La compra en supermercados masivos suele ser impersonal: pagas el gramo exacto en una bandeja plastificada, sin que nadie te mire a los ojos.
Vicente Sánchez opera de forma inversa con su imponente camión de frutos secos y repostería artesana, ofreciendo un trato personal.
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Del autoservicio al trato cara a cara: el modelo que desafía a los supermercados
“Yo soy de vender, no de despachar”, sentencia en Pausa y Plato. Su estrategia: al llenar el recipiente, añade un puñado extra por cortesía.
“Te entra un poco más”, dice con una sonrisa. Foto: FB/puestodevicente.frutossecos.aperitivos.dulces
“Te entra un poco más”, dice con una sonrisa. Este gesto generoso le ha valido el apodo de “manona”, demostrando que la empatía genera beneficios.
La humedad cantábrica, a menudo superior al 80%, es un reto. Para evitar que el producto “se quede blando”, usa bolsas de polipropileno.
Su mejor consejo es: “Llevad lo que vayáis a consumir”. Sabe que el consumidor norteño exige volumen, como la nuez de calibre 36, siempre “gorda”.
“Cuando me piden un higo, lo primero que hago es: toma un higo, pruébalo”, dice, convencido de que el paladar es el mejor argumento de venta.
Sus pinchos artesanales, como las “gildas” a 1,50€ (frente a 3,50€ en locales de moda), y su repostería colosal, “como un neumático”, son muy populares.
Este despliegue analógico, con sobaos con 26% de mantequilla y certificación IGP, es una barrera competitiva ante lo impersonal y ultraprocesado.
Su mejor consejo es: “Llevad lo que vayáis a consumir”. Foto: FB/puestodevicente.frutossecos.aperitivos.dulces
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