Cuando se detecta una situación grave de desprotección infantil, el bienestar de los menores se convierte en una prioridad absoluta y exige una respuesta inmediata. En ese punto, cada decisión cuenta. Es lo que ha ocurrido con el bebé de apenas dos meses que, hace unas semanas, ingresó en el Hospital Vall d’Hebron, en España, por presuntos malos tratos y abusos por parte de sus progenitores. Al confirmarse la gravedad del caso, la administración retiró la custodia a los padres (actualmente en prisión provisional) y activó el protocolo para garantizar su protección.
Tras varios días de atención médica, el bebé abandonó el hospital para iniciar una nueva etapa en una familia de acogida, un trámite gestionado por la Generalitat de Catalunya. En situaciones de emergencia como estas, existe una modalidad menos conocida que otras, pero esencial para ofrecer a los menores un entorno seguro desde el primer momento. Son familias preparadas para intervenir sin margen, en contextos marcados por la incertidumbre y la provisionalidad.
¿Cómo funciona este recurso? ¿Qué implica acoger a un menor en estas circunstancias? Dolors Peña (54 años), madre de acogida de urgencia desde hace varios años, responde estas preguntas para La Vanguardia y cuenta su experiencia tras haber acogido a trece menores.
¿En qué momento te planteaste abrirte a la acogida?
Siempre conoces a alguien que conoce a otro alguien que es familia de acogida. Cuando empezaron a explicarme lo que era, vi que realmente hay una necesidad. Como estaba disponible y tenía mucho espacio y amor que ofrecer, tomé la decisión.
¿Cómo reaccionó tu entorno?
Muy bien. Tengo mucha suerte con mi familia. Siempre que viene un niño, tiene unos abuelos y unos tíos. De hecho, el pequeño que tengo ahora está encantado con mi madre.
¿Cómo definirías la acogida?
Es acoger a alguien que en ese momento está perdido en la vida y que no tiene a nadie que le dé un abrazo, en tu hogar. Da igual si es un piso, una casa o lo que sea; lo importante es que sea un hogar. Se trata de acompañar a ese niño o niña mientras encuentran a alguien que te sustituya para siempre. Es una estancia, no es para toda la vida, por lo que has de aprovechar todo lo que él te dé y lo que puedes darle tú. Bueno, existen casos que sí son para toda la vida.
Dolors Peña con uno de los bebés de acogida de urgencia (La Vanguardia).
¿Y en qué se diferencia la de acogida de urgencia?
La acogida de urgencia suele ser de bebés que están en una situación de desamparo, que necesitan unos cuidados especiales y que no pueden ir a un centro porque son demasiado pequeños. Se supone que es una estancia corta hasta que se solucione su situación familiar.
¿Cómo es el proceso de acoger a un niño en situación de urgencia?
Te llaman para decirte que existe un caso y cuándo llegará a tu casa. Antes de la pandemia sí que íbamos a recogerlos, pero ahora, normalmente, llegan a casa acompañados de un educador. Nada más recibir esa llamada, tú ya te emocionas. Puedes haber tenido a trece niños en casa, como es mi caso, pero es como si fuera el primero. Lo preparas todo con mucho cariño y nervios para recibirlo.
¿Podéis elegir aceptar esa acogida o no?
Puedes elegir, claro, pero yo nunca digo que no. Siempre me hago cargo porque, si no, ese bebé va a ir a un centro. No quiero que una criatura pase su vida hasta los 18 años allí. Quiero que venga a casa, que sepa lo que es pasear y jugar, ir a la escuela, tener amigos, cenar en familia...
¿Cómo os preparáis?
Normalmente, es de un día para el otro. Si tardan una semana, es porque el niño necesita unos cuidados especiales y aún no puede salir del hospital, pero suele ser rápido. En mi caso, tengo todo ya preparado porque cuando se va uno, ya llega otro por la falta de familias. Si necesitan algo especial, te avisan y lo vas a buscar ese mismo día. Además, los niños no necesitan cosas materiales. No necesitan el último juego electrónico. De hecho, el que tengo ahora, que ha cumplido un año, ha jugado con una escoba y unos zapatos buena parte del tiempo. Necesitan otras cosas, no lo material.
¿Qué tipo de información os dan sobre su caso?
El educador te explica un poco su historia, si ha nacido de alguna manera o si ha pasado algo en su familia. Luego, lo llevas al pediatra y te especifica mejor si necesita algunos cuidados concretos. Pero, en principio, la información que tenemos es la básica. No sabemos quiénes son sus padres, ni qué ha pasado con él. La única información que tenemos es sobre su salud. Y yo creo que es lo correcto.
Dolors Peña tiene acogido a un niño de un año (La Vanguardia).
¿Cómo vivís emocionalmente la llegada de un niño? Y más en los casos de urgencia, que son tan pequeños.
Es maravilloso porque te está regalando sus primeras sonrisas, sus primeros pasos, sus primeras palabras... Todo eso es un regalo, aunque sepas que se marchará. De hecho, yo nunca pienso que se irá, sino que vivo el presente con él.
