04/08/2026 17:49
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Mireia Marín, auxiliar de veterinaria: “En Tacoronte, municipio de 24.000 habitantes, hay 1.000 gatos registrados en 111 colonias felinas”

Mireia Marín, auxiliar de veterinaria: “En Tacoronte, municipio de 24.000 habitantes, hay 1.000 gatos registrados en 111 colonias felinas”

La rescatista y presidenta de la Plataforma Bienestar Animal Tacoronte vive entre urgencias, censos, jaulas, subvenciones y una certeza: ningún gato abandonado debería ser invisibl

En Tacoronte, al norte de Tenerife, el territorio parece abrirse como una respiración larga: desde el monte hasta el mar. Es un municipio extendido, lleno de barrios, caminos, fincas, arcenes, patios, esquinas y zonas donde la vida humana convive, a menudo sin saberlo, con otra vida más silenciosa: la de los gatos comunitarios. Mireia Marín los ve.

En una cuneta, bajo un matojo, en una bolsa abandonada junto a un contenedor, en una finca donde un maullido mínimo puede ser una llamada de auxilio. Ella dice que tiene un radar. No lo dice como una heroicidad, sino como quien reconoce una condena y una forma de amor. Mientras otros miran al frente, ella mira también hacia los márgenes. Y en los márgenes casi siempre hay alguien esperando.

A sus 48 años, auxiliar de veterinaria, vecina de Tacoronte y presidenta de la Plataforma Bienestar Animal Tacoronte, Mireia vive entre datos, urgencias, jaulas de captura, convenios veterinarios, subvenciones justificadas, llamadas nocturnas y una casa en la que conviven 16 gatos y un perro.

Plataforma Bienestar Animal Tacoronte. Foto: FB

La suya no es una historia amable en el sentido cómodo de la palabra. Es una historia de cansancio, burocracia, compasión y resistencia. Una historia sobre gatos, sí. Pero, sobre todo, una historia sobre cómo una sociedad trata a los seres que no tienen voz administrativa, ni dueño, ni techo, ni expediente, ni nadie que pregunte por ellos.

¿Cómo empieza tu historia con los animales?

Siempre he tenido animales. En mi casa, cuando era pequeña, había muchísimos perros y gatos. Con los años me di cuenta de que lo que había en mi casa era una colonia de gatos. En aquel momento no lo sabía. Había una gata tricolor a la que llamábamos Jerry, y venía al patio. Luego empezaron a venir más gatos. Nosotros les poníamos comida, pero yo no tenía conciencia de que aquello fuera una colonia. Lo comprendí ya de adulta, cuando entré en este mundo.

De algún modo, tu infancia ya contenía lo que después sería tu vida

Sí. Supongo que sí. Siempre me han gustado los gatos. Me parecen animales misteriosos, con mucha personalidad. Son independientes entre comillas, porque necesitan cuidados, pero no se dejan manipular tan fácilmente. El gato requiere otro tipo de relación. No está ahí para servirnos. No funciona como un animal que siempre va a estar a tus pies, hagas lo que hagas. Con un gato tienes que construir otra forma de vínculo. A mí eso siempre me ha gustado.

¿Cuándo pasas de amar a los gatos a implicarte realmente en su rescate?

Cuando me vine a vivir a Tenerife, hace 23 años, al principio tenía perros. Un día me trajeron una gatita que habían encontrado en la calle, me la quedé, y así volví a tener gatos en casa. Pero el momento decisivo llegó más tarde, cuando mis hijos tenían unos ocho o diez años. Yo trabajaba en una tasca aquí en Tacoronte. Al lado de casa había una colonia. Una gata tuvo crías y dejó a uno de los cachorros tirado en una finca. Mi hija lo escuchó maullar, saltó a la finca, lo cogió y me lo trajo. El gatito estaba hecho polvo. Lo salvamos. Luego entendí que probablemente la madre lo había abandonado porque estaba enfermo. Murió a los dos años. Pero en ese momento no me planteé nada más: ese animal necesitaba ayuda y había que ayudarlo.

