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Iñaki Gabilondo, periodista, 83 años: “Lo que más me angustia de morirme es separarme de mi mujer”

Iñaki Gabilondo, periodista, 83 años: “Lo que más me angustia de morirme es separarme de mi mujer”

En una conversación con 'El sentido de la birra', el periodista repasa los momentos que marcaron su vida y comparte las reflexiones que hoy guían su manera de entenderla.

Durante más de medio siglo, Iñaki Gabilondo ha sido una de las voces más reconocibles y respetadas del periodismo español. Su trayectoria al frente de algunos de los principales informativos de radio y televisión lo ha convertido en un referente para varias generaciones de periodistas y en un observador privilegiado de los grandes cambios políticos, sociales y mediáticos que ha vivido el país.

Director y presentador de Hoy por Hoy durante casi dos décadas, Gabilondo ha reflexionado sobre la evolución de la política, la sociedad y los medios de comunicación en una entrevista concedida al pódcast El sentido de la birra, donde también repasa algunos de los episodios que han marcado su vida personal y profesional.

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Iñaki Gabilondo sobre la muerte

El mundo en una radio

Gabilondo recuerda que su infancia transcurrió durante los primeros años del franquismo, en una época en la que la radio ocupaba un lugar central en la vida cotidiana. Para él, aquel aparato representaba mucho más que una fuente de entretenimiento: era la única conexión con el exterior. ”La radio era la música. Porque la radio, para quienes nacieron cuando yo nací, a finales de los años 40, era todo. No había televisión, por supuesto. La tele apareció en mi vida cuando yo estaba en la universidad. Entonces, la radio era todo. Y la radio era el exterior, el mundo exterior.” Así recuerda una infancia marcada por un medio que, mucho antes de convertirse en su profesión, ya había despertado su curiosidad por todo lo que ocurría fuera de casa.

Una vocación frustrada

Aunque finalmente orientó su carrera hacia el periodismo, el periodista reconoce que durante su infancia la música ocupó un lugar muy importante en su vida. Recuerda que destacaba especialmente por sus aptitudes para el solfeo y que llegó a plantearse dedicarse profesionalmente a ella. “Tenía un don grande para el solfeo, sacaba unas notas extraordinarias, saqué matrículas siempre, tenía una capacidad de lectura a primera vista de partituras bastante llamativa, siendo un niño pequeño.”

Sin embargo, aquel camino nunca llegó a materializarse, una decisión que todavía hoy lamenta. Gabilondo admite que no haber podido desarrollar una carrera vinculada a la música es una de las grandes asignaturas pendientes de su vida. “La gran nostalgia y la gran tristeza que tengo de no haber podido desarrollar una actividad profesional o vital con la música.”

Ese vínculo emocional con la música permanece intacto pese al paso de los años. De hecho, confiesa que, si pudiera empezar de nuevo, elegiría un destino muy diferente. “En mi siguiente reencarnación me gustaría ser músico.” Una confesión que refleja hasta qué punto la música sigue ocupando un lugar especial entre las grandes pasiones de su vida.

El valor del tiempo

Tras décadas dedicadas a contar la actualidad, Gabilondo dirige ahora la atención a aquello que el tiempo le ha enseñado: el valor de los afectos, la presencia de Lola en su vida y la serenidad con la que contempla el paso de los años y la muerte.

A sus 83 años, el peridista asegura que una de las ideas que más ha condicionado su forma de entender la vida ha sido la conciencia de que el tiempo es limitado. Explica que no se trata de una reflexión reciente, sino de una convicción que le ha acompañado desde joven.

“Cuando ya tienes una edad, ya tienes el piso pagado, ya los hijos son mayores, ya no tienes... ya tienes los reconocimientos que has podido tener... ¿qué motor puede tener? Descubres hasta qué punto toda tu vida se está actuando hasta haciendo aquello que decías que te gustaba, pero asistido por un montón de elementos que te empujaban.”

