El Empordà, una comarca histórica y natural de Cataluña, situada en la provincia de Girona, es una tierra de contrastes.
De un lado los Pirineos y del otro el Mediterráneo, ambos al ritmo de la tramontana, que modela el paisaje, la historia y también el carácter de una denominación de origen cuyos vinos buscan expresar la personalidad de un territorio singular.
En ese escenario se asienta Perelada, una de las bodegas más emblemáticas de la zona, que ha hecho de la investigación, la sostenibilidad y el respeto por el origen algunos de los pilares de su proyecto.
Al frente de la dirección técnica se encuentra Delfí Sanahuja, enólogo con una larga trayectoria vinculado a la bodega y uno de los principales responsables de trasladar al vino la diversidad de suelos, microclimas y paisajes que definen esta comarca gerundense.
Para él, la tradición solo tiene sentido si va acompañada de una apuesta constante por la innovación y por la búsqueda de nuevas formas de interpretar el viñedo. Porque el vino también es paisaje, cultura y memoria.
Y en Perelada, sostiene Sanahuja, el verdadero reto consiste en que ese legado llegue fortalecido a las próximas generaciones, sin perder el vínculo con una tierra que sigue siendo la principal inspiración de cada uno de sus vinos.
Delfí Sanahuja es un enólogo de larga trayectoria. Foto: Joan Divi/La Vanguardia
"Una tierra de grandes contrastes, marcada por la fuerza de la tramontana que define su carácter y el de sus vinos"
-¿Cómo describiría el Empordà para alguien que no ha estado nunca?
-El Empordà es un territorio único donde el Mediterráneo y los Pirineos se encuentran para dar forma a un paisaje de extraordinaria belleza.
A pesar de ser una de las denominaciones de origen más pequeñas del país, cuenta con una tradición vitivinícola milenaria y una diversidad de suelos —pizarra, arena, arcilla o granito— y microclimas que la convierten en un lugar especial para el cultivo de la vid.
Es una tierra de grandes contrastes, marcada por la fuerza de la tramontana que define su carácter y el de sus vinos. A ello se suma un valioso patrimonio histórico y cultural, con monumentos megalíticos, arquitectura románica y gótica, y el legado universal de Salvador Dalí.
-¿Algo más que nadie debería pasar por alto?
-El Empordà también destaca por su gastronomía; junto con la hospitalidad de su gente y la riqueza de la Denominación de Origen (DO) Empordà, hace de este territorio un destino donde paisaje, cultura, gastronomía y vino se integran de forma única.
-Muchas bodegas hablan del terroir.
-Lo que hace único al Empordà es la extraordinaria diversidad que concentra en un territorio relativamente pequeño. Pocas regiones vitivinícolas reúnen una combinación tan amplia de suelos junto con microclimas muy distintos, condicionados por la proximidad al Mediterráneo, la influencia de los Pirineos y la presencia de la tramontana.
Esta diversidad nos permite elaborar vinos con perfiles muy diferentes y una marcada personalidad.
-En vuestro caso, ¿qué tiene el Empordà que no pueda encontrarse en otra zona?
-En nuestro caso, contamos con viñedos como los de Finca Garbet, situados a tan solo cinco metros del mar, donde la influencia marina es determinante, mientras que, en otras zonas del Empordà, como la Albera, los viñedos se encuentran a 25 o 30 kilómetros de la costa y expresan un carácter distinto.
Pero el terroir del Empordà también lo conforman su historia, su patrimonio cultural, su gastronomía y las personas que han cultivado estas tierras durante siglos. Es la suma de todos estos elementos.
-Después de tantos años de historia, ¿cómo se conjuga en una bodega la tradición y la innovación?
-En Perelada creemos que la historia, la tradición y la innovación son complementarias. Preservar las viñas más antiguas y el patrimonio vitivinícola del Empordà es esencial, pero también lo es explorar nuevas variedades, técnicas y enfoques que nos permitan seguir mejorando y adaptándonos al futuro.
Nuestro reto es mantener ese equilibrio: respetar el conocimiento y el legado de quienes nos precedieron, al tiempo que evolucionamos e innovamos de forma constante. Queremos transmitir este patrimonio a las futuras generaciones en las mejores condiciones posibles, haciéndolo cada vez más valioso y sostenible.
-¿Qué vino de Perelada cree que representa mejor la identidad de la bodega?
-Cada vino que elaboramos cuenta una parte de nuestra historia. Por un lado, tenemos los que llamamos vinos de finca, lo que significa que ese vino solo se ha cultivado en esa finca concreta, dentro del terreno, del clima, del ambiente que la rodea y de las variedades que se han plantado, buscando sobre todo la tipicidad y la personalidad de esa finca.
Un ejemplo es Finca Garbet, es un vino que nace de un viñedo excepcional, frente al Mediterráneo, y que expresa como pocos la fuerza del paisaje, la influencia de la tramontana, el mar y nuestra forma de interpretar el territorio con el máximo respeto y precisión.
