09/08/2026 03:45
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Quim Masferrer, actor, 55 años: “Desde que quitaron los peajes, la AP-7 se ha convertido en una especie de túnel del tiempo en el que sabes cuándo entras, pero nunca cuánto tardarás en llegar”

Quim Masferrer, actor, 55 años: “Desde que quitaron los peajes, la AP-7 se ha convertido en una especie de túnel del tiempo en el que sabes cuándo entras, pero nunca cuánto tardarás en llegar”

El también presentador y guionista confiesa que es un “furgonetero” porque le gustan los vehículos amplios y cómodos.

Quim Masferrer parece tener una fórmula infalible para conectar con la gente. Actor, director y comunicador, lleva años recorriendo pueblos y ciudades con el programa de TV3 El Foraster o con su espectáculo teatral Bona gent, en los que demuestra que las mejores historias no suelen esconderse en los grandes titulares, sino en la vida cotidiana de personas aparentemente anónimas. Con su cercanía, su humor y una extraordinaria capacidad para escuchar, convierte cada conversación en un pequeño retrato de la condición humana.

Lejos del personaje televisivo, Masferrer transmite la misma naturalidad que ha conquistado a miles de espectadores. Habla sin prisas, alterna la ironía con la emoción y reivindica el valor de las relaciones humanas en una época dominada por la inmediatez. Su éxito no reside únicamente en hacer reír, sino en recordar que todos tenemos una historia que merece ser contada.

Un apasionado de la conducción

Su curiosidad insaciable le hace seguir llamando a la puerta de desconocidos, convencido de que, detrás de cada una, siempre hay algo extraordinario. Mientras tanto, disfruta tanto del trayecto como del destino y entre función y función, los kilómetros le sirven para escribir, ensayar monólogos y ordenar ideas. En esta conversación habla de su pasión por conducir, de la frescura de la improvisación, de los rincones más bonitos de Cataluña y de todo lo que ha aprendido escuchando las historias de miles de personas.

Habla de su pasión por conducir, de la frescura de la improvisación, de los rincones más bonitos de Cataluña. Foto: FB/quim.masferrer

Empiezo por la pregunta más obvia. ¿Te gusta conducir?

Muchísimo. Además, tengo la suerte de dedicarme a un trabajo que me obliga a hacer muchísimos kilómetros, muchas veces de noche y completamente solo. Después de una función, cuando vuelves a casa y la adrenalina empieza a bajar, ese rato al volante es casi un regalo. A veces conduzco en silencio y otras con música, pero siempre lo disfruto.

El coche es un espacio muy mío. Allí preparo guiones, pienso en reuniones, ordeno ideas e incluso estudio. Los monólogos que tengo que aprender para televisión muchas veces los ensayo conduciendo y diciéndolos en voz alta. Quien me adelanta piensa que voy hablando por teléfono, pero en realidad estoy repasando el texto.

Entonces el auto es casi una oficina...

Sí, pero también un refugio. Es un lugar donde puedo pensar con calma. Muchas ideas para espectáculos han nacido precisamente conduciendo. Caminar también me inspira, pero la carretera tiene algo especial.

¿Cómo es tu coche perfecto?

Soy muy “furgonetero”. Ahora llevo una Citroën Berlingo y estoy encantado. He tenido coches de todo tipo, pero siempre acabo volviendo a las furgonetas porque me gustan los espacios amplios y la comodidad. Para mí, el coche es una herramienta y un lugar donde paso muchas horas. Tengo amigos siempre pendientes de las novedades del mercado en materia de coches que me comentan tal o cual y yo no tengo ni idea de qué me hablan. Mientras el vehículo sea amplio, cómodo para trabajar y viajar, soy feliz, pero soy mucho de furgonetas y las de ahora -además- vienen ya equipadas como los turismos.

Tengo amigos siempre pendientes de las novedades del mercado en materia de coches que me comentan tal o cual y yo no tengo ni idea de qué me hablan. Foto: FB/quim.masferrer

¿Qué música escuchas cuando conduces?

Muchas veces nada porque me gusta muchísimo el silencio. Ese silencio tan especial de carretera solitaria por la noche. Cuando pongo música depende un poco del momento. Últimamente estoy repasando toda la discografía de Antònia Font, aunque también recurro a los grandes éxitos de mi juventud. Pero lo importante no es la música, sino ese tiempo para pensar.

¿Y qué nunca falta en tu guantera?

Desde que tengo una hija pequeña ya no es exactamente mi guantera. Está llena de bolígrafos, lápices de colores y unos muñecos antiestrés llamados “Squishies” que ella colecciona y me encuentro por todas partes. También llevo siempre el guion del siguiente monólogo de El Foraster, porque aprovecho cualquier momento para repasarlo, además de un buen manojo de llaves.

Como has dicho, pasas media vida al volante. ¿Cómo ves de salud a las carreteras catalanas?