En el día a día, ¿hay diferencias entre niños acogidos en modalidad urgente y de otros tipos?
Siempre he acogido en modalidad de urgencia, pero, hablando con otras familias, creo que no hay demasiadas diferencias. Desde que esa personita llega a tu casa, la conviertes en parte de tu familia. Da igual si es para una estancia corta o una estancia permanente.
¿Te has encontrado con algún reto como madre de acogida de urgencia?
Creo que no. Es como si fuera un hijo tuyo, y las dudas que tienes son las que podrías tener con cualquier otro bebé.
Dolors lo tiene todo listo en su casa para acoger a bebés en situación de urgencia (La Vanguardia).
¿Cómo se encara un caso como el del bebé presuntamente maltratado y atendido en el Hospital Vall d’Hebron? ¿Hay más preocupación o presión?
Seguro que sí. Yo no he recibido ningún niño con estas circunstancias, pero has de tener más cuidado y tratarlo con más cautela. Ya ponemos amor en todo lo que les hacemos, pero, en estos casos, hay que añadir más delicadeza. Es más complicado, pero se sale.
"Los niños son supervivientes natos"
¿Los niños lo superan, quieres decir?
Es alucinante. Los niños son supervivientes natos. Han llegado algunos que realmente estaban afectados, que traían una mochila enorme, y han hecho borrón y cuenta nueva. Como si dijeran: ‘Esto que ha pasado ya no existe para mí’. Se acomodan enseguida. Yo siempre pongo de ejemplo a los niños que desaparecieron en la selva amazónica de Colombia hace unos años, que sobrevivieron. Cada año alucino más con cómo son, lo que te pueden enseñar y cómo descartan lo malo que han vivido.
Aunque su llegada es un regalo, ¿qué sientes cada vez que un niño se va de tu casa?
Tú eres el adulto y sabes lo que estás haciendo por ellos, pero claro que lloras. Pasas un duelo y estás un tiempo un poco más triste. Cuando te envían las primeras fotos con su familia adoptiva, porque al principio sigues en contacto, sufres por si el niño está mal. Piensas: “¿Lo habrán duchado como lo hacía yo? ¿Le habrán abrazado como le gusta?”. ¡Y seguro que sí! Pero lo piensas. Luego, al cabo de un mes, ves otra foto y le ves feliz y tranquilo y el duelo desaparece. Aun así, siempre les doy una carta larguísima en la que les dejo claro que esta será su familia y, si algún día nos necesitan, estaremos aquí.
Cuando te inscribes para acoger, ¿os advierten de esta separación?
Claro. Es que, aunque tú a ese niño lo trates como si fuera tuyo, se marchará. En realidad, todo el mundo se irá. Mis padres se irán de una manera y mis hijos de otra. Has de tener muy claro lo que estás haciendo y tenerlo en cuenta. Tampoco es cuestión de que pienses en ello cada día porque, si no, vivirías con una angustia constante, pero sí ser consciente de que es un paso en su historia y que lo has de hacer de la mejor manera posible para que su próxima etapa no sea traumática. Que aprenda cosas contigo para que su futuro sea bueno.
Actualmente, hay 20.000 niños en centros, de los cuales 1.242 tienen entre 0 y 6 años, según un informe del Ministerio de Juventud e Infancia. ¿Faltan familias?
Familias hay. Lo que pasa es que las familias acogedoras de urgencia son más difíciles de encontrar. Entiendo por qué cuesta tanto, ese miedo a que te lo quiten o que les cojas cariño. Claro que les vas a tomar cariño. No solo eso, vas a llegar a quererle. Los trece niños que he acogido forman parte de mi familia, pero la gente es muy egoísta. Piensan que no vale la pena darles amor porque luego te lo “roban”, pero es un regalo. Se habría de explicar de otra manera, quizá centrándose en lo que se gana siendo familia acogedora.
Toda la familia de Dolors se ha implicado en las acogidas de urgencia (La Vanguardia).
Entonces, ¿entienden mal lo que es el acogimiento de urgencia o no se informa bien?
Hay muy poca información real. Cuando yo explico que soy familia de acogida, elogian lo que hacemos. “¡Qué chulo! ¡Qué majos que sois!”, dicen. No, no somos majos, es una realidad. Este niño está solo, ¿tú no lo acogerías? Lo siguiente que nos dicen es: “Ay, pero te lo van a quitar”. A mí no me van a quitar nada porque este niño (nadie, en realidad) es mío. Eso es muy difícil de entender.
Si alguien tiene la inquietud de acoger, pero no se anima a dar el paso, ¿qué le dirías?
Que es una experiencia que te cambia la forma de ver la vida. Te levantas ya con un motivo porque ves esa carita que te regala una sonrisa y ya estás contento. Yo aconsejaría a todo el mundo que acogiera. Que pregunten, que vayan a las reuniones de familias acogedoras para que les cuenten lo bueno de acoger, no solo lo malo y la presión. Que empezaran con una acogida de urgencia y luego, si quieren cambiar de modalidad, que lo hagan.
La Vanguardia.
GML
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