¿Cuándo pasas de amar a los gatos a implicarte realmente en su rescate? Foto: Pexels

Esa frase parece resumirlo todo: “Había que ayudarlo”

Exacto. No me lo planteé de otra manera. Había que ayudarlo. Y a partir de ahí me siguió pasando. Me encontraba gatos atropellados, gatos perdidos, cachorros en zarzas, animales abandonados en bolsas dentro de contenedores. No sé si es que tengo un radar especial, pero empecé a ver gatos que necesitaban ayuda por todas partes.

¿Qué tienen los gatos callejeros que los hace tan vulnerables?

Son vulnerables ante la sociedad y ante las leyes. Hay falta de conciencia, falta de información y falta de empatía. Además, seguimos teniendo la idea de que los animales tienen que servirnos para algo. Si no nos sirven, se convierten en animales de usar y tirar. Y eso ha pasado mucho con los gatos. Se les ha dejado en un lugar muy injusto: ni completamente protegidos ni realmente comprendidos.

¿Cómo nace la Plataforma Bienestar Animal Tacoronte?

Mi entonces marido estaba vinculado a movimientos vecinales y sociales del municipio. Un día me dijo que desde Tacoronte Participa iban a reunirse con alimentadoras de colonias porque había muchos problemas con los gatos. Como yo siempre estaba trayéndome gatos a casa, me dijo que quizá me interesaba ir. Fui a aquella reunión con personas que no conocía de nada. Eran alimentadoras de colonias. Yo no tenía todavía esa función; simplemente rescataba gatos cuando me los encontraba.

¿Y qué descubriste en aquella reunión?

Que hacía falta unión. Que había muchas personas ayudando, pero de forma aislada. Había que organizarse, saber cuántas personas estaban cuidando colonias, cuántos gatos había, qué problemas existían, qué necesidades eran urgentes. También vimos claramente que el ayuntamiento tenía que implicarse. Eran animales del municipio. Todavía no existía la nueva Ley de Bienestar Animal, pero ya veíamos un abandono total por parte de la administración pública. Había que hacer algo.

Hay falta de conciencia, falta de información y falta de empatía. Foto: Pexels

Por eso se llaman Plataforma Bienestar Animal Tacoronte

Sí. Yo soy cofundadora y presidenta. El nombre quedó así, como plataforma, aunque en la práctica funcionamos de manera parecida a una asociación. Lo importante era darle seriedad a todo aquello. No bastaba con alimentar gatos. Había que recopilar datos, hablar con la administración, justificar gastos, aplicar el método CER, conseguir veterinarios, atender urgencias y ordenar un problema que llevaba años desbordado.

Cuando dices “ordenar”, ¿a qué te refieres exactamente?

A tener información. Sin datos no puedes trabajar. Tú puedes saber que hay una colonia en un barrio, pero si no sabes cuántos gatos hay, quién los alimenta, cuántos están esterilizados, qué enfermedades tienen, cuántos abandonos se producen en esa zona, no puedes tomar decisiones. Desde el principio creamos nuestra propia documentación. Empezamos a registrar colonias, cuidadores, gasto mensual en pienso, enfermedades frecuentes, gatos esterilizados, abandonos. Los datos son imprescindibles.

En la protección animal se habla mucho de amor, pero tú hablas también de datos, censos y métricas

Porque sin datos no hay política pública posible. El amor solo no basta. La compasión es el motor, pero la organización es lo que permite avanzar. Hicimos un censo, un mapeo de colonias, y gracias a eso también pudimos justificar subvenciones. Ahora trabajamos con una aplicación, Meometric, y estamos incorporando toda la información. Las colonias cambian: hay gatos que fallecen, otros que desaparecen, otros que nacen, otros que aparecen abandonados. Si los datos no están actualizados, no puedes planificar capturas ni esterilizaciones.

¿Con cuántas colonias trabajáis actualmente?