No voy a descubrir nada nuevo: la AP-7 está fatal. Desde que desaparecieron los peajes ha cambiado muchísimo. Fue una buena noticia dejar de pagarlos -la autopista estaba más que amortizada-, pero hoy se ha convertido en una especie de túnel del tiempo en el que sabes cuándo entras, pero nunca cuánto tardarás en llegar. Hay días en que hago el trayecto de mi pueblo a Barcelona en cuarenta y cinco minutos y otros en que necesito dos horas.

¿Tienes algunas carreteras catalanas que te resulten especialmente evocadoras?

En Catalunya tenemos carreteras preciosas. Me encanta el Coll de Comiols -que va de Ponts a Tremp-, la Collada de Toses, el Coll de Fatxes -de l'Hospitalet del Infant a Tivissa- es maravilloso, las Costas del Garraf o simplemente cualquiera de las que suben hacia el Montseny. Quien disfruta conduciendo tiene aquí en nuestro país un territorio privilegiado.

El Forastero. Foto: FB/quim.masferrer

También fuiste motorista...

Sí. Durante muchos años tuve una Ducati Monster y disfruté muchísimo de aquella etapa. Hace unos diez años fui dejando la moto poco a poco. Supongo que la paternidad también influye y uno acaba priorizando otras cosas.

Sorprende que con tu conocimiento del terreno y tu perspicacia nunca hayas hecho un monólogo sobre el tráfico o los conductores

Alguna referencia sí ha aparecido en El Foraster, porque hemos conocido conductores de todo tipo, desde los más prudentes hasta los más temerarios. Pero un espectáculo entero sobre conducir quizá sería demasiado específico.

Los actores tenéis fama de supersticiosos. ¿Tú también lo eres al volante?

Nada de nada. Soy una rara avis en esto. No tengo rituales ni manías. No entro con un pie determinado al escenario ni huyo del color amarillo. Lo único que sí tengo es una costumbre muy marcada: soy extremadamente previsor. Me gusta salir con muchísimo tiempo, llegar tranquilo y no sufrir pensando que voy tarde. Mientras hablamos, tengo una reunión dentro de casi una hora y ya estoy de camino. Prefiero esperar media hora antes que conducir con estrés.

¿Cuál ha sido el viaje más especial que has hecho?

Hubo una época en la que me encantaba marcharme una semana completamente solo y sin planificar absolutamente nada. Coger el coche sin destino y sin nada preparado más allá de una maleta con ropa para siete días. Así que una vez, circulando por la AP-7, vi delante de mí un Seat Ibiza rojo y pensé: “Voy a seguirlo. A donde vaya ese coche, pasaré mis vacaciones”. Y eso hice.

Lo seguí durante horas, siempre dejando varios coches entre nosotros para no parecer un psicópata. Finalmente terminó entrando en un aparcamiento ¡en Soria! Y me quedé allí toda la semana. Fue una experiencia maravillosa. Conocí gente estupenda, fui al teatro, descubrí una ciudad que nunca había pensado visitar y entendí algo importante: que en ocasiones el viaje termina siendo mucho más interesante que el propio destino. A veces queremos tenerlo todo planificado y resulta que el azar acaba regalándote las mejores experiencias.

Breda es precioso pero yo buscaba otra cosa. Foto: FB/quim.masferrer

¿Y has repetido la experiencia?

Lo intenté otra vez pero el coche se quedó en Breda, a cinco kilómetros de casa y pensé que tampoco hacía falta exagerar. Breda es precioso pero yo buscaba otra cosa. En cierta ocasión también probé a girar siempre a la derecha en cada cruce para ver dónde terminaba, pero acabé prácticamente dando vueltas sobre mí mismo. Descubrí que aquel método tenía bastantes limitaciones.

¿Te queda algún viaje pendiente? ¿Algún destino soñado?

Me gustaría grabar El Foraster en Oymyakón, en Siberia, considerado el pueblo habitado más frío del planeta. En invierno alcanzan temperaturas cercanas a los cincuenta y cinco grados bajo cero. De hecho, llevo siempre la temperatura de Oymyakón guardada en la aplicación del tiempo del móvil junto a la de Sant Feliu de Buixalleu y la de Barcelona. Cuando el equipo protesta porque estamos grabando a tres grados, les enseño el teléfono y les digo: “Mirad, allí están a menos cuarenta y ocho”. Conocer cómo vive la gente en unas condiciones tan extremas sería apasionante.

¿Qué tradición catalana exportarías al resto de España para que nos conocieran mejor?

