Un buen reloj puede durar muchos años, incluso décadas, pero no lo hace solo porque sea caro ni porque en la esfera aparezca una marca reconocida. Detrás de una pieza mecánica hay engranajes, juntas, lubricantes, ajustes y componentes diminutos que necesitan un uso correcto y cierto mantenimiento para seguir funcionando como el primer día. Esa es una de las ideas que más repite Manel Ruiz, maestro relojero con más de 40 años de experiencia, cuando habla de los fallos que ve a diario en el taller.
“La mayoría de las veces los relojes se estropean antes de lo que deberían por falta de conocimiento”, explica en La Vanguardia. No se refiere únicamente a personas que compran relojes sencillos y no saben cómo tratarlos, sino también, y especialmente, a clientes con piezas de mucho valor. “Con muchísimos relojes observamos que los clientes a veces tienen pocos conocimientos en la puesta en marcha del reloj y en diferentes funciones que son importantes”, señala.
Uno de los puntos más delicados es el contacto con el agua. Muchos usuarios interpretan la resistencia al agua como una garantía permanente, cuando en realidad esa protección depende del estado de las juntas y puede perder eficacia con el tiempo. Por eso, mojar un reloj años después de comprarlo, sin haber revisado antes su estanqueidad, puede ser un error. “El reloj lleva unas juntas, que son las que lo protegen de la entrada del agua”, explica Ruiz, y estas deben estar perfectas. Por eso, en el taller, añade, cada vez que manipulan una pieza, sustituyen esos elementos para “volver a dejar el reloj con las mismas propiedades que el día que lo compraste”.
El relojero explica qué gestos cotidianos pueden acortar la vida de una pieza (La Vanguardia).
La clave, por tanto, no está solo en mirar si el reloj indica que es resistente al agua, sino en saber si sigue estando en condiciones de serlo. Con el paso del tiempo, las juntas pierden eficacia y un gesto tan habitual como ducharse, bañarse o mojarlo sin haberlo revisado puede acabar provocando una avería importante. No siempre ocurre de inmediato, pero el riesgo existe.
Otro aspecto decisivo
El mantenimiento es otro aspecto decisivo. En relojería de alta gama, reparar y revisar no es una opción secundaria, sino parte del cuidado normal de la pieza. El problema, según el relojero, es que muchas veces el cliente sale de la tienda sin una explicación suficiente. “Alguien que vende un reloj de estas características sin tener la preparación necesaria no te puede transmitir unas correctas instrucciones, y eso se nota”, afirma. Por ello, esa falta de información es la que hace que algunos usuarios no sepan cuándo revisar el reloj, qué precauciones tomar o cómo actuar ante determinadas funciones.
También conviene ajustar las expectativas con respecto a los relojes de lujo. Para Ruiz, uno de los grandes malentendidos es pensar que un reloj mecánico de lujo debe dar la hora de forma perfecta, cuando “no hay ninguno que vaya perfecto”. Y no lo dice como una crítica, sino como una forma de entender qué se está comprando. Si lo que se busca es precisión absoluta, un reloj de cuarzo o radiocontrolado será más exacto. El valor de uno mecánico está precisamente en que un conjunto de piezas, impulsado por un muelle y regulado por un escape, sea capaz de acercarse tanto a esa precisión.
Un maestro relojero con 40 años de experiencia explica cómo cuidar un reloj para que dure toda la vida: "Se estropean por falta de conocimiento" (Reuters).
Por eso, cuidar un reloj no consiste solo en evitar golpes o guardarlo bien, sino en comprender su naturaleza. Saber si puede mojarse, revisar sus juntas, respetar sus funciones y no exigirle lo que no está diseñado para ofrecer. Muchas averías no nacen de un defecto del reloj, sino de un uso inadecuado o de no entender bien cómo funciona la pieza.
La Vanguardia.
GML
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