Yolanda García Aviadero todavía se acuerda de cuando con 16 años probó el vino por primera vez: “¿Esto qué es?”, se dijo; “¡Yo quiero hacer esto!”, e inmediatamente supo que el destino de la paga que le daban sus padres para salir iba a ser invertida en comprar vino.
Sin embargo, como si de una premonición se tratara, ya a los 13 años les dijo a las monjas del colegio donde estudiaba que quería ser ingeniera agrónoma y reconoce que gracias a que le dijeran “usted, como mucho, peluquera” y demostraran la buena pedagogía que utilizaban”, comenta entre risas, lo que hizo que se reafirmara en que su destino estaba en el campo, más concretamente entre las viñas.
Todo empezó cuando a su padre, Gregorio García, le ofrecen en 1984 alquilar una cooperativa en Gumiel de Mercado en la Ribera del Duero, zona que estaba arrancando en lo que a viticultura se refiere.
“Nosotros teníamos cultura de vino porque habíamos hecho vino para nuestro consumo, pero no éramos bodegueros. Así que empezamos a hacer vino en esa cooperativa y salimos a venderlo por esos mundos de Dios. Realmente empezamos con una mano delante y otra detrás, sin un duro”.
Fue entonces cuando, además de su padre, también entra en el negocio su hermana Carolina, que, a pesar de ser historiadora del arte, aparca su carrera para meterse de lleno en las labores comerciales y de marketing de la empresa.
"Empezamos con una mano adelante y otra atrás"
-¿En qué momento eso que estabais haciendo de una manera más “de andar por casa” se convierte en Bodegas Valduero?
-Al principio empezamos a comprar uvas, que era lo que había en la Ribera del Duero y que eran muy baratas. Pero el hecho de que se fuera incrementando el precio nos hizo ver que era fundamental que tuviéramos nuestra propia viña, sobre todo después de comprobar que la uva tinto fino de esta zona tenía potencial para convertirse en un gran vino.
Y después de que mi hermana se recorriera toda España y el extranjero vendiendo lo que teníamos, llegó el momento de comprar tierras, ir plantando poco a poco y terminar haciendo la bodega.
Las hermanas Carolina y Yolanda García Aviadero. Foto: Cedida/LV
-Y la hicieron en una zona privilegiada.
-Sí, fue en 1989 cuando adquirimos tierras en lo que hoy se llama el Triángulo de Oro de la Ribera del Duero, entre Gumiel del Mercado y Villanueva de Gumiel, situadas entre 800 y 900 metros de altitud sobre el mar, que hoy se traducen en 150 hectáreas de viñedo.
Pero tuvimos que esperar a 2006, fecha en la que construimos una bodega subterránea excavada en la montaña. Esto, además de suponer un gasto de energía, permite elaborar y criar el vino a una temperatura y humedad constantes.
Y volvimos a esperar hasta 2020, cuando conseguimos que la uva entrara directamente a los depósitos, perforando la cima de la montaña y de esta manera el prensado se hiciera por gravedad. Como puedes ver, a la hora de hacer la bodega, como nuestro vino, la hemos hecho poco a poco.
-Uno de sus mayores hitos fue la recuperación de la uva albillo mayor.
-Cuando nosotros llegamos a esta zona, en la mayoría de los viñedos se había entremezclado esa uva para hacer rosados. Después, este vino desaparece y se centran en el tinto, por lo que arrancan las viñas de albillo mayor. En Rueda ya estaban a punto de sacar el verdejo, así que vi que era el momento de hacer un blanco en la Ribera del Duero recuperando esas viñas.
-Y hacen un blanco de tal categoría que es capaz de competir con los borgoña y riesling europeos…
-Sí, porque el albillo mayor tiene un carácter muy fino. Su vocación no es hacer un vino joven, es para hacer un vino de guarda blanca igual que hacemos con el tinto fino. De tal manera que hicimos una reserva y un gran reserva blanco, siendo los primeros en elaborarlos en la Ribera del Duero.
Como nosotros, desde el principio hemos hecho mucho hincapié en la exportación, es normal que nos comparen con los grandes vinos europeos; de hecho, en Suiza, que es uno de nuestros mercados más importantes, alucinan con la calidad de nuestros vinos y se quedan anonadados con el precio. Y es que no podemos negar que en España, y en especial en Castilla, nuestra mejor virtud no es la comercial...