-Pero también tienen vinos con distintas variedades…
-Sí, también elaboramos vinos que no solo son ensamblajes de variedades, sino ensamblajes de distintos tipos de tierras, como es el caso de nuestro 5 Finques, donde tomamos uvas de cada una de las cinco viñas que tenemos repartidas por cinco pueblos del Empordà. A partir de ahí hacemos este vino con algo más de heterogeneidad, buscando el equilibrio.
Ambos vinos resumen muy bien quiénes somos -por un lado, la expresión más pura de un lugar único, por el otro, una representación de la riqueza y la diversidad del Empordà-, por lo que difícilmente podría elegir un solo vino para describir a Perelada.
La bodega donde se elabora el Mar de Rosa. Foto: Cedida/La Vanguardia
-¿Por qué se decidieron a lanzar un vino como Mar de Rosa?
-Para responder a una tendencia creciente en el mercado: hasta ese momento no contábamos con un rosado de estilo pálido. Al mismo tiempo, queríamos completar nuestra gama destinada al canal de hostelería, formada por el blanco Obsequí y el tinto Amfitrió, incorporando una propuesta rosada con la misma filosofía de calidad y versatilidad.
-Y con una apuesta por la sostenibilidad.
-Al igual que Obsequí y Amfitrió, Mar de Rosa se presenta en una botella elaborada con vidrio 100 % reciclado, cuyo diseño pone en valor las pequeñas imperfecciones propias del proceso de fabricación como parte de su identidad.
Esto reduce el porcentaje de descartes frente a los de una botella estándar, lo que se traduce en una mayor eficiencia productiva. La elección permite disminuir entre un 30 % y un 65 % el impacto medioambiental en comparación con una botella de vidrio.
-Si Mar de Rosa fuera una postal del Empordà, ¿qué paisaje aparecería en ella?
-Sería un atardecer sobre el Mediterráneo, con su luz reflejada sobre el mar.
"El consumidor de hoy está más abierto a descubrir propuestas"
-¿Cree que estamos en un momento dulce para los vinos rosados?
-Dentro del mundo del vino, en el que los vinos blancos y tintos están en constante evolución, los rosados ya lo están haciendo al mismo ritmo. El rosado ha dejado de ser una elección estacional para convertirse en una opción cada vez más presente durante todo el año.
Este cambio responde tanto a elaboraciones, cada vez más valoradas por su calidad, diversidad y capacidad de maridaje, como a la creciente demanda de vinos frescos, versátiles y adaptados a las nuevas formas de consumo.
-¿Es distinto el consumidor de un rosado actual al de hace años?
-El consumidor de hoy está más abierto a descubrir propuestas. Antes el rosado se asociaba al buen tiempo y un consumo informal; ahora se busca durante todo el año. También existe un mayor interés por los rosados gastronómicos, más complejos, lo que apunta hacia un consumo más exigente y menos condicionado por la clasificación de este vino en el pasado.
-En su opinión, ¿cómo percibe la generación más joven el vino?
-Creemos que conectar con las nuevas generaciones es uno de los grandes retos y, al mismo tiempo, una gran oportunidad para el sector. Poco a poco, el mundo del vino está evolucionando para presentarse de una forma más cercana y contemporánea, sin perder su esencia.
Hoy los consumidores buscan autenticidad, experiencias con significado y, sobre todo, propuestas que les emocionen, en ese momento su percepción cambia y la conexión surge de forma natural.
-¿Es una búsqueda a la que puede responder el enoturismo?
-En este contexto, el enoturismo desempeña un papel clave. Permite acercar el vino de una manera directa y experiencial, conectándolo con la cultura, el paisaje, la gastronomía y el patrimonio del territorio, además de ofrecer la versatilidad necesaria para adaptar la experiencia a distinto público.
En este contexto, el enoturismo juega un papel esencial. Foto ilustrativa: Shutterstock
-¿El vino necesita hablar un lenguaje más sencillo para conectar con nuevos públicos?
-Más que sencillo, el vino debe comunicarse desde una perspectiva más cercana y experiencial. Contarlo de una manera accesible y relevante para una sociedad que evoluciona y cambia su forma de consumir y relacionarse.
-¿Qué le gustaría que no cambiase en Perelada en el futuro?
-Que siguiese manteniendo ese vínculo con el Empordà y estuviese aún más comprometida con la sostenibilidad, la investigación y la innovación, contribuyendo a impulsar la cultura del vino tanto en nuestro territorio como a nivel internacional.
Me gustaría que el trabajo que realizamos hoy sirviera para dejar un legado mejor a las próximas generaciones: una viña sana y cuidada, un territorio preservado y una bodega capaz de seguir elaborando vinos de la máxima calidad, fieles a su origen y con una personalidad propia.
Elena Horrillo, La Vanguardia.
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