Insiste en que el gran aprendizaje consiste en recordar constantemente que el tiempo es un recurso finito y que la conciencia conciencia ha cambiado por completo su forma de disfrutar de la vida. “Yo sé que hay un número limitado de botellas de vino que voy a beber, un número limitado de veces que voy a hacer el amor, un número limitado de veces que voy a ir a París. Eso yo tengo conciencia de que la vida vas consumiéndola.”

Esa certeza, lejos de generarle angustia, le ha llevado a valorar mucho más cada experiencia cotidiana: “¿Cómo puede la gente disfrutar si no se acuerda de eso? Mi manera de disfrutar de la vida, y creo que he sido bastante disfrutador, ha estado bastante conectada con la circunstancia de que yo valoraba la casualidad, que no sabía cuánto iba a durar”, comentaba. Una forma de entender la existencia que resume buena parte de la filosofía que ha ido construyendo con el paso de los años.

La muerte

Gabilondo habla de la muerte con una serenidad poco habitual. Explica que nunca le ha provocado una angustia especial porque siempre la ha entendido como una parte natural de la existencia. “He tenido siempre bastante clara la realidad de nuestro paso en viaje, tránsito, desgaste. Y me ha acompañado, no digo produciéndome ninguna satisfacción, pero iluminando mi vida.” Para él, asumir ese final inevitable nunca ha significado vivir con miedo, sino con una mayor conciencia del valor del presente.

El momento más emotivo de la conversación llega cuando habla de su esposa, Lola. Confiesa que lo único que realmente le duele de la muerte es la idea de separarse de ella. “Lo que más me angustia de morirme es separarme de Lola. Estoy muy felizmente casado. Es una suerte increíble. Y no te digo a estas edades. Es un regalo.”, relataba. Una confesión que deja entrever que, más que el final de la vida, lo que verdaderamente le preocupa es el final de la vida compartida.

Aprender a estar solo

Aunque insiste en que disfruta plenamente de su vida en pareja, explica que nunca ha tenido miedo de quedarse solo porque siempre ha cultivado una intensa vida interior.”Yo sé estar muy bien solo. Estoy muy felizmente emparejado, soy un hombre muy felizmente emparejado. Es una suerte increíble.”

Atribuye esa capacidad a la lectura, la música y la reflexión. “Sé estar solo porque he tenido la suerte de tener esa vida interior. Yo soy capaz de disfrutar muchísimo leyendo, pensando, oyendo música, pasando solo.” Y admite que siente una enorme compasión por quienes no tienen esa capacidad.

“Muchas veces pienso: la gente que no tenga esa posibilidad, o sea, que no sea capaz de disfrutar leyendo, que no sea capaz de disfrutar oyendo música, que no sea capaz de disfrutar pensando, o paseando, o mirando... debe ser un horror.”

Una filosofía de vida

Después de recorrer algunos de los momentos que han marcado su vida, Gabilondo dirige la mirada hacia las nuevas generaciones. Considera que nadie les prepara realmente para afrontar las dificultades inevitables. “La vida es como iniciar un paseo por el bosque. Vas a iniciar un paseo por el bosque, ya te comunicamos que acaba mal. Pero el recorrido inevitablemente va a incluir momentos de exaltación, de una belleza que te va a volver loco; vas a sentir miedo; en algún momento vas a sufrir un mal... Todo eso forma parte de la normalidad de la aventura.” Con esa metáfora resume cómo cree que deberían prepararse las nuevas generaciones para afrontar la vida.

Y concluye con una idea que resume toda su filosofía vital: “Hay que vivir con la mayor dignidad tu vida. Darle a cada minuto su sentido, a tu trabajo su sentido, hacerlo bien y ser responsable, sin que se te olvide ni un poquito qué es esto”, terminaba diciendo.

La conversación termina donde empiezan las cuestiones verdaderamente importantes. Después de una vida dedicada a explicar el mundo, Gabilondo dirige la mirada hacia lo esencial: el valor de los afectos, el placer de las pequeñas cosas y la conciencia de que el tiempo, precisamente porque es limitado, da sentido a todo lo demás.

Christian Jiménez

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