Ahora mismo tenemos registradas unas 111 colonias. Están repartidas por todo Tacoronte, desde la zona de monte hasta la costa. Es muchísimo territorio. En cuanto a gatos, la cifra cambia constantemente, porque aparecen nuevas colonias o personas que llevan años cuidando gatos y contactan ahora con nosotras. En 2025 teníamos contabilizados alrededor de 800 gatos, pero la cifra puede subir. Hay años en los que trabajamos con cerca de mil animales, dependiendo del presupuesto y de las colonias registradas.

¿Cuál es tu trabajo diario?

Depende de la época y del momento, pero durante todo el año estamos pendientes de las personas que cuidan colonias. Si tienen una urgencia, si necesitan ayuda para esterilizar, si hace falta comida, si hay que atender un gato enfermo. También hacemos mucha burocracia. Muchísimo papeleo. Tenemos que conseguir medios económicos para esterilizar gatos, justificar subvenciones, coordinar veterinarios, gestionar citas, responder mensajes, organizar capturas, hablar con cuidadoras.

No bastaba con alimentar gatos. Había que recopilar datos, hablar con la administración, justificar gastos, aplicar el método CER. Foto: Pexels

¿Cuánto dinero gastan al año ayudando a los gatos?

Podemos demostrar un gasto medio de unos 30.000 euros al año. Ese dinero va a esterilizaciones, alimentación, urgencias veterinarias, hospitalizaciones, consultas, vacunas, desparasitaciones. Tenemos convenio con un hospital 24 horas y con otros veterinarios. Recibimos una subvención anual porque justificamos esos gastos, pero detrás hay muchísimo trabajo. Una subvención pública hay que justificarla muy bien.

¿El método CER es el centro de todo?

Sí. Capturar, esterilizar y retornar. Es la forma ética y eficaz de controlar las colonias felinas. Llevamos años luchando por eso. Al principio esterilizábamos como podíamos, con dinero de voluntarias, pagando nosotras mismas. Luego conseguimos que el ayuntamiento contratase a un veterinario. Y ahora hemos ganado la licitación para el método CER aquí en Tacoronte. Eso es muy importante.

¿Qué supone haber ganado esa licitación?

Supone que ahora tengo dos veterinarios para esterilizar y muchas citas disponibles, pero también un reto enorme: coordinar las capturas. Necesito que las cuidadoras de las colonias se impliquen más en ese proceso. No basta con tener veterinarios si luego no logramos capturar a los gatos a tiempo. Mi gran reto ahora mismo es aumentar el número de capturas para poder esterilizar más animales cada semana.

¿Quién sostiene realmente todo este trabajo?

El peso principal lo llevamos tres personas: yo, Saray, que es la secretaria, y Conchi, que es la tesorera. Después hay muchas alimentadoras. Si tenemos 111 colonias, puede haber alrededor de 100 personas alimentando, porque algunas cuidan varias colonias. Pero voluntariado activo, personas que puedan ayudar con capturas, traslados o urgencias, quizá son 10 o 15. Y cuando hay que actuar en una colonia cuidada por un matrimonio mayor que no puede capturar ni trasladar, ahí dependemos de que alguien se ofrezca.

El peso principal lo llevamos tres personas: yo, Saray, que es la secretaria, y Conchi, que es la tesorera. Foto: Pexels

En tu casa tienes 16 gatos y un perro. ¿Cómo se vive con esa realidad?

El perro es mío, también rescatado. Los gatos, en teoría, algunos son acogidas indefinidas de la plataforma, pero yo ya los considero todos míos. Se llevan bastante bien. No tengo grandes problemas de convivencia. Pero claro, no deja de ser una responsabilidad enorme. A veces la gente no entiende que el rescate no termina cuando recoges al animal. Ahí empieza otra parte: cuidarlo, tratarlo, alimentarlo, convivir con él, asumir que quizá nunca será adoptado.

¿También trabajas con perros?

