno que le provocó una grave pérdida de audición, pero volvió a destacarse.
Román falleció a los 81 años.
Recién en 1836, por su buena labor en el frente, recuperó su rango de oficial y su estatus de noble, y en 1844 obtuvo el permiso para volver a su casa en Slavuta -actual Ucrania-, donde vivió como administrador y desarrollador económico de las tierras familiares hasta su muerte.
En sus memorias, su madre, la princesa Klementyna Sanguszkowa, recordó cuando en 1848, en uno de sus gestos más trascendentes, redactó un acta para la abolición de la servidumbre en todas las tierras de la familia.
Hoy día, el príncipe Román tiene en Polonia una calle, una escuela y un gran parque con su nombre. Además del cuento de Conrad, claro, quizás el mejor de los homenajes. Así como le decían El Siberiano, en Polonia también lo recuerdan con un apodo mucho más relacionado a su valor: Książę Niezłomny, el Príncipe Inquebrantable.
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