-Una prueba evidente de la calidad y saber hacer de sus vinos es Valduero Blanco Gran Reserva 12 años, que consiguió 97 puntos Decanter.
-Sí, fue el segundo mejor del mundo en una cata en la que estaba con tintos. Esto nos da una idea del potencial que tiene la uva albillo. Y fue clasificado como el mejor blanco.
La bodega creció de a poco y con mucho esfuerzo. Foto: Cedida/LV
-Además de eso, cuando ustedes empezaron no existía ni la (Denominación de Origen) DO Ribera del Duero y fueron pioneros también en ese tema.
-No es que no existiera la DO, ¡es que en las cartas de los restaurantes de Madrid solo había Rioja! Fíjate cómo era el tema, es que Ribera del Duero no era absolutamente nada.
-Valduero solo hace Reserva y Gran Reserva, ¿cómo surge esa idea de especializarse en ese tipo de vinos?
-En las primeras elaboraciones con la uva de Ribera del Duero fue cuando me di cuenta de que sería una pena hacer algo que no fuera un gran vino, nada de crianzas, ni jóvenes, de reserva hacia arriba. Y con ese objetivo es con el que nace, crece y cultivamos la uva, diseñándola para eso.
"Yo siempre digo que el vino se hace con los cinco sentidos y un sexto, que es el sentido común"
-¿Y es rentable mantener una bodega así?
-Sí. El ser bodeguero requiere cierto romanticismo, mucha ilusión, que te guste mucho esta historia, pero tienes que ser empresario y eso significa estar convencido de que un negocio tiene que ser rentable. Y tiene que serlo para cumplir con todas tus obligaciones.
La primera es crear empleo y que su gente viva cada vez mejor; la segunda es crear una riqueza que te permita invertir; y la última es que esa riqueza te permita tener un fuelle para cuando van viniendo las crisis que, indudablemente y sistemáticamente vienen en el mundo, tú tengas la posibilidad de seguir cubriendo tus obligaciones, seguir invirtiendo y seguir creciendo.
Yo siempre digo que el vino se hace con los cinco sentidos y un sexto, que es el sentido común.
-Oyéndote, parece que es muy fácil montar un negocio en nuestro país…
-Si ahora mismo tuviera que empezar como lo hice en su día, sin recursos, sin venir del mundo del vino, no lo haría. Es muy triste decirlo, pero es así. El Estado no es un padre, es un mal padrastro, porque no creo que haya ningún sector en España, e incluso me atrevo a decir en Europa, donde haya tanto inútil y sinvergüenza como en nuestra clase política y todo lo que emana de ella.
-Su bodega también se ha hecho muy famosa por el Club de Membresía La Tenada, donde cuentan como miembros de honor a gente como Glenn Close, Ken Follett o Ronaldo.
-Sí, esto es una idea de mi hermana Carolina, a quien se le ocurre dar la oportunidad a gente de participar, de sentir que forman parte de esta bodega.
Y esta idea tan romántica, hablando mi hermana y yo con un vino delante, que es cuando surgen las buenas ideas, evolucionó a invitar a gente que comparta nuestros valores o que para nosotros tenga un mérito especial a convertirlo en miembro de honor.
El primero fue Mario Vargas Llosa, que acababa de recibir el Premio Nobel y al que escribimos una carta directamente. Y cuál fue nuestra sorpresa, que nos contestó y le encantó la idea, lo que hizo que nos lanzáramos a contactar con mucha más gente y que se han convertido en los verdaderos embajadores de Valduero.
-Han abierto el camino en la Ribera del Duero, han sido pioneros con el vino blanco, rescatado la Albillo, con el tema de las membresías, solo hacen reservas y grandes reservas... ¿Hacia dónde vans ahora?
-A ser mucho mejores. Yo cada vez que pruebo uno de nuestros vinos, siempre, en mi interior, pienso que es absolutamente mejorable. Y no es falsa humildad: la búsqueda continua de la excelencia y nuestra propia exigencia es parte de nuestro ADN y, aunque es verdad que nuestros vinos tienen una calidad increíble, somos capaces de hacerlo mejor.
Para ella, el éxito es que quien pruebe un vino de Valduero lo reconozca. Foto ilustrativa: Shutterstock
-Entonces, ¿cuál sería para ti el concepto de éxito?
-Que alguien que pruebe un vino de Valduero lo reconozca, que deje huella, que huela a Valduero, que se diferencie de los demás vinos que haya probado. Eso es el éxito.
María Orriols, La Vanguardia
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