Sí, aunque principalmente trabajamos con gatos. A veces hacemos rescates de perros, acogidas o ayudamos al ayuntamiento. Ahora mismo tenemos un perro en acogida, pero no puedo hablar mucho porque es un animal decomisado y está en vía judicial. En mi casa he tenido también cachorros de perro en acogida. Ayudamos cuando podemos, pero nuestro foco principal son los gatos comunitarios.

¿Qué ha cambiado en Tacoronte en estos años?

La conciencia ciudadana ha mejorado. Al principio teníamos muchísimos problemas con vecinos: denuncias, insultos, agresiones, conflictos. Yo misma tenía que ir a hablar con vecinos para explicar lo que hacíamos. Ahora hay menos problemas. Las cuidadoras ya no se quejan tanto de eso. Aun así, falta mucha información. Nos gustaría dar charlas, colocar carteles informativos por todo el municipio, que hubiese información clara desde la página del ayuntamiento. No llegamos a todo. Pero dentro de lo poco que podemos hacer, hemos avanzado.

¿Cuál sería para ti el escenario ideal?

Que el contrato actual y la subvención se mantuvieran en el tiempo. Que llegara un momento en que solo hubiera que vacunar y desparasitar a los gatos de las colonias porque ya no hubiera gatos por esterilizar. Ese es el objetivo del método CER: que las colonias no aumenten, que no haya abandonos, que no haya gatos extraviados, que las colonias vayan disminuyendo de forma natural. Lo ideal sería que no hubiera gatos en la calle. Que todos tuvieran una familia o, al menos, que los que viven en colonias estuvieran controlados, sanos y cuidados.

¿Te ves toda la vida haciendo este trabajo?

No. Es muy agotador. Psicológicamente es agotador. Es de lunes a lunes. Ayer, por ejemplo, salí del trabajo, llegué a casa a las seis, entregué jaulas de hospitalización y trampas, atendí urgencias de cuidadores con gatos enfermos, tuve que coordinar con el hospital hasta las once de la noche. El teléfono no para. Mensajes, llamadas, urgencias. Yo espero que llegue una nueva generación que sustituya a quienes estamos ahora, que ya pasamos de los 40. Pero sobre todo espero que no haya necesidad de hacer este trabajo como lo hacemos ahora.

Siempre aparece otro gato, otra colonia, otra urgencia, otra persona que llama porque ha encontrado un cachorro, otro animal enfermo. Foto: FB

¿Qué quieres decir con eso?

Que las personas que nos releven puedan dedicarse simplemente a cuidar. Que no tengan que luchar contra el maltrato, contra el abandono institucional, contra el abandono en la calle. Que no tengan que recoger animales tirados en contenedores o atropellados en una cuneta. Que su trabajo sea más fácil. Cuidar a los que ya están bien y evitar que haya más sufrimiento.

Hay una parte muy dura en todo esto: la sensación de que nunca se acaba

Sí. Nunca se acaba. Siempre aparece otro gato, otra colonia, otra urgencia, otra persona que llama porque ha encontrado un cachorro, otro animal enfermo. Y además está la burocracia, la gestión, la coordinación, la falta de recursos. Por eso es tan importante que las administraciones entiendan que esto no puede descansar solo sobre voluntarias. Las voluntarias no pueden sostener indefinidamente un problema que es de todos.

¿Qué te gustaría que entendiera alguien que ve un gato en la calle y mira hacia otro lado?

Que es un ser sintiente. Que cuando vea un gato abandonado, mojado, enfermo, con mal aspecto, y le dé asco o miedo acercarse, piense que podría ser su gato. No es un gato salvaje. Es un gato doméstico que no tiene quien lo cuide y necesita ayuda. Hace falta compasión. Y hace falta no tener miedo de ayudar.

Mucha gente piensa: “Si lo ayudo, el problema pasa a ser mío”

Sí. Y yo diría: “Bueno, pues hazlo”. Da el paso. Es bonito. Vas a dormir muy bien cada noche. Ayudar no siempre es fácil, pero cambia algo dentro de ti. No hace falta salvar a todos los animales del mundo. Pero sí puedes ayudar al que tienes delante.

David Escamilla

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