¡Tenemos tantas! Tenemos un patrimonio impresionante, pero sin duda los castellers, porque quien ve esas torres humanas siempre alucina, tenemos la brutal Patum, la Procesión de Verges.... He hecho giras por España, que también posee una riqueza cultural extraordinaria, pero lo de Catalunya es increíble. De verdad creo que no tenemos nada que envidiar a nadie en este sentido. He recorrido muchísimos lugares y cada uno conserva tradiciones maravillosas, pero que una tierra tan pequeña como la nuestra tenga tanto que ofrecer... Y no se trata de compararlas, sino de valorarlas.

La pregunta es inevitable: ¿en qué pueblo has comido mejor?

Esa pregunta no la responderé jamás. Sería injusto con todos los demás. Además, nos cuidan tanto que a veces es incluso demasiado. Llegas después de catorce horas de rodaje y lo único que te apetece a la hora de cenar es una tortilla francesa y un poco de verdura para irte a dormir, pero te sacan un rabo de toro guisado con patatas o un cordero con toda su guarnición, y postres variados y piensas ¡Ay madre!... De verdad nos tratan demasiado bien.

Llegas después de catorce horas de rodaje y lo único que te apetece a la hora de cenar es una tortilla francesa. Foto: FB/quim.masferrer

¿Y alguna entrevista especialmente complicada?

En Isona, un vecino me convenció de que su mujer lo había abandonado. Me explicó la historia con tanta naturalidad que me la creí por completo. Durante el monólogo final apareció su mujer entre el público y todo el pueblo estalló en carcajadas. Me habían engañado desde el principio. Aquello me hizo pensar que en Catalunya tenemos mucha tradición de teatro amateur y hay actores extraordinarios escondidos en muchos pueblos.

Si mañana tuvieras que hacer El Foraster en otro planeta, ¿qué le preguntarías al primer habitante que te encontraras?

En esencia, lo mismo que pregunto aquí. Porque todos los seres humanos compartimos las mismas preocupaciones: el amor, la salud, el trabajo y la muerte. En realidad, las preguntas son universales; lo interesante son las respuestas. Cada persona vive esas cuestiones de una forma distinta y ahí aparecen las historias. Por eso el programa sigue funcionando después de tantos años. Visitamos pueblos distintos, pero siempre hablamos de aquello que al final realmente importa.

¿Existe un humor rural, un humor propio de los pueblos pequeños?

Más que un humor rural, diría que cada territorio tiene una personalidad diferente. El clima, el paisaje, la historia o la manera de hablar terminan moldeando el carácter de la gente. No es igual vivir en el Pirineo que en el Empordà o en las Terres de l'Ebre y después nosotros eso lo estiramos como un chicle para hacer humor. Antes esas diferencias eran todavía más marcadas porque la gente apenas se movía de su comarca.

Antes esas diferencias eran todavía más marcadas porque la gente apenas se movía de su comarca. En mi pueblo, Sant Feliu de Buixalleu, si un martes por la tarde aparece un desconocido en la plaza, alguien saldrá inmediatamente a preguntar quién es y qué hace allí. En una ciudad o una localidad más grande eso pasa completamente desapercibido. Todo eso también influye en la forma de entender el humor. La globalización está haciendo que muchas diferencias se vayan difuminando,pero todavía queda mucha riqueza local.

Después de trece años recorriendo Cataluña, ¿qué has aprendido?

He confirmado algo que intuía: tenemos un país extraordinario. En apenas dos horas puedes pasar del Mediterráneo al Pirineo, del Pla de Lleida al Delta del Ebro o al Empordà. Del mar a la alta montaña en dos horas. Hay países que necesitan tres horas de avión para ofrecer algo semejante. Pero la riqueza no es solo paisajística. También lo es lingüística, cultural y humana. Hay pueblos separados por apenas unos kilómetros donde cambia el acento, las palabras y hasta la forma de entender la vida. Después de todos estos años puedo decirlo con absoluta convicción: la gran riqueza de Cataluña está en su diversidad. Y eso es precisamente lo que intento enseñar en cada episodio de El Foraster.

Y este mismo espíritu de El Foraster es lo que llevarás el 4 de agosto a los Jardines de Terramar con Bona Gent...

Estoy absolutamente convencido de que tengo la mejor profesión del mundo. Mi trabajo consiste en conocer personas, escuchar historias, emocionarme, reír y aprender continuamente de ellas. Fuera de pantalla he ido a entierros, a bodas, a visitar a gente a hospitales... Si algo he demostrado El Foraster es que todo el mundo tiene una entrevista, una historia que explicar, y se me ocurrió ¿qué pasaría si hiciéramos lo mismo, siempre con una improvisación total, con la gente que asiste a un teatro? Que el protagonista sea el público... y así nace Bona Gent. Acabamos de cumplir 500 funciones y sobrepasar los 400.000 espectadores. ¡Es una locura! Cada función es diferente y una aventura en la que ríes, lloras, aprendes... Es una maravillosa catarsis de compartir historias. La gente es generosa. La gente es estupenda.

Gonzalo de Martorell

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