Una nueva investigación sugiere que nuestra galaxia no siempre tuvo la orientación que tiene hoy. Según un estudio presentado por astrónomos de la Universidad de Durham, la Vía Láctea pudo haber experimentado un "giro de disco" dramático durante su evolución, cambiando su orientación más de 90 grados respecto de su posición original.
El trabajo fue presentado por el doctorando Kirill Batrakov en la Reunión Nacional de Astronomía de la Royal Astronomical Society, celebrada en Birmingham, Reino Unido, según detalló la institución en un comunicado.
La investigación se apoya en simulaciones computacionales de alta potencia que modelaron el comportamiento de 25 galaxias similares a la Vía Láctea.
El equipo del Departamento de Física de Durham detectó un patrón claro en esas simulaciones: las galaxias cuyos halos estelares rotan con mayor lentitud tienen más probabilidades de haber experimentado un giro de disco importante.
El centro galáctico de la Vía Láctea, captado por el Telescopio Espacial Spitzer en 2006. Foto ilustrativa: NASA/JPL-Caltech/S. Stolovy vía The New York Times.
Ese patrón, aplicado a nuestra galaxia, resulta significativo, porque ya se sabía que el halo estelar de la Vía Láctea rota de forma extremadamente lenta, aunque hasta ahora no había una explicación satisfactoria para ese comportamiento.
Qué encontraron las simulaciones y por qué importa
Las 25 galaxias analizadas revelaron que los halos de rotación más lenta comparten dos características: una colisión frontal de gran escala con otra galaxia y un giro de disco posterior.
La Vía Láctea cumple el primero de esos criterios de forma documentada: hace entre 10.000 y 11.000 millones de años colisionó con la galaxia enana conocida como Gaia-Sausage-Enceladus, un impacto de tipo frontal que dejó huellas en la composición del halo estelar actual.
Dado que también se verifica la rotación extremadamente lenta del halo, los investigadores concluyeron que el segundo criterio, el giro de disco, probablemente también ocurrió. En otras palabras, la orientación del disco plano en el que se concentra la mayoría de las estrellas de nuestra galaxia habría cambiado radicalmente en algún momento de su historia antigua.
Las consecuencias de ese proceso alcanzan a casi todo lo que hoy conocemos de la galaxia. Si el disco cambió su orientación, las trayectorias de la mayoría de las estrellas eran completamente distintas a las actuales.
La clave: el halo estelar rota muy lento, patrón ligado a una colisión con la galaxia Gaia-Sausage-Enceladus. Foto ilustrativa: Xinhua/Qu Yubao.
"Un giro de disco implica que la mayoría de las estrellas de la Vía Láctea se movían antes en trayectorias muy diferentes a las de hoy, posiblemente incluso nuestro propio Sol, lo que significa que nuestro 'lugar estable' en la galaxia podría no haber sido tan estable durante toda la vida del Sistema Solar", señaló Batrakov.
La mención al Sol no es menor. La estrella alrededor de la cual orbita la Tierra es una más entre los cientos de miles de millones de estrellas que integran el disco galáctico. Si ese disco se reorientó, la trayectoria del Sol dentro de la galaxia también habría sido distinta durante una parte importante de la historia del Sistema Solar.
El halo estelar que rodea el disco de la Vía Láctea está compuesto principalmente por estrellas provenientes de galaxias más pequeñas que fueron absorbidas a lo largo de miles de millones de años. Es, en ese sentido, un registro fósil de las fusiones pasadas. Que rote tan lentamente es, según esta investigación, una consecuencia directa de la violenta colisión con Gaia-Sausage-Enceladus y del giro de disco que le siguió.
Todavia no hay comentarios aprobados.